La Oración: El Arte de Creer · Neville Goddard · 1945 · Capítulo 5
La Ley de la Transmisión del Pensamiento
Este capítulo forma parte del libro La Oración: El Arte de Creer (1945).
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Capítulo V · La Ley de la Transmisión del Pensamiento
“Él envió su palabra y los sanó, y los libró de su ruina.”
Transmitió la conciencia de la salud y despertó su correlato vibratorio en aquel hacia quien fue dirigida. Representó mentalmente al sujeto en un estado de salud e imaginó que escuchaba al sujeto confirmarlo.
“Porque ninguna palabra de Dios estará desprovista de poder; por tanto, retén el patrón de las palabras saludables que has escuchado.”
Para orar con éxito debes tener objetivos claramente definidos. Debes saber lo que quieres antes de poder pedirlo. Debes saber lo que quieres antes de poder sentir que lo tienes, y la oración es el sentimiento del deseo cumplido. No importa qué es lo que buscas en la oración, ni dónde está, ni a quién concierne. No tienes nada que hacer salvo convencerte de la verdad de aquello que deseas ver manifestado. Cuando sales de la oración ya no buscas, pues tienes, si has orado correctamente, asumida subconscientamente la realidad del estado buscado, y por la ley de la reversibilidad tu subconsciente debe objetivar lo que afirma.
Para transmitir una fuerza debes tener un conductor. Puedes emplear un cable, un chorro de agua, una corriente de aire, un rayo de luz o cualquier intermediario que sea. El principio del fotófono*, o la transmisión de la voz mediante la luz, te ayudará a comprender la transmisión del pensamiento, o el envío de una palabra para sanar a otro. Hay una fuerte analogía entre una voz hablada y una voz mental. Pensar es hablar en voz baja; hablar es pensar en voz alta. El principio del fotófono es este: un rayo de luz es reflejado por un espejo y proyectado hacia un receptor en un punto distante. Detrás del espejo hay una boquilla. Al hablar por la boquilla haces vibrar el espejo. Un espejo vibrante modifica la luz que refleja sobre él. La luz modificada lleva tu voz, no como voz, sino representada en su correlato mecánico. Llega a la estación distante e incide sobre un disco dentro del receptor, hace vibrar el disco según la modificación que experimenta, y reproduce tu voz.
“Yo soy la luz del mundo.”
YO SOY, el conocimiento de que existo, es una luz mediante la cual lo que pasa en mi mente se hace visible. La memoria, o mi capacidad de ver mentalmente lo que está objetivamente presente, prueba que mi mente es un espejo, un espejo tan sensible que puede reflejar un pensamiento. La re-percepción de una imagen en la memoria no difiere en absoluto, como acto visual, de la percepción de mi imagen en un espejo. En ambos casos opera el mismo principio de ver.
Tu conciencia es la luz reflejada en el espejo de tu mente y proyectada en el espacio hacia aquel en quien piensas. Al hablar mentalmente con la imagen subjetiva en tu mente haces vibrar el espejo de tu mente. Tu mente vibrante modifica la luz de la conciencia que se refleja en ella. La luz de la conciencia modificada llega a aquel hacia quien está dirigida e incide sobre el espejo de su mente; hace vibrar su mente según la modificación que experimenta. Así reproduce en él lo que fue afirmado mentalmente por ti.
Tus creencias, tus actitudes mentales fijas, modifican constantemente tu conciencia tal como se refleja en el espejo de tu mente. Tu conciencia, modificada por tus creencias, se objetiva en las condiciones de tu mundo. Para cambiar tu mundo debes cambiar primero tu concepción de él. Para cambiar a un hombre debes cambiar tu concepción de él. Debes creer primero que él es el hombre que quieres que sea y hablar con él mentalmente como si lo fuera. Todos los hombres son suficientemente sensibles para reproducir tus creencias sobre ellos. Por tanto, si tu palabra no se reproduce visiblemente en aquel hacia quien es enviada, la causa debe buscarse en ti, no en el sujeto. En cuanto crees en la verdad del estado afirmado, los resultados siguen. Todo el mundo puede ser transformado; todo pensamiento puede ser transmitido; todo pensamiento puede ser visiblemente encarnado.
