A Tus Órdenes · Neville Goddard · 1939 · Parte 5
La vid, los sarmientos y el poder de la atención.
Esta es la Parte 5 del libro A Tus Órdenes (1939).
Si llegas por primera vez a este libro, puedes comenzar por el índice general, donde encontrarás la introducción y las partes publicadas hasta ahora.
Parte 5
«YO SOY la vid, y vosotros los sarmientos».
La conciencia es la vid, y aquellas cualidades de las que ahora eres consciente de ser son como los sarmientos que alimentas y mantienes vivos. Así como el sarmiento no tiene vida por sí mismo si no está unido a la vid, del mismo modo las cosas no tienen vida si tú no eres consciente de ellas. Y así como el sarmiento se marchita y muere cuando la savia de la vid deja de fluir hacia él, del mismo modo las cosas en tu mundo desaparecen cuando retiras tu atención de ellas, porque tu atención es como la savia de la vida que mantiene vivas y sostiene las cosas de tu mundo.
Para disolver un problema que ahora te parece tan real, todo lo que debes hacer es retirar tu atención de él. A pesar de su aparente realidad, aléjate de él en conciencia. Vuélvete indiferente y comienza a sentirte ser aquello que sería la solución del problema.
Por ejemplo, si estuvieras encarcelado, nadie tendría que decirte que deberías desear la libertad.
La libertad, o más bien el deseo de libertad, surgiría de manera automática. Entonces, ¿por qué mirar detrás de los cuatro muros de las rejas de tu prisión? Retira tu atención de estar encarcelado y comienza a sentirte libre. Siéntelo hasta el punto en que sea natural; en el mismo instante en que lo hagas, esas rejas de prisión se disolverán. Aplica este mismo principio a cualquier problema.
He visto a personas que estaban endeudadas hasta el cuello aplicar este principio y, en un abrir y cerrar de ojos, deudas que parecían montañosas fueron eliminadas. He visto a quienes los médicos habían dado por incurables retirar su atención del problema de la enfermedad y comenzar a sentirse sanos, a pesar de la evidencia contraria de los sentidos. En muy poco tiempo, esa llamada «enfermedad incurable» desapareció sin dejar rastro alguno.
Tu respuesta a «¿Quién dices que YO SOY?» determina siempre tu expresión. Mientras seas consciente de estar encarcelado, o enfermo, o pobre, seguirás exteriorizando o expresando esas condiciones.
Cuando el hombre se da cuenta de que ya es aquello que está buscando y comienza a reclamar que lo es, tendrá la prueba de su reclamación. Esta clave se te da en las palabras:
«¿A quién buscáis?» Y ellos respondieron: «A Jesús». Y la voz dijo: «YO SOY ÉL».
«Jesús» aquí significa salvación o salvador. Tú estás buscando ser salvado de aquello que en realidad no es tu problema.
«YO SOY» es aquel que te salvará. Si tienes hambre, tu salvador es el alimento. Si eres pobre, tu salvador son las riquezas. Si estás encarcelado, tu salvador es la libertad. Si estás enfermo, no será un hombre llamado Jesús quien te salvará, sino que la salud se convertirá en tu salvador. Por lo tanto, reclama «YO SOY ÉL»; en otras palabras, reclámate a ti mismo como la cosa deseada. Reclámalo en conciencia, no con palabras, y la conciencia te recompensará con tu reclamación.
Se te dice:
«Me hallaréis cuando me busquéis palpando».
Pues bien, palpa esa cualidad en conciencia hasta que te sientas serla. Cuando te pierdas en el sentimiento de serla, esa cualidad tomará forma en tu mundo.
Eres sanado de tu problema cuando tocas la solución del mismo.
«¿Quién me ha tocado? Porque he percibido que virtud ha salido de mí».
Sí, el día en que tocas este ser dentro de ti, sintiéndote curado o sanado, virtudes saldrán de tu propio ser y se solidificarán en tu mundo como sanaciones.
Se dice: «Creéis en Dios; creed también en mí, porque YO SOY ÉL». Ten la fe de Dios. «Él se hizo uno con Dios y no consideró usurpación hacer las obras de Dios». Ve tú y haz lo mismo. Sí, comienza a creer que tu conciencia, tu conciencia de ser, es Dios. Reclama para ti mismo todos los atributos que hasta ahora has atribuido a un Dios externo, y comenzarás a expresar esas reclamaciones.
«Porque no soy un Dios lejano. Estoy más cerca que tus manos y tus pies, más cerca que tu propia respiración».
Yo soy tu conciencia de ser. Yo soy aquello en lo que todo aquello de lo que alguna vez sea consciente de ser comienza y termina.
«Porque antes que el mundo fuese, YO SOY; y cuando el mundo deje de ser, YO SOY; antes que Abraham fuese, YO SOY».
Este YO SOY es tu conciencia.
«Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican».
El Señor, siendo tu conciencia, significa que, a menos que aquello que buscas sea primero establecido en tu conciencia, trabajarás en vano para encontrarlo. Todas las cosas deben comenzar y terminar en la conciencia.
Así pues, verdaderamente bendito es el hombre que confía en sí mismo, porque la fe del hombre en Dios siempre será medida por la confianza que tenga en sí mismo. Crees en un Dios; cree también en MÍ.
No pongas tu confianza en los hombres, pues los hombres no hacen sino reflejar el ser que tú eres, y solo pueden traerte o hacerte aquello que tú primero te has hecho a ti mismo.
«Nadie me quita la vida; yo la entrego por mí mismo».
Tengo poder para entregarla y tengo poder para volver a tomarla.
No importa lo que le ocurra al hombre en este mundo: nunca es un accidente. Todo sucede bajo la guía de una Ley exacta e inmutable.
«Nadie» (manifestación) «viene a mí si el Padre que está dentro de mí no lo atrae», y «yo y mi Padre somos uno». Cree esta verdad y serás libre. El hombre siempre ha culpado a otros por aquello que es, y continuará haciéndolo hasta que se descubra a sí mismo como la causa de todo. «YO SOY» no viene a destruir, sino a cumplir. «YO SOY», la conciencia que está dentro de ti, no destruye nada, sino que siempre colma los moldes o concepciones que uno tiene de sí mismo.
Es imposible que el hombre pobre encuentre riqueza en este mundo, por mucho que esté rodeado de ella, hasta que primero se reclame a sí mismo como rico. Pues las señales siguen, no preceden. Patear y quejarse constantemente contra las limitaciones de la pobreza mientras se permanece pobre en conciencia es jugar al juego del necio. Los cambios no pueden producirse desde ese nivel de conciencia, porque la vida está continuamente exteriorizando todos los niveles.
Sigue el ejemplo del hijo pródigo. Reconoce que tú mismo has provocado esta condición de derroche y carencia, y toma la decisión dentro de ti de elevarte a un nivel más alto, donde el becerro cebado, el anillo y la túnica esperan tu reclamación.
✧ Fuente: Cool Wisdom Books
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora.
Archivo Neville Goddard en español.
📖 Archivo completo de libros y conferencias traducidas.




