4 de diciembre de 1959
Aquí te decimos que creemos que puedes ser lo que quieras ser en este mundo, y que mi propósito es decírtelo. Si hay momentos en mi vida en que lamento decírtelo, aun así debo hacerlo; lo lamento, pero no en el sentido de un cambio de mentalidad, como en la palabra “arrepentirse”. Puede que en ocasiones lamente que hayas hecho mal uso de este poder para cualquier propósito, pero es mejor que lo uses mal a que no lo uses. ¡Cuántas veces uno se siente preocupado por el mal uso de este principio! Sin embargo, es mejor usarlo mal que enterrarlo, porque incluso con el mal uso aprendemos, aunque sea dolorosamente. En la historia de los talentos, solo fue condenado aquel que no lo usó.
Estamos viviendo en un mundo que es como una obra de teatro, y algunos parecen haber sido elegidos desde su nacimiento para un papel difícil, y sin embargo a uno de ellos le dices que Dios es Amor Infinito. Pero Él es el dramaturgo y el director de reparto, porque esto es una obra de teatro. Como dice Shakespeare:
“El mundo entero es un escenario, / y todos los hombres y mujeres, simplemente actores. / Tenemos nuestras salidas y nuestras entradas, / y un hombre, en su tiempo, interpreta muchos papeles.” [William Shakespeare, Como gustéis]
Pero ese “tiempo” no son setenta años; es el tiempo que se necesita para despertar a ese hombre, el actor perfecto, o Dios. Así que yo interpreto cada papel, pero interpretar cada papel no significa que yo interprete a cada hombre o mujer del mundo. Hay miles de millones de actores, pero solo cierto número de papeles, y cada uno de esos papeles tú y yo debemos interpretarlo. La figura central, la estrella, es Cristo, y toda la obra trata de Cristo, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, pero hay muchos papeles que lo revelan. Hay doce personajes principales (los doce discípulos), y los veinticuatro ancianos, y el sumo sacerdote Caifás y su oponente político, Pilato. Estos están presentes en cada época y en cada tiempo.
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El propósito de la obra es despertar en nosotros al actor, Dios. Estos personajes de la Biblia no son personas: nunca caminaron sobre la tierra como personas. Nosotros interpretamos a todos los personajes, pero ellos no viven, como tampoco vivió Hamlet. Cuando Olivier interpreta a Hamlet, Hamlet no puede hacer nada más que lo que hace Olivier, y luego Olivier puede, si lo desea, interpretar un personaje completamente distinto. Los personajes son los estados eternos del Alma, pero debemos aprender a distinguir al hombre de los personajes que está interpretando. Los personajes son reales en la eternidad, y nosotros asumimos el personaje y lo interpretamos en esta esfera. Decir que todo en este mundo es una obra de teatro perturba, sin duda, pero quiero que lo creas.
Esta noche quiero hablar del más difícil de todos los personajes, y si te lo pidieran te negarías a interpretar ese papel, pero es el más importante, porque hasta que no se interprete, Cristo no puede despertar dentro de ti. Es el personaje de Judas. La gente dice que él es el traidor, pero para poder traicionar primero debo poseer el secreto. Así que te traiciono, poniéndote en manos de tus enemigos. Te revelo, porque eso es lo que significa “traicionar”. Solo quien conoce a Dios podría revelar a Dios. Solo Judas no abandonó a Jesús en el huerto. Los demás lo abandonaron, pero Judas se quedó para revelarlo, o traicionarlo, y luego Judas se suicida. Pero se nos dice:
“Nadie me quita la vida, sino que yo mismo la doy.” [Juan 10:18]
Entonces, ¿quién es Judas? Hasta que no se interpreta ese personaje, Cristo no despierta en la mente del hombre. Judas revela a Dios. Luego se arrepintió cuando descubrió que aquellos a quienes había revelado al Señor le escupieron y lo injuriaron y lo condenaron. No se refiere a un hombre; es un símbolo. Pero yo digo que llegará el momento en que no te arrepentirás, aunque te preocuparán las consecuencias de tu acto. Esta palabra se traduce de esta forma solo seis veces. Pablo escribió una carta amarga a los corintios y dijo:
“No me arrepiento ni cambio mi actitud hacia vosotros.” [2 Corintios 7:8]
Y en otra ocasión, cuando Jesús es hecho miembro del orden de Melquisedec, Él dice: “No me arrepiento” [Hebreos 7:21]. Pero en este caso, cuando Judas revela al Señor al mundo, se arrepiente, porque ve lo que hicieron con ese conocimiento. No se trata de algo hecho a un hombre, porque Cristo es invisible, porque Él es el Señor, y el Señor es espíritu, y el espíritu no tiene forma. Le dices al mundo quién es Él, como la Realidad Invisible del hombre, y luego, cuando ves que le escupen en la cara (en sentido figurado), entonces te preocupan las consecuencias de haber traicionado la identidad de Dios.
