A Tus Órdenes · Neville Goddard · 1939 · Parte 6
El mundo responde a lo que reconoces ser
Esta es la Parte final del libro A Tus Órdenes (1939).
Si llegas por primera vez a este libro, puedes comenzar por el índice general, donde encontrarás la introducción y las partes publicadas hasta ahora.
Parte 6
No hubo condenación para el hijo pródigo cuando tuvo el valor de reclamar esta herencia como suya.
Los demás nos condenarán solo mientras continuemos en aquello por lo cual nos condenamos a nosotros mismos. Así pues:
«Bienaventurado el hombre que no se condena a sí mismo en aquello que aprueba».
Porque para la vida nada es condenado. Todo es expresado.
A la vida no le importa si te llamas a ti mismo rico o pobre, fuerte o débil. Ella te recompensará eternamente con aquello que reclames como verdadero de ti mismo.
Las medidas de lo correcto y lo incorrecto pertenecen únicamente al hombre. Para la vida no existe nada correcto ni incorrecto. Como afirmó Pablo en su carta a los Romanos:
«Yo sé y estoy persuadido por el Señor Jesús que nada es inmundo en sí mismo; pero para aquel que estima algo como inmundo, para él lo es».
Deja de preguntarte si eres digno o indigno de recibir aquello que deseas. Tú, como hombre, no creaste el deseo. Tus deseos se forman dentro de ti según lo que ahora te reclamas ser.
Cuando un hombre tiene hambre, sin pensarlo, desea automáticamente alimento. Cuando está encarcelado, desea automáticamente la libertad, y así sucesivamente. Tus deseos contienen en sí mismos el plan de su propia expresión.
Así pues, deja fuera de escena todo juicio y elévate en conciencia hasta el nivel de tu deseo, y hazte uno con él reclamándolo como verdadero ahora. Porque:
«Mi gracia es suficiente para ti, pues mi poder se perfecciona en la debilidad».
Ten fe en esta reclamación invisible hasta que nazca dentro de ti la convicción de que así es. Tu confianza en esta reclamación traerá grandes recompensas. Solo un poco más de tiempo, y él, la cosa deseada, vendrá. Pero sin fe es imposible realizar cosa alguna. Por la fe fueron formados los mundos, porque:
«La fe es la sustancia de lo que se espera, la evidencia de lo que aún no se ve».
No te inquietes ni te preocupes por los resultados. Ellos seguirán con la misma certeza con que el día sigue a la noche.
Mira tus deseos, todos ellos, como las palabras pronunciadas de Dios, y cada palabra o deseo como una promesa.
La razón por la que la mayoría de nosotros no llega a realizar sus deseos es porque los estamos condicionando constantemente. No condiciones tu deseo. Simplemente acéptalo tal como llega a ti. Da gracias por él hasta el punto de sentirte agradecido por haberlo recibido ya; luego continúa tu camino en paz.
Tal aceptación de tu deseo es como dejar caer una semilla, una semilla fértil, en tierra preparada. Pues cuando puedes soltar la cosa deseada en la conciencia, confiando en que habrá de aparecer, has hecho todo lo que se espera de ti. Pero inquietarte o preocuparte por el cómo de la maduración de tu deseo es mantener esas semillas fértiles atrapadas en un agarre mental y, por lo tanto, no haberlas dejado caer nunca en la tierra de la confianza.
La razón por la que los hombres condicionan sus deseos es porque juzgan constantemente según la apariencia del ser y ven las cosas como reales, olvidando que la única realidad es la conciencia que hay detrás de ellas.
Ver las cosas como reales es negar que todas las cosas son posibles para Dios. El hombre que está encarcelado y ve sus cuatro paredes como reales está negando automáticamente el impulso o la promesa de Dios dentro de él, que es la libertad.
Una pregunta que a menudo se plantea cuando se hace esta afirmación es la siguiente: si el deseo de una persona es un don de Dios, ¿cómo puedes decir que, si alguien desea matar a otro hombre, ese deseo es bueno y, por lo tanto, enviado por Dios?
En respuesta a esto, permíteme decir que ningún hombre desea matar a otro. Lo que en realidad desea es verse libre de esa persona. Pero como no cree que el deseo de liberarse de alguien contenga en sí mismo los poderes de la libertad, condiciona ese deseo y ve como único medio de expresar tal libertad la destrucción del hombre, olvidando que la vida contenida dentro del deseo tiene caminos que él, como hombre, no conoce. Sus caminos son inescrutables.
Así, el hombre distorsiona los dones de Dios a causa de su falta de fe.
