Este año entendí algo que no sabía cómo manejar antes: sostener la imaginación cuando todo parece ir en contra de lo que quiero vivir, paz, amor y prosperidad, es desafiante y hasta incómodo.
Hay días en los que el saldo del banco no coincide con la visión que tienes para tu vida.
Hay llamadas que llegan con noticias de enfermedad, problemas o pérdidas, aunque no sean tuyas.
Hay discusiones inesperadas con las personas más cercanas.
Y hay una voz interna que dice: “Esto no está funcionando.”
Para que tengas un poco de contexto sobre mi vida, en 2024 atravesé el nido vacío. Mi hijo mayor se fue a estudiar a otra ciudad. En 2025 comenzaron los cambios físicos con el inicio de la perimenopausia y, entre ellos, el más retador para mí fue la falta de energía. Había días en los que traducir era lo único que lograba hacer. Cerraba la computadora y volvía a enfrentar la misma realidad que quería transformar.
Y entonces entendí algo que Neville repite constantemente: no es la evidencia la que crea, es el estado en el que permanecemos.
Pero permanecer en un estado deseado no es sencillo cuando la mente lleva años repitiendo el mismo disco:
“La vida es dura.”
“No soy suficiente.”
“No me valoran.”
“Nadie me entiende.”
Me pregunté muchas veces: ¿cómo puedo sostener una visión feliz cuando mi dieta mental está desordenada y las personas a mi alrededor no ayudan?
La respuesta me llegó mientras traducía La Moneda del Cielo y Tiempo de Siembra y Cosecha. Allí Neville plantea una pregunta incómoda: ¿cuándo sembraste el pensamiento que ahora estás cosechando?
Dice:
“Nuestro tiempo de siembra es ese momento en que reaccionamos ante algo en este mundo… El momento de la reacción, esa respuesta emocional, es nuestra actitud. Nuestras actitudes son los tiempos de siembra de la vida… aunque no recordemos el momento de la siembra, la naturaleza nunca olvida.”
Eso me aclaró todo el panorama por completo. Entendí que mi responsabilidad no es controlar lo que ocurre, sino vigilar mi reacción. Lo primero que debo hacer es estar atenta a cómo respondo durante el día. Si cada crítica que hago hacia mí o hacia otros inevitablemente vuelve, entonces no puedo seguir ignorando lo que pienso en silencio o lo que digo en voz alta.
Ahí comprendí que no se trata de ignorar el problema, sino de elegir cuál historia sostengo. Y esa elección no es pequeña. Neville dice que nuestro tiempo de siembra es cada reacción. Cada actitud. Cada respuesta emocional. Eso significa que, cuando escucho algo, tengo un instante para decidir qué voy a sembrar: miedo o confianza, crítica o comprensión, desesperanza o una versión más noble de lo que estoy viendo.
Y entendí algo más profundo: al elegir imaginar lo mejor para alguien, no solo me estoy protegiendo a mí. Estoy contribuyendo. No necesariamente con dinero o con soluciones externas, sino con mi estado. Con mi tiempo de siembra. Con esa selección consciente del resultado que quiero sostener.
Ese es mi trabajo con las personas que llegan a mi mundo.
Fue entonces cuando recordé la imagen del manantial: imaginar que desde mí emana agua cristalina hacia cada rama de mi vida. Cada persona como un árbol. Si necesita salud, un árbol sano. Si necesita amor, un árbol frondoso. Si necesita prosperidad, un árbol fuerte y abundante.
Durante un tiempo quise dejar de contestar llamadas para no escuchar problemas ajenos. Pero entendí que no se trata de evitar a las personas. Se trata de cambiar cómo las miro.
Te doy un ejemplo muy concreto.
Un familiar me llamó y me dijo que el médico le había informado que su estado de salud era delicado. Cuando colgué, en lugar de quedarme con esa imagen, hice algo distinto. Cerré los ojos y escuché otra versión. La escuché contándome que el médico se había sorprendido de lo bien que estaba. Que le había dicho: “Siga haciendo lo que está haciendo porque funciona. La veo mucho mejor.”
Lo repetí un par de noches antes de dormir. No fue algo espectacular, solo unos minutos concentrándome en el tono de su voz, en la tranquilidad de esa escena.
Semanas después, esa conversación ocurrió casi exactamente así.
Ahí entendí que no es magia. Mi segundo trabajo es la selección. Es decidir cuál versión alimento.
Ya no me abrumo por el problema. Lo traslado en mi imaginación a su solución. Los escucho contentos. Los veo rodeados de flores, de paz, de luz.
Pero sostener la imaginación también me obligó a ordenar mi día.
Entendí que lo tercero que tengo que hacer es darle prioridad a mi paz. Antes estaba disponible para todos a cualquier hora. Ahora decidí atenderme primero yo, luego mis hijos y después el resto, en orden. Me puse horarios para atender llamadas y mensajes. No reviso el teléfono todo el día. No atiendo fuera de mis tiempos. Y cuando llamo, pregunto si es un buen momento para la otra persona.
No es frialdad. Es responsabilidad con mi jardín.
En enero hice un collage con un jardín lleno de árboles frondosos, un árbol del dinero, un símbolo de amor y cada miembro de mi familia sonriendo. Entendí que no soy responsable de controlar a nadie, pero sí soy responsable del estado desde el que los miro. Ese es mi jardín.
Sostener la imaginación no es negar el caos. Es decidir dónde permaneces. No es huir de las personas, sino cambiar la historia que te cuentas sobre ellas.
Y manifestar nuestro deseo no es dominar todas las técnicas. Es practicar una. Todos los días. Como insiste Neville, no es lo que sabemos lo que transforma nuestra vida, sino lo que practicamos.
Y yo estoy aprendiendo a sostenerme.
Si te está costando manifestar tu deseo, te propongo algo muy simple: observa tu energía durante el día. Detecta qué la drena. Ponte como prioridad estar en paz. Cuida tu espacio. Escucha tu cuerpo. Identifica qué te hace sentir mejor y qué no. Empieza a organizar tu jardín interior.
Esta semana, si quieres practicar algo, hazlo sencillo. Elige una persona o una situación que hoy te incomode. Luego imagina su resolución final. Escucha su voz contándote que todo está bien. Visualízala rodeada de flores, con una gran sonrisa.
Y si estás atravesando algo que hoy sientes imposible de sostener, cuéntamelo. Me gustaría saber qué desafíos estás enfrentando y cómo estás intentando manejarlos. Este espacio también es para eso.
Con cariño,
Indira🧡





excelente, sabio y elocuente. muchas gracias ❤️