Judas no es un hombre, como tampoco Cristo es un hombre. Cristo es la Realidad Invisible, y todos los demás son estados, y nosotros entramos en los estados. Pero cuando eres elegido para el papel de Judas, estás al final de la obra, y la obra ha terminado. Traicionas la identidad del Poder Creador del universo y luego “te suicidas”, te cuelgas de un árbol. Al traicionarlo, se convierte en el mismo ser al que traiciona.
Ahora bien, Judas proviene de la misma forma que la palabra Judá. Significa la mano. Es el primer símbolo del nombre de Dios, o el símbolo hebreo “Yod”, la mano de la adoración, la mano del Creador. Luego, el segundo nombre de Judas es Iscariote. “Is” significa “Hombre”; “Cariot” significa “colocar maderos”, o el carpintero. Así que Judas traiciona al Señor, porque nadie lo conocía, pero Judas les dijo: “Cuando lo bese, lo conoceréis”. Y sin embargo Jesús les había dicho: “¿He estado con vosotros tres años y no me conocéis?”. Los demás huyeron cuando lo arrestaron, pero el que lo conocía lo besó y dijo: “No lo dejéis ir”, y esa es tu Imaginación, porque eso es Cristo. No hay otro. Cristo en el Hombre es la propia y maravillosa Imaginación humana del hombre, y con Cristo todas las cosas son posibles.
Así que puedes tomar esta revelación y salir y ser cualquier cosa que quieras ser. Si, usando este poder, salgo y me aprovecho de otro, eso supone que hago mal uso de lo que acabo de oír. Pero quien te lo cuenta y luego ve lo que haces con ello, a menudo se arrepiente. Así que se te cuenta la historia de que le escupieron (no a un hombre, porque ¿quién puede escupirle a la Imaginación?), sin saber que no hay otro: todos somos uno. Esto es escupir a Cristo o marcarlo con azotes. No en Su cuerpo, porque Él es invisible, porque mi Padre es espíritu, y el espíritu es invisible.
Así que el más difícil de interpretar es el de Judas, o el traidor, y si el dramaturgo estuviera haciendo el reparto de la obra, nadie se ofrecería como voluntario para interpretarlo. Pero alguien tiene que salir y “traicionar” a Dios dando a conocer Su identidad, y en la medida en que puedas hacerlo, lo comprobarás por el comportamiento de aquellos a quienes se lo cuentes. Porque todos los personajes de la Biblia son verdaderos como estados, y viven para siempre. Dios envía a Sus hijos a través de estos personajes, como actores, para que al final del tiempo Él pueda despertar a estos actores como Sí mismo. Tú eres infinitamente más grande que cualquier personaje de la Biblia, porque ellos son estados, pero hay otro que no es un estado, y ese es Cristo, y Él está siendo despertado en ti. Cristo es Dios, y Él está despertando en cada ser del mundo. Él ha preparado una obra para despertar a cada hijo nacido de mujer, y para crear como su Padre, tiene que pasar por cada experiencia, y todas están escritas en la Biblia. Así que están los doce, y los veinticuatro, y siempre está el poder político, y el poder religioso, y los sabios, llamados saduceos, y aquellos que se ajustan a aquello que creen que los hará importantes a los ojos de los hombres: los fariseos. Luego están los que tienen talentos mecánicos; puedes tomar de las obras inspiradas de un Shakespeare o de un Blake y escribir muchos libros, pero ellos no podrían escribir un solo pensamiento que sea original, y esos son los escribas. Luego está “la multitud”, que hoy aclama al héroe y al día siguiente lo apedrea.