Las palabras subjetivas, las suposiciones subconscientes, despiertan lo que afirman.
“Están vivas y activas y no volverán a mí vacías, sino que lograrán lo que me place y prosperarán en aquello para lo que las envié.”
Están dotadas de la inteligencia correspondiente a su misión y persistirán hasta que el objeto de su existencia sea realizado; persisten hasta que despiertan los correlatos vibratorios de sí mismas dentro de aquel hacia quien están dirigidas, pero en el momento en que el objeto de su creación se cumple, dejan de ser. La palabra hablada subjetivamente con tranquila confianza despertará siempre un estado correspondiente en aquel en quien fue hablada; pero en el momento en que su tarea se cumple deja de ser, permitiendo que aquel en quien el estado se realizó permanezca en la conciencia del estado afirmado o regrese a su estado anterior.
Cualquier estado que tenga tu atención sostiene tu vida. Por tanto, volver a prestar atención a un estado anterior es regresar a esa condición.
“No recuerdes las cosas pasadas, ni consideres las cosas antiguas.”
Nada puede añadirse al hombre, pues toda la creación ya está perfeccionada en él.
“El reino de los cielos está dentro de ti.” “El hombre no puede recibir nada, a menos que le sea dado del cielo.”
El cielo es tu subconsciente. Ni siquiera una quemadura de sol viene de fuera. Los rayos exteriores solo despiertan los rayos correspondientes en el interior. Si los rayos ardientes no estuvieran contenidos dentro del hombre, todos los rayos concentrados del universo no podrían quemarlo. Si los tonos de la salud no estuvieran contenidos dentro de la conciencia de aquel en quien son afirmados, no podrían ser vibrados por la palabra que es enviada. En realidad no le das nada a otro, resucitas lo que duerme dentro de él.
“La doncella no está muerta, sino dormida.”
La muerte es simplemente un dormir y un olvidar. La vejez y la decadencia son el sueño, no la muerte, de la juventud y la salud. El reconocimiento de un estado lo vibra o lo despierta.
La distancia, tal como la perciben tus sentidos objetivos, no existe para la mente subjetiva.
“Si tomara las alas del alba y habitara en el extremo del mar, aun allí me guiaría tu mano.”
El tiempo y el espacio son condiciones del pensamiento; la imaginación puede trascenderlos y moverse en un tiempo y espacio psicológicos. Aunque estés físicamente separado de un lugar por miles de millas, puedes vivir mentalmente en ese lugar distante como si estuviera aquí. Tu imaginación puede transformar fácilmente el invierno en verano, Nueva York en Florida, y así sucesivamente. Tanto si el objeto de tu deseo está cerca como si está lejos, los resultados serán los mismos. Subjetivamente, el objeto de tu deseo nunca está lejos; su intensa cercanía lo hace remoto a la observación de los sentidos. Mora en la conciencia, y la conciencia está más cerca que la respiración y más cerca que las manos y los pies.
La conciencia es la única y verdadera realidad. Todos los fenómenos están formados de la misma sustancia vibrando a distintas frecuencias. De la conciencia vine yo como hombre, y a la conciencia regreso yo como hombre. En la conciencia todos los estados existen subjetivamente y son despertados a su existencia objetiva por la creencia. Lo único que nos impide hacer una impresión subjetiva exitosa en alguien a gran distancia, o transformar el allá en aquí, es nuestro hábito de considerar el espacio como un obstáculo.
Un amigo a mil millas de distancia está arraigado en tu conciencia a través de tus ideas fijas sobre él. Pensar en él y representártelo interiormente en el estado que deseas que tenga, con la confianza de que esa imagen subjetiva es tan verdadera como si ya estuviera objetivada, despierta en él un estado correspondiente que debe objetivar. Los resultados serán tan evidentes como oculta fue la causa. El sujeto expresará el estado despertado dentro de él y permanecerá inconsciente de la verdadera causa de su acción. Tu ilusión de libre albedrío no es más que ignorancia de las causas que te hacen actuar. El éxito de las oraciones depende de tu actitud mental, no de la actitud del sujeto.
