Este capítulo forma parte del libro Libertad para Todos (1942).
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Capítulo 8: LA FE
“Y Jesús les dijo: Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.” (Mateo 17:20)
Esta fe de un grano de mostaza ha resultado ser una piedra de tropiezo para el hombre. Se le ha enseñado a creer que un grano de mostaza significa un pequeño grado de fe. Así que naturalmente se pregunta por qué él, un hombre maduro, debería carecer de esta insignificante medida de fe cuando una cantidad tan pequeña asegura el éxito.
“La fe”, se le dice, “es la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que no se ven.” (Hebreos 11:1) Y también:
“Por la fe... el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve no fue hecho de cosas que aparecen.” (Hebreos 11:3)
Las cosas invisibles fueron hechas visibles. El grano de mostaza no es la medida de una pequeña cantidad de fe. Por el contrario, es lo absoluto en la fe. Una semilla de mostaza es consciente de ser una semilla de mostaza y solo una semilla de mostaza. No es consciente de ninguna otra semilla en el mundo. Está sellada en la convicción de que es una semilla de mostaza de la misma manera que el espermatozoide sellado en el útero es consciente de ser hombre y solo hombre.
Un grano de mostaza es verdaderamente la medida de fe necesaria para lograr cada uno de tus objetivos; pero como la semilla de mostaza, tú también debes perderte en la conciencia de ser únicamente la cosa deseada. Moras dentro de este estado sellado hasta que se abre por sí mismo y revela tu reclamo consciente. La fe es el sentimiento o el vivir en la conciencia de ser la cosa deseada; la fe es el secreto de la creación, el VAU en el nombre divino JOD HE VAU HE; la fe es el Cam en la familia de Noé; la fe es el sentido del sentimiento por el cual Isaac bendijo e hizo real a su hijo Jacob. Por la fe Dios, tu conciencia, llama a las cosas que no se ven como si fueran y las hace visibles.
Es la fe la que te permite volverte consciente de ser la cosa deseada; y de nuevo, es la fe la que te sella en este estado consciente hasta que tu reclamo invisible madura y se expresa, se hace visible. La fe o el sentimiento es el secreto de esta apropiación. A través del sentimiento, la conciencia que desea se une a la cosa deseada.
¿Cómo te sentirías si fueras aquello que deseas ser? Viste el estado de ánimo, este sentimiento que sería tuyo si ya fueras aquello que deseas ser; y en poco tiempo quedarás sellado en la creencia de que lo eres. Entonces, sin esfuerzo, este estado invisible se objetivará; lo invisible se hará visible.
Si tuvieras la fe de un grano de mostaza, este mismo día, a través de la sustancia mágica del sentimiento, te sellarías en la conciencia de ser aquello que deseas ser. En esta quietud mental o mirada como de tumba, permanecerías, confiado en que no necesitas a nadie que quite la piedra, pues todos los montes, las piedras y los habitantes de la tierra no son nada a tus ojos. Aquello que ahora reconoces como verdadero de ti mismo, este estado consciente presente, actuará según su naturaleza entre todos los habitantes de la tierra, y ninguno puede detener su mano ni decirle: ¿Qué haces? Nadie puede impedir que este estado consciente en el que estás sellado se encarne a sí mismo, ni cuestionar su derecho a ser.
Este estado consciente, cuando está debidamente sellado por la fe, es una palabra de Dios, YO SOY, pues el hombre así asentado está diciendo: “YO SOY tal y cual...”, y la palabra de Dios, mi estado consciente fijo, es espíritu y no puede volver a mí vacía sino que debe cumplir aquello para lo cual es enviada. La palabra de Dios, tu estado consciente, debe encarnarse a sí misma para que puedas saber:
“YO SOY el Señor... no hay Dios fuera de mí” (Isaías 45:5);
“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:14); y
“Él envió su palabra y los sanó.” (Salmos 107:20)
Tú también puedes enviar tu palabra, la palabra de Dios, y sanar a un amigo. ¿Hay algo que te gustaría escuchar de un amigo? Define esa cosa que sabes que él amaría ser o poseer. Ahora, con tu deseo debidamente definido, tienes una palabra de Dios. Para enviar esta palabra en su camino, para hablar esta palabra a la existencia, simplemente haz esto. Siéntate quietamente donde estás y asume la actitud mental de escuchar; recuerda la voz de tu amigo; con esta voz familiar establecida en tu conciencia, imagina que realmente estás escuchando su voz y que él te está diciendo que es o tiene aquello que querías que fuera o tuviera. Imprime en tu conciencia el hecho de que realmente lo escuchaste y que él te dijo lo que querías escuchar; siente la emoción de haber escuchado. Luego suéltalo por completo. Este es el secreto del místico de enviar palabras a la expresión, de hacer carne la palabra. Formas dentro de ti mismo la palabra, la cosa que quieres escuchar; luego escuchas y te la dices a ti mismo.
“Habla, Señor, que tu siervo escucha.” (1 Samuel 3:9)
Tu conciencia es el Señor que habla a través de la voz familiar de un amigo e imprime en ti mismo aquello que deseas escuchar. Esta autoimpregnación, el estado impreso en ti mismo, la palabra, tiene modos y medios de expresarse que ningún hombre conoce. A medida que logras realizar la impresión, permanecerás imperturbable ante las apariencias, pues esta autoimpresión está sellada como un grano de mostaza y en su debido tiempo madurará hasta su plena expresión.
✧ Fuente: Cool Wisdom Books
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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