A Tus Órdenes · Neville Goddard · 1939 · Parte 4
Fe, gratitud y creación consciente.
Esta es la Parte 4 del libro A Tus Órdenes (1939).
Si llegas por primera vez a este libro, puedes comenzar por el índice general, donde encontrarás la introducción y las partes publicadas hasta ahora.
Parte 4
Se nos dice:
«Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada y sacudida por el viento. Y no piense tal persona que recibirá cosa alguna del Señor».
Puedes ver por qué se hace esta afirmación, pues solo sobre la roca de la fe puede establecerse algo. Si no tienes la conciencia de la cosa, no tienes la causa ni el fundamento sobre el cual esa cosa es edificada.
Una prueba de esta conciencia ya establecida se te da en las palabras:
«Gracias, Padre».
Cuando entras en el gozo de la acción de gracias, hasta el punto de sentirte verdaderamente agradecido por haber recibido aquello que aún no es evidente para los sentidos, definitivamente te has hecho uno en conciencia con aquello por lo cual diste gracias.
Dios, tu conciencia, no puede ser burlado. Siempre estás recibiendo aquello de lo cual eres consciente de ser, y nadie da gracias por algo que no ha recibido.
«Gracias, Padre» no es, como muchos lo usan hoy, una especie de fórmula mágica. Nunca necesitas pronunciar en voz alta las palabras: «Gracias, Padre».
Al aplicar este principio, a medida que te elevas en conciencia hasta el punto de sentirte verdaderamente agradecido y feliz por haber recibido la cosa deseada, de manera natural te regocijas y das gracias interiormente. Ya has aceptado el don que antes no era más que un deseo, y tu fe es ahora la sustancia que habrá de vestir tu deseo.
Este elevarse en conciencia es el matrimonio espiritual, donde dos acuerdan ser uno, y su semejanza o imagen queda establecida en la tierra.
«Porque todo lo que pidáis en mi nombre, eso os daré».
«Todo» es una medida bastante amplia. Es lo incondicional. No se afirma si la sociedad considera correcto o incorrecto que lo pidas; eso queda en tus manos.
¿Lo deseas realmente? ¿Lo anhelas? Eso es todo lo que se requiere. La vida te lo dará si pides en su nombre.
Su nombre no es un nombre que se pronuncie con los labios. Puedes pedir eternamente en el nombre de Dios, o de Jehová, o de Cristo Jesús, y pedirás en vano. «Nombre» significa naturaleza; así que, cuando pides en la naturaleza de una cosa, los resultados siempre siguen. Pedir en el nombre es elevarse en conciencia y hacerse uno en naturaleza con la cosa deseada. Eleva tu conciencia a la naturaleza de la cosa, y te convertirás en esa cosa en la expresión.
Por lo tanto:
«Todo lo que deseéis, cuando oréis, creed que lo recibís, y os será concedido».
Orar, como ya te hemos mostrado antes, es reconocimiento; la exhortación a creer que lo recibes está en primera persona y en tiempo presente. Esto significa que debes estar en la naturaleza de aquello que pides antes de poder recibirlo.
Para entrar con facilidad en esa naturaleza, es necesaria una amnistía general. Se nos dice:
«Perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone. Porque si no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará».
Esto puede parecer la acción de un Dios personal que se complace o se disgusta según tus actos, pero no es ese el caso.
La conciencia, siendo Dios, si mantienes en conciencia algo contra otro hombre, estás fijando esa condición en tu mundo. Pero liberar al hombre de toda condena es liberarte a ti mismo, para que puedas elevarte a cualquier nivel que sea necesario; por lo tanto, no hay condenación para los que están en Cristo Jesús.
Por eso, una práctica muy adecuada antes de entrar en tu meditación es liberar primero a todo hombre en el mundo de toda culpa. Pues la LEY nunca se viola, y puedes descansar con plena confianza en el conocimiento de que la concepción que cada hombre tiene de sí mismo será su recompensa. Así que no necesitas preocuparte por ver si el hombre recibe o no lo que tú consideras que debería recibir. Pues la vida no comete errores y siempre da al hombre aquello que el hombre primero se da a sí mismo.
Esto nos lleva a esa afirmación tan abusada de la Biblia sobre el diezmo. Maestros de todo tipo han esclavizado al hombre con este asunto del diezmo, pues, al no comprender ellos mismos la naturaleza del diezmo y al estar dominados por el temor a la carencia, han llevado a sus seguidores a creer que una décima parte de sus ingresos debe ser dada al Señor.
Entendiendo, como dejan muy claro, que cuando uno da una décima parte de sus ingresos a su organización particular, está dando su «décima parte» al Señor, es decir, está diezmando. Pero recuerda:
«YO SOY el Señor».
Tu conciencia de ser es el Dios al que das, y siempre das de esta manera.
Por lo tanto, cuando te reclamas a ti mismo como algo, has entregado esa reclamación o cualidad a Dios. Y tu conciencia de ser, que no hace acepción de personas, te la devolverá colmada, bien medida y desbordante, con esa misma cualidad o atributo que reclamas para ti.
La conciencia de ser no es algo que pueda nombrarse jamás. Afirmar que Dios es rico, que es grande, que es amor, que es todo sabiduría, es intentar definir aquello que no puede ser definido. Pues Dios no es algo que pueda ser nombrado.
El diezmo es necesario, y tú sí diezmas con Dios. Pero de ahora en adelante, da al único Dios, y asegúrate de darle la cualidad que deseas, como hombre, expresar, reclamándote a ti mismo como grande, próspero, amoroso y sabio en todo.
No especules acerca de cómo habrás de expresar estas cualidades o reclamaciones, pues la vida tiene caminos que tú, como hombre, no conoces. Sus caminos son inescrutables. Pero te aseguro que el día en que reclames estas cualidades hasta el punto de la convicción, tus reclamaciones serán honradas.
No hay nada cubierto que no haya de ser descubierto. Aquello que se habla en secreto será proclamado desde los tejados. Es decir, tus convicciones secretas acerca de ti mismo, esas reclamaciones íntimas que ningún hombre conoce, cuando son realmente creídas, serán proclamadas abiertamente desde los tejados de tu mundo.
Pues tus convicciones acerca de ti mismo son las palabras del Dios que está dentro de ti, palabras que son espíritu y que no pueden volver a ti vacías, sino que deben cumplir aquello para lo cual fueron enviadas.
En este mismo instante estás llamando, desde lo infinito, aquello de lo cual ahora eres consciente de ser. Y ni una sola palabra ni una sola convicción dejará de encontrarte.
✧ Fuente: Cool Wisdom Books
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora.
Archivo Neville Goddard en español.
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