Así que los once no podían suicidarse o, en otras palabras, soltar todo lo que alguna vez habían oído acerca de la causalidad. Es decir, todo lo que antes pensabas, debes soltarlo y morir a ello, y vivir solo para el Cristo. Y así lees la afirmación de Pablo de que él viene a enseñar una sola cosa, y que la recibió por revelación. Es cierto: viene por medio de una visión, pero luego los saduceos se reirán de ti.
Esto lo tenemos ahora entre nosotros, cuando hablan de la evolución, y el mundo la ha aceptado; sin embargo, a mí se me dice que Dios creó todas las cosas y las llamó buenas, y maravillosas. Todas fueron actos de creación distintos. No tengo nada que ver con nada que sea inferior al hombre, pero todo lo que es inferior al hombre solo da testimonio de lo que YO SOY. Yo no evolucioné a través de todos los animales. Eso es cierto solo en lo que respecta a los asuntos humanos. Lo veo avanzar de la canoa al transatlántico, del arado al tractor, de la cueva al palacio. La evolución está solo en los asuntos de los hombres. El pájaro construye su nido como lo construyó la primera vez, y es fijo y perfecto, pero las cosas de la forma evolucionan. Pero esto no es el hombre (este cuerpo); esto es solo la máscara (Persona). Yo soy todo Imaginación y llevo esta máscara hasta que paso por todos los papeles, y entonces soy Él, ya que el propósito de la obra es despertarnos, porque “solo Dios actúa en todos los seres existentes y en los hombres” [William Blake, El matrimonio del Cielo y el Infierno]. El propósito de la obra es hacernos actores, incluso malos. Si somos malos actores, el que revela el secreto se arrepiente, pero no lo cambiaría.
Se nos dice que cuando Judas llegó y besó a Jesús, Jesús le dijo:
“Amigo, ¿por qué estás aquí?” [Mateo 26:50]
Los traductores no fueron capaces de creer la traducción real, así que la pusieron en la nota al pie: “Lo que tienes que hacer, hazlo”. La traducción real es: “Lo que debes hacer, hazlo pronto”. Tienes que hacerlo. Tienes que decirle al mundo quién es Dios y que Él es Imaginación, pero el traductor usó la frase: “¿Por qué estás aquí?”.
Cada uno es un actor que está despertando, así que le digo a cada uno: estás interpretando todos los papeles, y espero que empieces a interpretar el papel de Judas. No viniste a interpretar un solo papel. Cada uno interpreta muchos papeles. Puedes, si quieres, meterte en este papel de Judas. Podrías interpretar a Caifás o a Pilato para siempre, y pensar que la causalidad es externa, o que está en manos de los poderes políticos o religiosos, o de las grandes universidades. Hasta que llega el entendimiento de la verdadera causalidad, no lo conoces, pero yo sé quién soy y quién eres tú. Cada ser es Dios en diferentes estados, todos interpretando estos maravillosos papeles, pero cuando despierta es Dios, y no importa lo que haya hecho alguna vez, es perdonado. Cuando despierta, es blanco como la nieve, no importa cuán escarlata fuera todo.
Te pido que tomes esta revelación de Dios, que es tu propia y maravillosa Imaginación humana. Eso es lo que Judas te dice, y yo estoy interpretando su papel. No es un hombre, sino un estado en el que he entrado deliberada y conscientemente, porque nadie puede traicionar a Dios a menos que conozca el secreto. Se nos dice en Corintios:
“¿Quién conoce los pensamientos de un hombre, sino el espíritu del hombre que mora en él?” [1 Corintios 2:11]
¿Quién podría revelar o traicionar a Dios, sino aquel que conoce Su secreto? Pero si lo conoces y lo pones a prueba y lo compruebas, entonces se te encomienda salir y traicionar a Dios. Sales y traicionas el secreto de la creación.
