Este es el Capítulo 14 del libro Tu fe es tu fortuna (1941). Puedes consultar el índice general para ver el recorrido completo del libro.
Capítulo 14: Circuncisión
«En quien también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha por manos, al despojaros del cuerpo de los pecados de la carne, por la circuncisión de Cristo.» — COL. 2:11.
La circuncisión es la operación que quita el velo que oculta la cabeza de la creación. El acto físico nada tiene que ver con el acto espiritual. Todo el mundo podría estar físicamente circuncidado y, sin embargo, permanecer impuro y como ciego guiando a ciegos. Los espiritualmente circuncidados han tenido removido el velo de oscuridad y saben de sí mismos que son Cristo, la luz del mundo.
Permíteme ahora realizar en ti, lector, la operación espiritual. Este acto se realiza al octavo día después del nacimiento, no porque ese día tenga algún significado especial o en modo alguno difiera de los demás, sino porque se realiza en este octavo día ya que el ocho es la figura que no tiene ni principio ni fin. Además, los antiguos simbolizaban el número, o la letra, ocho como un recinto o velo dentro y detrás del cual yacía enterrado el misterio de la creación. Así, el secreto de la operación en el octavo día está en armonía con la naturaleza del acto, cuyo propósito es revelar la cabeza eterna de la creación, ese algo inmutable en el cual todas las cosas comienzan y terminan y que, sin embargo, permanece eternamente siendo él mismo cuando todas las cosas dejan de ser. Ese misterioso algo es tu conciencia de ser.
En este momento eres consciente de ser, pero también eres consciente de ser alguien. Ese alguien es el velo que oculta el ser que realmente eres. Primero eres consciente de ser; luego eres consciente de ser hombre. Después de que el velo del hombre es colocado sobre tu ser sin rostro, te vuelves consciente de ser miembro de una determinada raza, nación, familia, credo, etc. El velo que debe levantarse en la circuncisión espiritual es el velo del hombre. Pero antes de que esto pueda hacerse, debes cortar las adherencias de raza, nación, familia y demás.
«En Cristo no hay ni griego ni judío, ni esclavo ni libre, ni varón ni mujer.»
«Debes dejar padre, madre, hermano y seguirme.»
Para lograrlo, dejas de identificarte con estas divisiones al volverte indiferente a tales afirmaciones. La indiferencia es el cuchillo que corta. El sentimiento es el lazo que ata. Cuando puedas mirar al hombre como una gran hermandad sin distinción de raza o credo, entonces sabrás que has cortado estas adherencias. Con estos lazos cortados, lo único que ahora te separa de tu verdadero ser es tu creencia de que eres hombre.
Para quitar este último velo, abandonas tu concepción de ti mismo como hombre al conocerte simplemente como ser. En lugar de la conciencia de «YO SOY hombre», que haya solo «YO SOY», sin rostro, sin forma y sin figura. Eres espiritualmente circuncidado cuando la conciencia de hombre es abandonada y tu conciencia incondicionada de ser te es revelada como la cabeza eterna de la creación, una presencia sin forma, sin rostro y omnisciente. Entonces, sin velo y despierto, declararás y sabrás que «YO SOY es Dios y fuera de mí, esta conciencia, no hay Dios».
Este misterio se narra simbólicamente en la historia bíblica de Jesús lavando los pies a sus discípulos. Está escrito que Jesús se quitó sus vestiduras, tomó una toalla y se ciñó con ella. Luego, después de lavar los pies de sus discípulos, los secó con la toalla con la que estaba ceñido. Pedro protestó por el lavado de sus pies y se le dijo que, a menos que sus pies fueran lavados, no tendría parte con Jesús. Al oír esto, Pedro respondió:
«Señor, no solo mis pies, sino también mis manos y mi cabeza.»
Jesús respondió y dijo:
«El que está lavado no necesita sino lavarse los pies, pues está limpio por completo.»
El sentido común le diría al lector que un hombre no está limpio por completo solo porque se le laven los pies. Por lo tanto, debería descartar esta historia como fantástica o, de lo contrario, buscar su significado oculto. Toda historia de la Biblia es un drama psicológico que tiene lugar en la conciencia del hombre, y esta no es la excepción. Este lavado de los pies de los discípulos es la historia mística de la circuncisión espiritual o de la revelación de los secretos del Señor.
Jesús es llamado el Señor. Se te dice que el nombre del Señor es YO SOY—Je Suis.
«YO SOY el Señor; ese es mi nombre» — Isaías 42:8.
La historia declara que Jesús estaba desnudo, salvo por una toalla que cubría sus lomos o secretos. Jesús, o el Señor, simboliza tu conciencia de ser, cuyos secretos están ocultos por la toalla (la conciencia de hombre). El pie simboliza el entendimiento que debe ser lavado de todas las creencias o concepciones humanas acerca de sí mismo por el Señor. Cuando la toalla es retirada para secar los pies, los secretos del Señor son revelados. En resumen, el abandono de la creencia de que eres hombre revela tu conciencia como la cabeza de la creación. El hombre es el prepucio que oculta la cabeza de la creación. YO SOY es el Señor oculto por el velo del hombre.
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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