Este capítulo forma parte del libro La Oración: El Arte de Creer (1945).
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Capítulo VII · La Oración más Grande
La imaginación es el principio de la creación. Imaginas lo que deseas y luego lo crees verdadero. Todo sueño podría realizarse por aquellos que tienen la autodisciplina suficiente para creerlo. Las personas son lo que eliges hacer de ellas; un hombre es según la manera en que lo miras. Debes mirarlo con ojos distintos antes de que cambie objetivamente.
“Dos hombres miraban desde los barrotes de la prisión; uno vio el barro y el otro vio las estrellas.”
Hace siglos, Isaías planteó la pregunta:
“¿Quién es ciego sino mi siervo, o sordo como mi mensajero que envié?” “¿Quién es tan ciego como el perfecto, tan ciego como el siervo del Señor?”
El hombre perfecto no juzga según las apariencias, sino que juzga rectamente. Ve a los demás como desea que sean; escucha únicamente lo que quiere escuchar. Ve solo el bien en los demás. En él no hay condenación, pues transforma el mundo con su mirar y su escuchar.
“El rey que se sienta en el trono dispersa el mal con su mirada.”
La compasión por los seres vivos, el acuerdo con las limitaciones humanas, no está en la conciencia del rey, porque él ha aprendido a separar los falsos conceptos de los demás de su verdadero ser. Para él, la pobreza no es más que el sueño de la riqueza. No ve orugas, sino mariposas pintadas por ser; no ve invierno, sino verano dormido; no ve al hombre en necesidad, sino a Jesús dormido. Jesús de Nazaret, que dispersaba el mal con su mirada, duerme en la imaginación de todo hombre, y de su propia imaginación debe el hombre despertarlo afirmando subjetivamente “YO SOY Jesús.” Solo entonces verá a Jesús, pues el hombre solo puede ver lo que está despierto en sí mismo. El vientre sagrado es la imaginación del hombre. El hijo sagrado es esa concepción de sí mismo que se ajusta a la definición de perfección de Isaías.
Presta atención a las palabras de San Agustín:
“Demasiado tarde te he amado, porque he aquí que tú estabas dentro y era fuera donde yo te buscaba.”
“Aunque Cristo nazca mil veces en Belén, si no nace en ti, tu alma seguirá desamparada.”
La creación está terminada. Llamas tu creación a la existencia sintiendo la realidad del estado que deseas invocar. Un estado de ánimo atrae sus afinidades pero no crea lo que atrae. Así como el sueño es invocado sintiendo “estoy soñoliento”, así también Jesucristo es invocado por el sentimiento “YO SOY Jesucristo.” El hombre solo se ve a sí mismo. Nada le acontece al hombre que no sea de su propia naturaleza. Las personas emergen de la masa delatando su estrecha afinidad con tus estados de ánimo a medida que son engendrados. Las encuentras aparentemente por casualidad pero descubres que son íntimas de tus estados de ánimo. Como tus estados de ánimo se externalizan continuamente, podrías profetizar a partir de tus estados de ánimo que pronto, sin buscarlo, te encontrarás con ciertos personajes y ciertas condiciones. Por tanto, llama al ser perfecto a la existencia viviendo en el sentimiento “YO SOY Cristo”, pues Cristo es el único concepto de sí mismo a través del cual pueden verse las realidades sin velo de la eternidad.
Nuestro comportamiento está influenciado por nuestra suposición subconsciente respecto a nuestro propio rango social e intelectual y al de la persona a quien nos dirigimos. Busquemos y evoquemos el rango más elevado, y el más noble de todos es aquel que despoja al hombre de su mortalidad y lo viste con una gloria inmortal sin límites. Asumamos el sentimiento “YO SOY Cristo”, y todo nuestro comportamiento cambiará sutil e inconscientemente de acuerdo con esa suposición.
Nuestras suposiciones subconscientes se externalizan continuamente para que otros puedan vernos conscientemente tal como nos vemos a nosotros mismos subconscientemente, y nos digan con sus acciones lo que nosotros mismos hemos asumido ser subconscientemente. Por tanto, asumamos el sentimiento “YO SOY Cristo”, hasta que nuestra afirmación consciente se convierta en nuestra suposición subconsciente, de modo que “todos nosotros, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen.” Que Dios despierte y sus enemigos sean destruidos. No hay oración más grande para el hombre.
✦ Fin de La Oración: El Arte de Creer · Neville Goddard · 1945
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✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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