“Entonces fue y se ahorcó de un árbol.” [Mateo 27:5]
Este cuerpo es un árbol. Él viene a hacerlo, y tenía que hacerlo, pero luego se queda horrorizado ante el uso que le dan a este secreto que vino a contar.
Luego, la siguiente etapa es despertar completamente como Cristo.
“Aún no sabemos cómo seremos, pero cuando lo veamos lo conoceremos, porque seremos semejantes a él.” [1 Juan 3:2]
Serás semejante al mismo Ser que fuiste enviado a traicionar. Cada uno de los que están aquí interpretará todos los personajes en la eternidad. No me refiero a personas. Pasarán por todos los personajes, porque los personajes son estados eternos. Distingue al hombre, que es todo Imaginación, de su estado actual. Puedes perdonarle cualquier cosa sabiendo que está interpretando un papel que Dios escribió para él. Todos somos actores en la obra de Dios.
Puedes mirar atrás y ver los papeles que has estado interpretando desde la cuna hasta ahora. Si se te concediera una visión, verías ahora, en este momento, en forma humana el estado que estoy interpretando. Lo verías, y sin embargo no es un hombre, sino solo un estado. He visto a personas discutiendo, y sobre ellas ves figuras enfrentadas1. Solo están interpretando estados, y a medida que se perdonan y se dan la mano, estas figuras se desvanecen.
Un señor se sentó aquí la otra noche y me escribió: “Cuando empezaste a hablar, vi sobre tu hombro a un patriarca que llevaba el sombrero negro y los hábitos de un sacerdote. No sé quién era, pero siento que es una gran inspiración para ti”. Esto es cierto, porque entré en un estado determinado (estaba hablando de la piedra fundamental) y ese estado se personificó como un hombre. Te estaba diciendo que la piedra fundamental de todo es el Imaginar, y que no la dejaras para ir en busca de otro fundamento. Y aquí este señor vio a un ser que para él era un patriarca, expresando aquello de lo que yo estaba hablando. Sé que es cierto, porque nunca estoy solo. Pero tú eres infinitamente más grande que el estado, porque eres un Centro viviente del Imaginar. Puedes moverte a través de todos los estados; tú no eres el estado.
Construyen iglesias dedicadas a Pedro, o a Juan, etcétera. Se están construyendo solo para los estados, y los estados están eternamente muertos hasta que el Hijo de Dios les da vida. Cuando entras en el estado de enfrentamiento, ese estado cobra vida, pero si no estás en el estado de enfrentamiento, el estado está muerto. No construyen iglesias dedicadas a Judas. Yo viví en una pequeña isla y la dividieron en once parroquias, con los nombres de los discípulos, pero no hay ninguna de Judas. Mis antepasados no sabían que él era el más importante, porque solo él podía descubrir a Dios y traicionarlo. A quien traiciona a un amigo lo llaman un Judas. Pero en Mateo 26, Jesús lo llama “Amigo”, y luego le dijo: “Lo que tienes que hacer, hazlo pronto”. No llamó amigo a ninguno de los otros. A Pedro lo llamó “Satanás”, pero a Judas le dijo: “¡Traicióname!”.
Y luego, a menudo, aquellos a quienes se les revela el secreto empiezan a usarlo mal. Descubren que la Imaginación crea la Realidad, y como alguien les disgusta, imaginan algo malo y, por su misma intensidad, hacen que suceda. Puedes usar esto de una manera horrible, por eso se nos dice que se arrepintió, o que estaba profundamente preocupado por las consecuencias de su acto.
Puedes ser lo que quieras ser en este mundo, y quienes retroceden ante esta Verdad son sus enemigos y no lo saben. Millones retrocederán ante ella, pero está bien, porque todavía no han llegado al punto en que puedan ser elegidos para el papel en el que la tomarán y saldrán a traicionar a Dios. Solo puedes traicionar a Dios revelándolo. No lo conocerás por nada que te digan los escribas o los fariseos, sino solo por revelación interior. Y cuando estés plenamente convencido, irás y lo contarás. Entonces, cuando llegue el día de cerrar estos ojos y quitarte esta máscara, despertarás entre los gigantes de los que han despertado. Pero ninguno fallará, porque cada uno, en la eternidad, finalmente despertará. Así que, si tengo que interpretar un papel una y otra vez hasta quedar enterrado en el papel, estaré enterrado hasta que aprenda que soy el actor y no el papel que estoy interpretando.