Los problemas son las montañas de las que se habla, que pueden ser removidas si uno tiene tan solo la fe de un grano de mostaza. Los hombres se acercan a sus problemas como lo hizo aquella anciana que, al asistir a un servicio y oír al sacerdote decir:
«Si tuvierais tan solo la fe de un grano de mostaza, diríais a aquella montaña: “Quítate de ahí”, y se quitaría, y nada os sería imposible».
Esa noche, al decir sus oraciones, citó ese pasaje de las Escrituras y se fue a la cama en lo que ella creía que era fe. Al levantarse por la mañana, corrió a la ventana y exclamó:
«Sabía que esa vieja montaña seguiría ahí».
Pues así es como el hombre se enfrenta a sus problemas. Sabe que seguirán confrontándolo. Y como la vida no hace acepción de personas y no destruye nada, continúa manteniendo vivo aquello de lo que él es consciente de ser.
Las cosas desaparecerán únicamente cuando el hombre cambie en conciencia. Niégalo si quieres, pero sigue siendo un hecho que la conciencia es la única realidad, y que las cosas no hacen sino reflejar aquello que eres en conciencia. Así pues, el estado celestial que estás buscando solo puede encontrarse en la conciencia, porque el reino de los cielos está dentro de ti.
Y como la voluntad del cielo siempre se cumple en la tierra, hoy estás viviendo en el cielo que has establecido dentro de ti. Pues aquí, en esta misma tierra, tu cielo se revela. El reino de los cielos verdaderamente está cerca. Ahora es el tiempo aceptable. Así que crea un nuevo cielo, entra en un nuevo estado de conciencia, y una nueva tierra aparecerá.
«Las cosas pasadas pasarán. No serán recordadas ni vendrán más a la memoria. Porque he aquí que yo», (tu conciencia) «vengo pronto, y mi recompensa conmigo».
Yo no tengo nombre, pero asumo todo nombre, toda naturaleza, que tú me atribuyas. Recuerda que soy tú, tú mismo, de quien hablo cuando digo «yo». Así pues, toda concepción que tengas de ti mismo, es decir, toda convicción profunda que albergues acerca de ti, es aquello como lo cual aparecerás, porque YO SOY no puede ser engañado; Dios no puede ser burlado.
Ahora permíteme instruirte en el arte de la pesca. Está escrito que los discípulos pescaron toda la noche y no atraparon nada. Entonces Jesús apareció en escena y les dijo que echaran las redes una vez más, en las mismas aguas que apenas un momento antes estaban estériles, y esta vez sus redes se rompían por la abundancia de la pesca.
Esta historia está teniendo lugar hoy, en el mundo, justo dentro de ti, lector. Porque dentro de ti tienes todos los elementos necesarios para ir a pescar. Pero mientras no descubras que Jesucristo, tu conciencia, es el Señor, pescarás, como lo hicieron aquellos discípulos, en la noche de la oscuridad humana.
Es decir, pescarás cosas, creyendo que las cosas son reales, y pescarás con cebo humano, que es la lucha y el esfuerzo, intentando hacer contacto con este o con aquel, tratando de forzar a este ser o al otro. Y todo ese esfuerzo será en vano.
Pero cuando descubras que tu conciencia de ser es Cristo Jesús, le permitirás dirigir tu pesca. Entonces pescarás en conciencia las cosas que deseas. Pues tu deseo será el pez que atrapes, porque tu conciencia es la única realidad viva, y pescarás en las profundas aguas de la conciencia.
Si deseas atrapar aquello que está más allá de tu capacidad presente, debes adentrarte en aguas más profundas, pues dentro de tu conciencia actual tales peces o deseos no pueden nadar. Para adentrarte en aguas más profundas, dejas atrás todo lo que ahora es tu problema o limitación, retirando tu ATENCIÓN de ello. Da completamente la espalda a todo problema y a toda limitación que ahora poseas.
Permanece en el simple ser, diciéndote a ti mismo:
«YO SOY», «YO SOY», «YO SOY».
Continúa declarándote a ti mismo que simplemente eres. No condiciones esta declaración; continúa solamente SINTIÉNDOTE SER, y sin previo aviso te descubrirás soltando el ancla que te mantenía atado a las aguas poco profundas de tus problemas y avanzando hacia lo profundo.
Esto suele ir acompañado de una sensación de expansión. Te sentirás expandirte, como si realmente estuvieras creciendo. No tengas miedo, pues el coraje es necesario. No vas a morir a nada al dejar tus antiguas limitaciones, sino que ellas morirán a medida que te alejas de ellas, porque solo viven en tu conciencia. En esta conciencia profunda o expandida, te descubrirás siendo un poder que jamás habías soñado ser antes.
Las cosas deseadas antes de que te apartaras de las orillas de la limitación son los peces que vas a atrapar en estas profundidades. Porque has perdido toda conciencia de tus problemas y barreras, ahora es lo más sencillo del mundo sentirte uno con las cosas deseadas.
