Este capítulo forma parte del libro Tu fe es tu fortuna (1941).
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Capítulo 17: Oración
«Cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en secreto, te recompensará abiertamente.» –Mat. 6:6.
«Todo lo que deseéis, cuando oréis, creed que lo recibís, y lo tendréis.» –Mar. 11:24.
La oración es la experiencia más maravillosa que el hombre puede tener. A diferencia de los murmullos diarios de la vasta mayoría de la humanidad en todas las tierras, quienes por sus vanas repeticiones esperan ganar el oído de Dios, la oración es el éxtasis de una boda espiritual que tiene lugar en la profunda y silenciosa quietud de la conciencia. En su verdadero sentido, la oración es la ceremonia de matrimonio de Dios. Así como una doncella en el día de su boda renuncia al nombre de su familia para asumir el nombre de su esposo, de igual manera quien ora debe renunciar a su nombre o naturaleza presente y asumir la naturaleza de aquello por lo cual ora.
Los evangelios han instruido claramente al hombre en cuanto a la realización de esta ceremonia de la siguiente manera:
«Cuando oréis, entrad en lo secreto y cerrad la puerta, y vuestro Padre, que ve en lo secreto, os recompensará abiertamente.»
El ir hacia dentro es entrar en la cámara nupcial. Así como nadie, excepto la novia y el novio, puede entrar en un recinto tan sagrado como la suite nupcial en la noche de la ceremonia de matrimonio, de igual manera nadie, salvo quien ora y aquello por lo cual ora, puede entrar en la hora santa de la oración. Así como la novia y el novio, al entrar en la suite nupcial, cierran con seguridad la puerta contra el mundo exterior, así también quien entra en la hora santa de la oración debe cerrar la puerta de los sentidos y excluir por completo el mundo que le rodea. Esto se logra apartando totalmente la atención de todas las cosas distintas de aquella con la que ahora estás enamorado, es decir, la cosa deseada.
La segunda fase de esta ceremonia espiritual se define en estas palabras:
«Cuando oréis, creed que recibís, y recibiréis.»
Al contemplar con gozo ser y poseer aquello que deseas ser y tener, has dado este segundo paso y, por lo tanto, estás realizando espiritualmente los actos de matrimonio y generación.
Tu actitud mental receptiva, mientras oras o contemplas, puede compararse con una novia o un vientre, pues es ese aspecto de la mente el que recibe las impresiones. Aquello que contemplas ser es el novio, pues es el nombre o naturaleza que asumes y, por lo tanto, es aquello que deja su impregnación; así, uno muere a su condición de doncella, es decir, a su naturaleza presente, al asumir el nombre y la naturaleza de la impregnación.
Perdido en la contemplación y habiendo asumido el nombre y la naturaleza de aquello contemplado, todo tu ser se estremece con la alegría de serlo. Este estremecimiento que recorre todo tu ser mientras te apropias de la conciencia de tu deseo es la prueba de que estás tanto casado como fecundado. Al regresar de esta meditación silenciosa, la puerta se abre una vez más al mundo que habías dejado atrás. Pero esta vez regresas como una novia encinta. Entras en el mundo como un ser transformado y, aunque nadie excepto tú conoce este maravilloso romance, el mundo en muy poco tiempo verá las señales de tu embarazo, pues comenzarás a expresar aquello que, en tu hora de silencio, sentiste ser.
La madre del mundo o novia del Señor es llamada deliberadamente María, o agua, pues el agua pierde su identidad al asumir la naturaleza de aquello con lo que se mezcla; de igual manera, María, la actitud mental receptiva, debe perder su identidad al asumir la naturaleza de la cosa deseada. Solo cuando uno está dispuesto a abandonar sus limitaciones e identidad presentes puede llegar a ser aquello que desea ser. La oración es la fórmula por la cual tales divorcios y matrimonios se llevan a cabo.
«Dos se pondrán de acuerdo acerca de cualquier cosa, y será establecido en la tierra.»
Los dos que se ponen de acuerdo sois tú, la novia, y la cosa deseada, el novio. Cuando este acuerdo se cumple, nace un hijo que da testimonio de esta unión. Comienzas a expresar y poseer aquello de lo que eres consciente de ser. Orar, entonces, es reconocerte a ti mismo como aquello que deseas ser, en lugar de suplicar a Dios por aquello que deseas.
Millones de oraciones quedan sin respuesta cada día porque el hombre ora a un Dios que no existe. Siendo la conciencia Dios, uno debe buscar en la conciencia aquello que desea, asumiendo la conciencia de la cualidad deseada. Solo cuando uno hace esto sus oraciones son respondidas. Ser consciente de ser pobre mientras se ora por riquezas es ser recompensado con aquello de lo que eres consciente de ser, es decir, pobreza. Para que las oraciones tengan éxito deben ser reclamadas y apropiadas. Asume la conciencia positiva de la cosa deseada.
Con tu deseo definido, entra en silencio dentro de ti y cierra la puerta tras de ti. Piérdete en tu deseo; siéntete uno con él; permanece en esta fijación hasta que hayas absorbido la vida y el nombre, afirmando y sintiéndote ser y tener aquello que deseabas. Cuando salgas de la hora de oración, debes hacerlo consciente de ser y poseer aquello que hasta entonces deseabas.
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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