El sujeto no tiene poder para resistir tus ideas subjetivas controladas sobre él, a menos que el estado que tú afirmas como verdadero de él sea un estado que él es incapaz de desear como verdadero para otro. En ese caso regresa a ti, el emisor, y se realizará en ti. Siempre que la idea sea aceptable, el éxito depende enteramente del operador y no del sujeto, quien, como las agujas de una brújula sobre sus pivotes, es completamente indiferente a la dirección que elijas darle. Si tu idea fija no es aceptada subjetivamente por aquel hacia quien está dirigida, rebota hacia ti, de quien provino. “¿Quién os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? He sido joven y ahora soy viejo, pero nunca he visto al justo desamparado ni a su descendencia mendigando pan.” “Ningún mal acontecerá al justo.” Nada nos sucede que no sea de la naturaleza de nosotros mismos.
Una persona que dirige un pensamiento malicioso hacia otro será herida por su rebote si no logra la aceptación subconsciente del otro.
“Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.”
Además, lo que puedes desear y creer de otro puede ser deseado y creído de ti, y no tienes poder para rechazarlo si aquel que lo desea para ti lo acepta como verdadero de ti. El único poder para rechazar una palabra subjetiva es ser incapaz de desear un estado similar para otro. Dar presupone la capacidad de recibir. La posibilidad de imprimir una idea en otra mente presupone la capacidad de esa mente para recibir esa impresión. Los necios explotan el mundo; los sabios lo transfiguran. Es la más alta sabiduría saber que en el universo viviente no hay otro destino que el creado por la imaginación del hombre. No hay influencia alguna fuera de la mente del hombre.
“Todo lo que es hermoso, todo lo que es de buen nombre; si hay alguna virtud, si hay algo digno de alabanza, en esto pensad.”
Nunca aceptes como verdadero de otros lo que no querrías que fuera verdadero de ti. Para despertar un estado en otro, ese estado debe estar primero despierto en ti. El estado que deseas transmitir a otro solo puede ser transmitido si tú lo crees. Por tanto, dar es recibir. No puedes dar lo que no tienes, y solo tienes lo que crees. Así, creer un estado como verdadero de otro no solo despierta ese estado en el otro, sino que lo hace vivo dentro de ti. Eres lo que crees.
“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando.”
Dar es simplemente creer, pues lo que verdaderamente crees de otros lo despertarás en ellos. El estado vibratorio transmitido por tu creencia persiste hasta que despierta su vibración correspondiente en aquel de quien se cree. Pero antes de que pueda ser transmitido debe estar primero despierto dentro del transmisor. Todo lo que está despierto dentro de tu conciencia, eso eres tú. No importa si la creencia se refiere a uno mismo o a otro, pues el creyente queda definido por la suma total de sus creencias o suposiciones subconscientes.
“Como el hombre piensa en su corazón”, en las profundidades de su subconsciente, “así es él.” Desatiende las apariencias y afirma subjetivamente como verdadero aquello que deseas que sea verdadero. Esto despierta en ti el tono del estado afirmado, que a su vez se realiza en ti y en aquel de quien es afirmado. Dad y recibiréis. Las creencias despiertan invariablemente lo que afirman. El mundo es un espejo en el que cada uno se ve reflejado. El mundo objetivo refleja las creencias de la mente subjetiva.
Algunas personas se imprimen mejor a sí mismas mediante imágenes visuales, otras mediante sonidos mentales y otras mediante acciones mentales. La forma de actividad mental que permite enfocar todo el poder de tu atención en una dirección elegida es la que debes cultivar, hasta que puedas hacer que todas operen al mismo tiempo sobre tu objetivo.