Parece tan extraño que el libro que es el fundamento de la obra haga esta afirmación:
“Toda carne es hierba, y toda su belleza es como la flor del campo. La hierba se seca, la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanecerá para siempre.” [Isaías 40:6-8]
Y la “Palabra” es la obra, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Si tomaras todas las Biblias y las quemaras, la obra permanece, a pesar del registro escrito.
Oímos hablar tanto de la bondad; pocos pueden definirla, ya que no hay dos épocas que tengan el mismo concepto. No te enseño a ser “bueno”, sino a ser creativo al expresar este gran talento. No lo entierres, aunque al usarlo cometas errores. Compruébalo en tu propia vida y luego sal y cuéntaselo a otros. Ningún sacerdocio podría enviarte ni tener el poder de enviarte. Ninguna agua bendita te enviará. Eres enviado por Dios, y Dios es espíritu. Así que, si te sientes movido a hacerlo, no dudes, y si cometes errores y me entero de ellos, puede que por un momento sienta que ojalá no los hubieras cometido, pero no lamentaré realmente haberte hablado de la identidad de Dios. Tu Imaginación humana es Dios y es una con aquello que sostiene el Universo. Cuando lo ves, sales y lo traicionas, o lo revelas. Judas significa “mano”, y esa se convierte en la primera letra del nombre del Creador (Yod He Vau He).
Se nos dice que Judas traicionó a su Señor por treinta piezas de plata, y luego se dice que se las devolvió al sacerdote. Compraron el campo del alfarero. Significa “hacedor”. Aparece 62 veces como “hacedor”; solo se usa unas pocas veces como “alfarero”. Significa “hacedor” en el sentido de alguien que es un artesano, como un orfebre o un platero. Significa que el individuo es un hacedor. Así que tomó la plenitud del precio de Dios, porque treinta significa “plenitud”. Pasó por cada horno, porque nadie que interprete a Judas podría saltarse uno. Así que pagó el precio. Y luego se lo arrojó al alfarero. Debería habérselo arrojado al platero. Pero la misma palabra que se traduce como platero se traduce también como alfarero. Pago el precio completo para descubrir que mi Imaginación es Dios, y luego muero a todo lo que antes creía, y luego se lo cuento al pueblo, y luego ellos lo niegan y le “escupen”, etcétera. No tiene nada que ver con nada que esté sucediendo en la tierra. Sal, piensa en ello, y decídete a hacer de ti la persona que quieres ser. Luego traiciona este secreto y cuéntales a otros lo que has descubierto.
Imagina las cosas más hermosas de este mundo para ti o para otro. Así que entremos ahora en el silencio, y cuando lo rompas, sabiendo que el Imaginar es Dios, no dejes que nadie te convenza de que hay alguna otra causa de los fenómenos. Cruza estas puertas sabiendo que es así, y entonces no te impacientarás, sino que dejarás que sea así, porque Dios crea la Realidad. El Padre camina por el mundo conmigo, y yo no lo sé. No sé que la actividad imaginal es la causa de lo que aparece en mi mundo.
Ahora entremos en el silencio.
Nota de contexto: Neville describe aquí algo que veía en visión. Cuando dos personas discuten, él percibe por encima de ellas unas figuras con forma humana que también se enfrentan entre sí. Esas figuras son los estados en los que han entrado las dos personas, que se hacen visibles con forma de hombre. Cuando las personas se perdonan y se dan la mano, salen de ese estado, y las figuras desaparecen.

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✧ Texto original en inglés: “The Story of Judas”, conferencia de 1959 por Neville Goddard.
© Traducción: Indira G. Andrade · La Mente Creadora. Todos los derechos reservados.
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