A Tus Órdenes · Neville Goddard · 1939 · Parte 2
La verdadera forma de decretar desde la conciencia.
Esta es la Parte 2 del libro A Tus Órdenes (1939).
Si llegas por primera vez a este libro, puedes comenzar por el índice general, donde encontrarás la introducción y las partes publicadas hasta ahora.
A partir de ahora, los textos se publicarán tres veces por semana, para una lectura más continua.
Parte 2
En la conciencia de ser, todas las cosas son posibles. Él dijo:
«Decretarás una cosa, y te será concedida».
Este es su decreto: elevarse en conciencia hasta la naturalidad de ser aquello que se desea. Como él mismo lo expresó:
«Y yo, si fuere levantado, atraeré a todos hacia mí».
Si me elevo en conciencia hasta la naturalidad de ser la cosa deseada, atraeré hacia mí la manifestación de ese deseo. Pues declara:
«Nadie viene a mí si el Padre que está dentro de mí no lo atrae; y yo y mi Padre somos uno».
Por lo tanto, la conciencia es el Padre que está atrayendo hacia ti las manifestaciones de la vida.
En este mismo instante, estás atrayendo a tu mundo aquello de lo cual ahora eres consciente de ser. Ahora puedes comprender lo que se quiere decir con:
«Debes nacer de nuevo».
Si estás insatisfecho con tu expresión presente en la vida, la única manera de cambiarla es retirar tu atención de aquello que te parece tan real y elevarte en conciencia a aquello que deseas ser. No puedes servir a dos amos; por lo tanto, retirar tu atención de un estado de conciencia y colocarla en otro es morir a uno y vivir al otro.
La pregunta: «¿Quién dices que YO SOY?» no está dirigida por uno llamado «Jesús» a un hombre llamado «Pedro». Esta es la pregunta eterna que el ser verdadero se dirige a sí mismo. En otras palabras: «¿Quién dices que eres?». Pues tu convicción acerca de ti mismo, tu concepto de ti mismo, determina tu expresión en la vida.
Él declara:
«Creéis en Dios; creed también en mí».
En otras palabras, es el yo dentro de ti el que es este Dios. Orar, entonces, se entiende como reconocerte a ti mismo como aquello que ahora deseas ser, en lugar de adoptar la forma de suplicar a un Dios que no existe por aquello que ahora deseas.
¿No puedes ver ahora por qué millones de oraciones quedan sin respuesta? Los hombres oran a un Dios que no existe. Por ejemplo: ser consciente de ser pobre y orar a un Dios por riquezas es ser recompensado con aquello de lo cual se es consciente, que es la pobreza. Para que la oración sea eficaz, debe ser una reclamación y no una súplica; por lo tanto, si has de orar por riquezas, aparta tu atención de la imagen de pobreza, negando incluso la evidencia de tus sentidos, y asume la naturaleza de ser rico.
Se nos dice:
«Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público».
Hemos identificado al «Padre» como la conciencia de ser. También hemos identificado la «puerta» como la conciencia de ser. Así, «cerrar la puerta» es cerrar aquello de lo cual «YO» soy ahora consciente de ser y reclamarme a mí mismo como aquello que «YO» deseo ser. En el mismo instante en que mi reclamación se establece hasta el punto de la convicción, en ese instante comienzo a atraer hacia mí la evidencia de mi reclamación.
No cuestiones el cómo de la aparición de estas cosas, pues ningún hombre conoce ese camino. Es decir, ninguna manifestación sabe cómo aparecerán las cosas deseadas.
La conciencia es el camino o la puerta por la cual las cosas aparecen. Él dijo: «YO SOY el camino», no «yo, Juan Pérez, soy el camino», sino «YO SOY», la conciencia de ser, es el camino por el cual la cosa ha de venir. Las señales siempre siguen, nunca preceden. Las cosas no tienen realidad alguna fuera de la conciencia. Por lo tanto, obtén primero la conciencia y la cosa se verá obligada a aparecer.
Se nos dice:
«Buscad primeramente el reino de los cielos, y todas estas cosas os serán añadidas».
Primero adquiere la conciencia de aquello que buscas, y deja las cosas en paz. Esto es lo que significa:
«Decretarás una cosa, y te será concedida».
