Este capítulo forma parte del libro Libertad para Todos (1942).
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Capítulo 2: EL NOMBRE DE DIOS
No se puede afirmar lo suficiente que la conciencia es la única y verdadera realidad, pues esta es la verdad que libera al hombre. Este es el fundamento sobre el que descansa toda la estructura de la literatura bíblica. Los relatos de la Biblia son todas revelaciones místicas escritas en un simbolismo oriental que le revela al intuitivo el secreto de la creación y la fórmula de la liberación. La Biblia es el intento del hombre de expresar en palabras la causa y el modo de la creación. El hombre descubrió que su conciencia era la causa o creadora de su mundo, y procedió entonces a contar la historia de la creación en una serie de relatos simbólicos que hoy conocemos como la Biblia.
Para comprender este, el más grande de todos los libros, necesitas un poco de inteligencia y mucha intuición: inteligencia suficiente para poder leer el libro, e intuición suficiente para interpretar y comprender lo que lees. Quizás te preguntes por qué la Biblia está escrita de forma simbólica. ¿Por qué no fue escrita en un estilo claro y sencillo para que todos los que la leyeran pudieran comprenderla? A estas preguntas respondo que todos los hombres le hablan de manera simbólica a aquella parte del mundo que difiere de la suya.
El lenguaje de Occidente nos resulta claro a los occidentales, pero es simbólico para el Oriente, y viceversa. Un ejemplo de esto se puede encontrar en la instrucción del hombre oriental:
“Si tu mano te hace pecar, córtatela.” (Marcos 9:43)
Él habla de la mano no como la mano del cuerpo, sino como cualquier forma de expresión, y con ello te advierte que te apartes de aquella expresión en tu mundo que te resulta ofensiva. Al mismo tiempo, el hombre de Occidente confundiría sin querer al hombre de Oriente al decir: “Este banco está en las rocas.” Pues la expresión “en las rocas” equivale para el occidental a la quiebra, mientras que una roca para el oriental es símbolo de fe y seguridad.
“Lo compararé a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y descendió la lluvia, y vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.” (Mateo 7:24-25)
Para comprender de verdad el mensaje de la Biblia debes tener presente que fue escrita por la mente oriental y, por tanto, no puede ser tomada de forma literal por los de Occidente. Biológicamente no hay diferencia entre el Oriente y el Occidente. El amor y el odio son los mismos; el hambre y la sed son los mismos; la ambición y el deseo son los mismos; pero la técnica de expresión es vastamente diferente.
Lo primero que debes descubrir si quieres desvelar el secreto de la Biblia es el significado del nombre simbólico del creador, conocido por todos como Jehová. Esta palabra, “Jehová”, se compone de cuatro letras hebreas: JOD HE VAU HE. Todo el secreto de la creación está oculto dentro de este nombre.
La primera letra, JOD, representa el estado absoluto, la conciencia no condicionada; el sentido de presencia sin definir; esa totalidad abarcadora de la que surgen toda creación y todos los estados condicionados de la conciencia. En el lenguaje de hoy, JOD es YO SOY, la conciencia no condicionada.
La segunda letra, HE, representa al Hijo unigénito, un deseo, un estado imaginado. Simboliza una idea, un estado subjetivo definido o una imagen mental clarificada.
La tercera letra, VAU, simboliza el acto de unir al concebidor (JOD) con la concepción (HE): une la conciencia que desea con el estado deseado hasta que ambos se vuelven uno. Fijar un estado mental, definirte conscientemente como el estado deseado, imprimir en ti mismo el hecho de que ahora eres aquello que imaginaste o concebiste como tu objetivo, es la función de VAU. Clava o une la conciencia que desea con la cosa deseada. El proceso de cimentar o unir se lleva a cabo de forma subjetiva sintiendo la realidad de aquello que aún no ha sido objetivado.
La cuarta letra (HE) representa la objetivación de ese acuerdo subjetivo. El JOD HE VAU crea al hombre o al mundo manifestado (HE) a imagen y semejanza de sí mismo, el estado consciente subjetivo. Así, la función del HE final es dar testimonio objetivo del estado subjetivo JOD HE VAU. La conciencia condicionada se objetiva continuamente en la pantalla del espacio. El mundo es la imagen y semejanza del estado consciente subjetivo que lo creó. El mundo visible, por sí mismo, no puede hacer nada; solo da testimonio de su creador, el estado subjetivo. Es el hijo visible (HE) dando testimonio del Padre, el Hijo y la Madre invisibles, JOD HE VAU, una Santa Trinidad que solo puede verse cuando se hace visible como hombre o manifestación.
Tu conciencia no condicionada (JOD) es tu YO SOY, que visualiza o imagina un estado deseable (HE), y luego se vuelve consciente de ser ese estado imaginado, sintiéndolo y creyendo ser el estado imaginado. La unión consciente entre tú, que deseas, y aquello que deseas ser, se hace posible a través del VAU, es decir, de tu capacidad de sentir y creer. Creer es simplemente vivir en el sentimiento de ser realmente el estado imaginado, asumiendo la conciencia de ser el estado deseado. El estado subjetivo simbolizado como JOD HE VAU se objetiva entonces como HE, completando así el misterio del nombre y la naturaleza del creador: JOD HE VAU HE (Jehová).
JOD es ser consciente. HE es ser consciente de algo. VAU es ser consciente como, es decir, ser consciente de ser aquello de lo que solo eras consciente. El segundo HE es tu mundo visible y objetivado, hecho a imagen y semejanza del JOD HE VAU, de aquello de lo que eres consciente de ser.
“Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.” (Génesis 1:26)
Hagamos, JOD HE VAU, la manifestación objetiva (HE) a nuestra imagen, la imagen del estado subjetivo. El mundo es la semejanza objetivada del estado consciente subjetivo en que mora la conciencia. Esta comprensión de que la conciencia es la única y verdadera realidad es el fundamento de la Biblia. Los relatos de la Biblia son intentos de revelar en lenguaje simbólico el secreto de la creación, así como de mostrarle al hombre la única fórmula para liberarse de todas sus propias creaciones. Este es el verdadero significado del nombre de Jehová, el nombre por el cual todas las cosas son hechas y sin el cual nada de lo que ha sido hecho fue hecho.
Primero eres consciente. Luego te vuelves consciente de algo. Luego te vuelves consciente como aquello de lo que eras consciente. Y finalmente contemplas de manera objetiva aquello de lo que eres consciente de ser.
✧ Fuente: Cool Wisdom Books
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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