Si tienes dificultad para comprender los términos “imágenes visuales”, “sonidos mentales” y “acciones mentales”, aquí hay una ilustración que debería aclarar su significado: A imagina que ve una partitura musical sin saber nada de notación musical. La impresión en su mente es puramente una imagen visual. B imagina que ve la misma partitura, pero sabe leer música y puede imaginar cómo sonaría al ser tocada en el piano; esa imaginación es un sonido mental. C también lee música y es pianista; mientras la lee, se imagina a sí mismo tocando la pieza. La acción imaginaria es una acción mental.
Las imágenes visuales, los sonidos mentales y las acciones mentales son creaciones de tu imaginación, y aunque parecen venir de fuera, en realidad vienen de dentro de ti mismo. Se mueven como si fueran movidas por otro, pero en realidad son lanzadas por tu propio espíritu desde el mágico depósito de la imaginación. Son proyectadas en el espacio por la misma ley vibratoria que gobierna el envío de una voz o una imagen. El habla y las imágenes son proyectadas no como habla o imágenes sino como correlatos vibratorios. La mente subjetiva vibra según las modificaciones que experimenta por los pensamientos y sentimientos del operador. El estado visible creado es el efecto de las vibraciones subjetivas. Un sentimiento está siempre acompañado de una vibración correspondiente, es decir, un cambio en la expresión o sensación del operador.
No hay pensamiento ni sentimiento sin expresión. Por muy inexpresivo que parezcas, si reflexionas con algún grado de intensidad, siempre hay una ejecución de ligeros movimientos musculares. El ojo, aunque cerrado, sigue los movimientos de los objetos imaginarios y la pupila se dilata o se contrae según el brillo o la lejanía de esos objetos; la respiración se acelera o se ralentiza según el curso de tus pensamientos; los músculos se contraen en correspondencia con tus movimientos mentales.
Este cambio de vibración persiste hasta que despierta una vibración correspondiente en el sujeto, vibración que luego se expresa en un hecho físico.
“Y el Verbo se hizo carne.”
La energía, como se ve en el caso de la radio, es transmitida y recibida en un “campo”, un lugar donde ocurren cambios en el espacio. El campo y la energía son uno e inseparables. El campo o sujeto se convierte en la encarnación de la palabra o energía recibida. El pensador y el pensamiento, el operador y el sujeto, la energía y el campo son uno. Si estuvieras suficientemente quieto para escuchar el sonido de tus creencias, sabrías lo que se entiende por “la música de las esferas.” El sonido mental que escuchas en la oración como si viniera de fuera es en realidad producido por ti mismo. La auto-observación revelará este hecho. Así como la música de las esferas se define como la armonía escuchada solo por los dioses, y se supone que es producida por los movimientos de las esferas celestiales, así también la armonía que escuchas subjetivamente para otros, escuchada solo por ti, es producida por los movimientos de tus pensamientos y sentimientos en el verdadero reino, el “cielo dentro de ti.”
🔸 Nota de contexto
*El fotófono fue un invento real de Alexander Graham Bell en 1880, apenas unos años después del teléfono. La idea era transmitir la voz usando luz en lugar de cables eléctricos. Funcionaba así: hablas por una boquilla, tu voz hace vibrar un espejo flexible, esas vibraciones modifican el rayo de luz que el espejo refleja, ese rayo de luz modificado viaja por el aire hasta un receptor distante, el receptor capta las variaciones en la luz y las convierte de nuevo en sonido. Es decir, tu voz viajaba literalmente como luz.
Neville usa este invento como analogía para explicar la transmisión del pensamiento porque el mecanismo es idéntico en estructura: Tu conciencia es la luz. Tu mente es el espejo. Cuando piensas en alguien y afirmas mentalmente algo sobre él, esa afirmación modifica la luz de tu conciencia, igual que la voz modifica el rayo del fotófono. Esa conciencia modificada viaja hasta la mente de esa persona, incide sobre el espejo de su mente y reproduce en ella lo que tú afirmaste.
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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