Aplica este principio y sabrás lo que significa «probadme ahora en esto, y ved». La historia de María es la historia de todo hombre. María no fue una mujer que diera a luz, de manera milagrosa, a uno llamado «Jesús». María es la conciencia de ser, que permanece siempre virgen, sin importar cuántos deseos dé a luz. Ahora mismo, mírate a ti mismo como esta virgen María, siendo fecundado por ti mismo a través del medio del deseo, haciéndote uno con tu deseo hasta el punto de encarnarlo o dar a luz tu deseo.
Por ejemplo: se dice de María (quien ahora sabes que eres tú mismo) que no conoció varón; sin embargo, concibió. Es decir, tú, Juan Pérez, no tienes razón alguna para creer que aquello que ahora deseas sea posible; pero al haber descubierto que tu conciencia de ser es Dios, haces de esta conciencia tu esposo y concibes un hijo varón (manifestación) del Señor, «porque tu Hacedor es tu esposo; el Señor de los ejércitos es su nombre; el Dios de toda la tierra será llamado».
Tu ideal o ambición es esta concepción. El primer mandato que se le da a ella, que ahora se te da a ti, es:
«Ve, y no lo digas a nadie».
Es decir, no hables de tus ambiciones o deseos con otro, pues el otro no hará sino reflejar tus temores presentes. El secreto es la primera ley que debe observarse para realizar tu deseo.
El segundo, como se nos dice en la historia de María, es:
«Magnificar al Señor»
Hemos identificado al Señor como tu conciencia de ser. Por lo tanto, «magnificar al Señor» es revalorar o expandir la concepción presente que uno tiene de sí mismo hasta el punto en que esa revaloración se vuelve natural. Cuando se alcanza esta naturalidad, das a luz al convertirte en aquello con lo que ya eres uno en la conciencia.
La historia de la creación se nos da en forma condensada en el primer capítulo de Juan:
«En el principio era el Verbo».
Ahora bien, este mismo instante es el «principio» del que se habla. Es el comienzo de un impulso, un deseo. El Verbo es el deseo que se mueve dentro de tu conciencia, buscando encarnación. El impulso, por sí mismo, no tiene realidad, pues «YO SOY», o la conciencia de ser, es la única realidad. Las cosas viven únicamente mientras YO SOY consciente de serlas; así que, para realizar el deseo, debe aplicarse la segunda línea de este primer versículo de Juan:
«Y el Verbo estaba con Dios».
El Verbo, o el deseo, debe quedar fijado o unido a la conciencia para darle realidad. La conciencia se vuelve consciente de ser la cosa deseada, clavándose así en la forma o concepción, y dando vida a su concepción, o resucitando aquello que hasta entonces era un deseo muerto o no cumplido.
«Dos se pondrán de acuerdo acerca de cualquier cosa, y les será establecido en la tierra».
Este acuerdo nunca se establece entre dos personas. Se da entre la conciencia y la cosa deseada. Tú eres ahora consciente de ser, de modo que en realidad te estás diciendo a ti mismo, sin usar palabras:
«YO SOY».
Ahora bien, si es un estado de salud lo que deseas alcanzar, antes de tener cualquier evidencia de salud en tu mundo, comienzas a SENTIRTE sano. Y en el mismo instante en que se alcanza el sentimiento «YO SOY saludable», los dos han llegado a un acuerdo. Es decir, YO SOY y la salud han acordado ser uno; y este acuerdo siempre da como resultado el nacimiento de un hijo, que es la cosa acordada, en este caso, la salud. Y porque yo hice el acuerdo, expreso la cosa acordada.
Así puedes ver por qué Moisés declaró:
«YO SOY me ha enviado».
Pues ¿qué ser, aparte de YO SOY, podría enviarte a la expresión? Ninguno, porque «YO SOY el camino; fuera de mí no hay otro». Si tomas las alas de la aurora y vuelas hasta los confines del mundo, o si haces tu lecho en el infierno, seguirás siendo consciente de ser. Siempre eres enviado a la expresión por tu conciencia, y tu expresión es siempre aquello de lo cual eres consciente de ser.
Sobre el ritmo de publicación
Hasta ahora, los artículos del blog se publicaban dos veces por semana.
A partir de esta etapa, los libros pasarán a publicarse tres veces por semana, los lunes, miércoles y viernes, con el fin de mantener un ritmo de lectura más continuo, especialmente en los capítulos más breves.
Este ajuste nos permite avanzar sin perder el hilo del texto.
✧ Fuente: Cool Wisdom Books
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora.
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