Tu fe es tu fortuna · Neville Goddard · 1941 · Capítulo 12
Crucifixión y Resurrección.
Este es el Capítulo 12 del libro Tu fe es tu fortuna (1941). Puedes consultar el índice general para ver el recorrido completo del libro.
Capítulo 12: Crucifixión y Resurrección
«YO SOY la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.» — Juan 11:25
El misterio de la crucifixión y la resurrección está tan entrelazado que, para comprenderlo plenamente, ambos deben explicarse juntos, pues uno determina al otro. Este misterio se simboliza en la tierra en los rituales del Viernes Santo y la Pascua (Easter, Pascua cristiana). Habrás observado que el aniversario de este acontecimiento cósmico, anunciado cada año por la iglesia, no es una fecha fija como lo son otros aniversarios que conmemoran nacimientos y muertes, sino que cambia de un año a otro, pudiendo caer en cualquier día entre el 22 de marzo y el 25 de abril.
El día de la resurrección se determina de la siguiente manera. El primer domingo después de la luna llena en Aries se celebra como Pascua. Aries comienza el 21 de marzo y termina aproximadamente el 19 de abril. La entrada del sol en Aries marca el comienzo de la primavera. La luna, en su tránsito mensual alrededor de la tierra, formará en algún momento entre el 21 de marzo y el 25 de abril una oposición al sol; a esta oposición se le llama luna llena. El primer domingo después de que ocurre este fenómeno celestial se celebra como Pascua; el viernes anterior a ese día se observa como Viernes Santo.
Visto desde la tierra, el sol, en su tránsito hacia el norte, parece, en la estación primaveral, cruzar la línea imaginaria que el hombre llama el ecuador. Por eso el místico dice que es «cruzado» o «crucificado», para que el hombre pueda vivir. Es significativo que poco después de que este hecho tiene lugar, toda la naturaleza comienza a levantarse o a resucitar de su largo sueño invernal. Por lo tanto, puede concluirse que esta conmoción de la naturaleza, en esta época del año, se debe directamente a ese cruce. Así, se cree que el sol debe derramar su sangre en la Pascua judía (Passover, Pésaj).
Si estos días marcaran la muerte y la resurrección de un hombre, estarían fijados de modo que cayeran en la misma fecha cada año, como ocurre con todos los demás acontecimientos históricos; pero evidentemente no es así. Estas fechas no fueron destinadas a señalar los aniversarios de la muerte y resurrección de Jesús, el hombre.
Las Escrituras son dramas psicológicos y solo revelan su significado cuando se interpretan psicológicamente. Estas fechas se ajustan para coincidir con el cambio cósmico que ocurre en esta época del año, marcando la muerte del año viejo y el comienzo o resurrección del año nuevo, la primavera.
Estas fechas sí simbolizan la muerte y la resurrección del Señor; pero este Señor no es un hombre: es tu conciencia de ser. Está registrado que Él dio su vida para que tú pudieras vivir:
«YO SOY ha venido para que tengáis vida y para que la tengáis en abundancia».
La conciencia se da muerte a sí misma al desprenderse de aquello de lo que es consciente de ser, para poder vivir a aquello que desea ser.
La primavera es la época del año en que los millones de semillas que durante todo el invierno permanecían enterradas en la tierra, de pronto brotan a la visibilidad para que el hombre pueda vivir; y, puesto que el drama místico de la crucifixión y la resurrección está en la naturaleza de este cambio anual, se celebra en esta estación primaveral; pero, en realidad, está teniendo lugar en cada instante del tiempo.
El ser que es crucificado es tu conciencia de ser. La cruz es tu concepción de ti mismo. La resurrección es la elevación a la visibilidad de esa concepción de ti mismo.
Lejos de ser un día de duelo, el Viernes Santo debería ser un día de regocijo, pues no puede haber resurrección o expresión si antes no hay crucifixión o impresión. Lo que debe resucitar en tu caso es aquello que deseas ser. Para ello debes sentirte como la cosa deseada. Debes sentir:
«YO SOY la resurrección y la vida del deseo».
YO SOY (tu conciencia de ser) es el poder que resucita y da vida a aquello que, en tu conciencia, deseas ser.
«Si dos se ponen de acuerdo en tocar cualquier cosa, yo la estableceré en la tierra».
Los dos que se ponen de acuerdo sois tú (tu conciencia, la conciencia que desea) y la cosa deseada. Cuando este acuerdo se alcanza, la crucifixión queda completada; dos se han cruzado o crucificado mutuamente. YO SOY y ESO, la conciencia y aquello de lo que eres consciente de ser, se han unido y son uno. YO SOY queda ahora clavado o fijado en la creencia de que YO SOY esta fusión. Jesús o YO SOY queda clavado en la cruz de ESO. El clavo que te ata a la cruz es el clavo del sentir.
La unión mística queda ahora consumada y el resultado será el nacimiento de un hijo o la resurrección de un hijo que da testimonio de su Padre. La conciencia está unida a aquello de lo que es consciente de ser. El mundo de la expresión es el hijo que confirma esta unión. El día en que dejes de ser consciente de ser aquello de lo que ahora eres consciente de ser, ese día tu hijo o expresión morirá y regresará al seno de su Padre, la conciencia sin rostro y sin forma.
Todas las expresiones son el resultado de tales uniones místicas. Por eso los sacerdotes están en lo cierto cuando dicen que los verdaderos matrimonios se hacen en el cielo y sólo pueden disolverse en el cielo. Pero permíteme aclarar esta afirmación diciéndote que el cielo no es un lugar; es un estado de conciencia. El Reino del Cielo está dentro de ti. En el cielo (conciencia), Dios es tocado por aquello de lo que es consciente de ser.
«¿Quién me ha tocado? Porque percibo que virtud ha salido de mí».
En el instante en que este tocar (sentir) tiene lugar, se produce una descendencia o una salida-de-mí hacia la visibilidad.
El día que el hombre siente «YO SOY libre», «YO SOY rico», «YO SOY fuerte», Dios (YO SOY) es tocado o crucificado por esas cualidades o virtudes. Los resultados de tal tocar o crucificar se verán en el nacimiento o la resurrección de las cualidades sentidas, pues el hombre debe tener confirmación visible de todo aquello de lo que es consciente ser. Ahora comprenderás por qué el hombre o la manifestación es siempre hecho a imagen de Dios. Tu conciencia imagina y exterioriza todo aquello de lo que eres consciente ser.
«YO SOY el Señor y fuera de mí no hay Dios.»
«YO SOY la Resurrección y la Vida.»
Llegarás a quedar fijado en la creencia de que eres aquello que deseas ser. Antes de tener prueba visible alguna de que lo eres, por la profunda convicción que has sentido fijada dentro de ti, sabrás que lo eres; y así, sin esperar la confirmación de tus sentidos, exclamarás:
«Está consumado.»
Entonces, con una fe nacida del conocimiento de esta ley inmutable, serás como uno muerto y sepultado; permanecerás quieto e imperturbable en tu convicción, confiado en que resucitarás las cualidades que has fijado y estás sintiendo dentro de ti.
✦ Nota aclaratoria
En este capítulo, Neville utiliza dos términos en inglés que en español suelen traducirse como «Pascua», pero que se refieren a celebraciones distintas según el contexto. Los coloco aquí en el orden en que aparecen en el texto:
Easter → Pascua cristiana (Resurrección), celebrada el domingo posterior a la primera luna llena tras el equinoccio de primavera.
Passover → Pascua judía (Pésaj), celebración hebrea que conmemora el éxodo.
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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