Porque YO SOY, tu conciencia, es la resurrección y la vida, debes unir este poder resucitador que eres a la cosa deseada si quieres que aparezca y viva en tu mundo. Ahora comienzas a asumir la naturaleza de la cosa deseada sintiendo:
«YO SOY próspero»; «YO SOY libre»; «YO SOY fuerte».
Cuando estos ‘estados sentidos’ quedan fijados dentro de ti, tu ser sin forma asumirá las formas de las cosas sentidas.
Te vuelves crucificado sobre los sentimientos de prosperidad, libertad y fortaleza. Permanece sepultado en la quietud de estas convicciones. Entonces, como ladrón en la noche y cuando menos lo esperes, estas cualidades resucitarán en tu mundo como realidades vivas.
El mundo te tocará y verá que eres carne y sangre, pues comenzarás a dar fruto de la naturaleza de estas cualidades recién apropiadas. Este es el arte de la pesca exitosa de las manifestaciones de la vida.
La realización exitosa de lo deseado también se nos muestra en la historia de Daniel en el foso de los leones. Allí se registra que Daniel, mientras estaba en el foso, dio la espalda a los leones y dirigió su mirada hacia la luz que venía de lo alto; que los leones permanecieron impotentes y que la fe de Daniel en su Dios lo salvó.
Esta también es tu historia, y tú también debes hacer lo que hizo Daniel. Si te encontraras en un foso de leones, no tendrías otra preocupación que los leones. No pensarías en nada más en el mundo que en tu problema, y ese problema serían los leones.
Sin embargo, se nos dice que Daniel les dio la espalda y miró hacia la luz que era su Dios. Si seguimos el ejemplo de Daniel, entonces, aun estando confinados en el foso de la pobreza o de la enfermedad, apartaremos nuestra atención de los problemas de deudas o de enfermedad y la colocaremos en aquello que buscamos.
Si no volvemos la mirada en conciencia hacia nuestros problemas, sino que permanecemos en la fe, creyéndonos ser aquello que buscamos, también nosotros veremos abrirse los muros de nuestra prisión y realizarse lo buscado; sí, “todas las cosas”, realizadas.
También se nos relata otra historia: la de la viuda y las tres gotas de aceite. El profeta le preguntó a la viuda:
«¿Qué tienes en tu casa?».
Y ella respondió:
«Tres gotas de aceite».
Entonces él le dijo:
«Ve y pide prestadas vasijas. Entra luego en tu casa, cierra la puerta y comienza a verter».
Y ella vertió aquellas tres gotas de aceite en todas las vasijas prestadas, llenándolas hasta el borde, y aun así quedó aceite.
Tú, lector, eres esta viuda. No tienes un esposo que te fecunde o te haga fructífero, pues una «viuda» es un estado estéril. Tu conciencia es ahora el Señor, o el profeta que se ha convertido en tu esposo.
Sigue el ejemplo de la viuda, quien, en lugar de reconocer el vacío o la nada, reconoció lo que sí había: tres gotas de aceite.
Luego vino la orden: «Entra y cierra la puerta», es decir, cierra la puerta de los sentidos que te hablan de medidas vacías, de deudas, de problemas.
Cuando hayas apartado por completo tu atención, cerrando el paso a la evidencia de los sentidos, comienza a sentir la alegría, simbolizada por el aceite, de haber recibido ya las cosas deseadas.
Cuando el acuerdo quede establecido dentro de ti, de modo que toda duda y todo temor hayan desaparecido, entonces tú también llenarás todas las medidas vacías de tu vida y tendrás una abundancia que rebosa.
El reconocimiento es el poder que convoca las cosas en el mundo. Todo estado que alguna vez has reconocido, lo has encarnado. Aquello que hoy reconoces como verdadero acerca de ti mismo es lo que estás experimentando.
Así que sé como la viuda y reconoce la alegría, por pequeños que sean los comienzos de ese reconocimiento, y serás generosamente recompensado, pues el mundo es un espejo amplificado que magnifica todo aquello de lo que eres consciente de ser.
«YO SOY el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre; no tendrás otros dioses delante de mí».
¡Qué gloriosa revelación! Tu conciencia, ahora revelada como el Señor tu Dios. Ven, despierta del sueño de sentirte prisionero. Reconoce que la tierra es tuya, «y su plenitud; el mundo y todo lo que en él habita».
Te has enredado tanto en la creencia de que eres solo hombre que has olvidado el ser glorioso que eres. Ahora, con la memoria restaurada, DECRETA que lo invisible aparezca y APARECERÁ, pues todas las cosas están obligadas a responder a la Voz de Dios, tu conciencia de ser.
¡El mundo está A TUS ÓRDENES!
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✧ Fuente: Cool Wisdom Books
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora.
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