Este capítulo forma parte del libro Libertad para Todos (1942).
Puedes consultar el índice general para ver el recorrido completo.
Capítulo 1: LA UNIDAD DE DIOS
«ESCUCHA, oh Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.»
Escucha, oh Israel: Escucha, oh hombre hecho de la misma sustancia de Dios: ¡tú y Dios son uno e indivisibles! El hombre, el mundo y todo lo que hay en él son estados condicionados del único no condicionado, Dios. Tú eres este único; tú eres Dios condicionado como hombre.
Todo aquello que crees que Dios es, tú lo eres; pero nunca sabrás que esto es verdad hasta que dejes de atribuírselo a otro, y reconozcas que ese aparente otro eres tú mismo. Dios y el hombre, espíritu y materia, lo sin forma y lo formado, el creador y la creación, la causa y el efecto, tu Padre y tú son uno. Este único, en quien todos los estados condicionados viven, se mueven y tienen su ser, es tu YO SOY, tu conciencia no condicionada.
La conciencia no condicionada es Dios, la sola y única realidad. Por conciencia no condicionada se entiende un sentido de conciencia; un sentido de saber que YO SOY aparte de saber quién soy; la conciencia de ser, separada de aquello de lo que soy consciente de ser. YO SOY consciente de ser hombre, pero no necesito ser hombre para ser consciente de ser. Antes de volverme consciente de ser alguien, yo, conciencia no condicionada, era consciente de ser, y esta conciencia no depende de ser alguien. YO SOY conciencia autoexistente, no condicionada; me volví consciente de ser alguien; y me volveré consciente de ser alguien distinto de aquello de lo que ahora soy consciente de ser; pero YO SOY eternamente consciente de ser, ya sea que sea lo sin forma no condicionado o que sea forma condicionada.
Como estado condicionado, yo (el hombre) puedo olvidar quién soy o dónde estoy, pero no puedo olvidar que YO SOY. Este saber que YO SOY, esta conciencia de ser, es la única realidad.
Esta conciencia no condicionada, el YO SOY, es esa realidad conocedora en la que todos los estados condicionados, concepciones de mí mismo, comienzan y terminan, pero que siempre permanece como el ser que conoce y es desconocido cuando todo lo conocido deja de ser.
Todo aquello que alguna vez he creído ser, todo lo que ahora creo ser, y todo lo que alguna vez creeré ser, no son más que intentos de conocerme a mí mismo, la realidad desconocida e indefinida.
Este conocedor desconocido, o conciencia no condicionada, es mi verdadero ser, la sola y única realidad. YO SOY la realidad no condicionada condicionada como aquello que creo ser. YO SOY el creyente limitado por mis creencias, el conocedor definido por lo conocido.
El mundo es mi conciencia condicionada objetivada. Aquello que siento y creo que es verdad de mí mismo ahora se proyecta en el espacio como mi mundo. El mundo, mi yo reflejado, siempre da testimonio del estado de conciencia en el que vivo.
No hay azar ni accidente responsables de las cosas que me suceden ni del entorno en el que me encuentro. Tampoco es un destino predestinado el autor de mis fortunas o infortunios. Inocencia y culpa son meras palabras sin significado para la ley de la conciencia, salvo en la medida en que reflejan el estado de conciencia.
La conciencia de culpa suscita condenación. La conciencia de carencia produce pobreza. El hombre constantemente objetiviza el estado de conciencia en el que habita, pero de algún modo se ha confundido al interpretar la ley de causa y efecto. Ha olvidado que el estado interior es la causa de la manifestación exterior, «Como es adentro, es afuera», y en su olvido cree que un Dios externo tiene sus propias razones peculiares para hacer las cosas, razones que están más allá de la comprensión del simple hombre; o cree que las personas sufren por errores del pasado que la mente consciente ha olvidado; o, nuevamente, que el azar ciego hace el papel de Dios.
Un día el hombre comprenderá que su propia YO SOYdad es el Dios que ha estado buscando a lo largo de los siglos, y que su propio sentido de conciencia, su conciencia de ser, es la sola y única realidad.
Lo más difícil para el hombre de comprender es esto: que la «YO SOYdad» en sí mismo es Dios. Es su verdadero ser o estado padre, el único estado del que puede estar seguro. El hijo, su concepción de sí mismo, es una ilusión. Él siempre sabe que es, pero aquello que él es, es una ilusión creada por él mismo (el padre) en un intento de definirse a sí mismo.
Este descubrimiento revela que todo lo que he creído que Dios es, YO SOY. «YO SOY la resurrección y la vida», es una afirmación de hecho acerca de mi conciencia, pues mi conciencia resucita o hace visiblemente vivo aquello de lo que soy consciente de ser.
«YO SOY la puerta… todos los que vinieron antes de mí son ladrones y salteadores», me muestra que mi conciencia es la sola y única entrada al mundo de la expresión; que asumir la conciencia de ser o de poseer aquello que deseo ser o poseer es el único medio por el cual puedo llegar a serlo o poseerlo; que cualquier intento de expresar ese estado deseado por medios distintos a asumir la conciencia de serlo o poseerlo es ser despojado del gozo de su expresión y posesión. «YO SOY el principio y el fin», revela mi conciencia como la causa del nacimiento y de la muerte de toda expresión. «YO SOY me ha enviado», revela que mi conciencia es el Señor que me envía al mundo a imagen y semejanza de aquello de lo que soy consciente de ser, para vivir en un mundo compuesto de todo aquello de lo que soy consciente.
«YO SOY el Señor, y no hay Dios fuera de mí», declara que mi conciencia es el solo y único Señor, y fuera de mi conciencia no hay Dios. «Estad quietos y sabed que YO SOY Dios», significa que debo aquietar la mente y saber que la conciencia es Dios. «No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano», «YO SOY el Señor: ese es mi nombre». Ahora que has descubierto tu YO SOY, que tu conciencia es Dios, no afirmes que algo es verdad de ti mismo si no afirmarías que es verdad de Dios, porque al definirte a ti mismo estás definiendo a Dios. Aquello de lo que eres consciente de ser es aquello que has llamado Dios. Dios y el hombre son uno.
Tú y tu Padre son uno. Tu conciencia no condicionada, o YO SOY, y aquello de lo que eres consciente de ser, son uno. El que concibe y la concepción son uno. Si tu concepción de ti mismo es menor que aquello que afirmas como verdadero de Dios, has robado a Dios, el Padre, porque tú (el hijo o la concepción) das testimonio del Padre o del que concibe. No tomes en vano el nombre mágico de Dios, YO SOY, porque no serás tenido por inocente; debes expresar todo aquello que afirmas ser. Nombra a Dios definiéndote conscientemente como tu ideal más elevado.
← Capítulo anterior · Índice · Todos los libros →
✧ Fuente: Cool Wisdom Books
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
Archivo Neville Goddard en español.
📖 Archivo completo de libros y conferencias traducidas.




