Este es el Capítulo 2 del libro Tu fe es tu fortuna (1941).
Puedes consultar el índice general para ver el recorrido completo del libro.
Capítulo 2: Tú decretarás
«Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y prosperará en aquello para lo cual la envié.» — Isaías 55:11
El hombre puede decretar una cosa, y se cumplirá.
El hombre siempre ha decretado aquello que ha aparecido en su mundo. Hoy está decretando aquello que está apareciendo en su mundo, y continuará haciéndolo mientras el hombre sea consciente de ser hombre.
Nada ha aparecido jamás en el mundo del hombre que no haya sido decretado por el hombre para que así fuese. Esto puedes negarlo; pero por más que lo intentes no puedes refutarlo, porque este decretar se basa en un principio inmutable. El hombre no ordena que las cosas aparezcan por medio de sus palabras, las cuales, la mayoría de las veces, no son sino una confesión de sus dudas y temores. El decretar se realiza siempre en la conciencia.
Todo hombre expresa automáticamente aquello de lo que es consciente de ser. Sin esfuerzo ni uso de palabras, en cada momento del tiempo, el hombre se está ordenando a sí mismo ser y poseer aquello de lo que es consciente de ser y de poseer.
Este principio inmutable de expresión está dramatizado en todas las Biblias del mundo. Los autores de nuestros libros sagrados fueron místicos iluminados, consumados maestros en el arte de la psicología. Al relatar la historia del alma, personificaron este principio impersonal en forma de documento histórico, tanto para preservarlo como para ocultarlo a los ojos de los no iniciados.
Hoy, aquellos a quienes se les ha confiado este gran tesoro, a saber, los sacerdocios del mundo, han olvidado que las Biblias son dramas psicológicos que representan la conciencia del hombre; en su ciego olvido, ahora enseñan a sus seguidores a adorar a sus personajes como hombres y mujeres que realmente vivieron en el tiempo y el espacio.
Cuando el hombre ve la Biblia como un gran drama psicológico, con todos sus personajes y actores como cualidades y atributos personificados de su propia conciencia, entonces y solo entonces la Biblia le revelará la luz de su simbología. Este principio impersonal de la vida, que hizo todas las cosas, es personificado como Dios. Este Señor Dios, creador del cielo y de la tierra, es descubierto como la conciencia de ser del hombre. Si el hombre estuviera menos atado a la ortodoxia y fuese más observador de manera intuitiva, no podría dejar de notar, al leer las Escrituras, que la conciencia de ser es revelada cientos de veces a lo largo de esta literatura. Por nombrar solo algunas:
«YO SOY me ha enviado a vosotros.»
«Estad quietos y sabed que YO SOY Dios.»
«YO SOY el Señor y no hay otro Dios.»
«YO SOY el pastor.»
«YO SOY la puerta.»
«YO SOY la resurrección y la vida.»
«YO SOY el camino.»
«YO SOY el principio y el fin.»
YO SOY; la conciencia incondicionada de ser del hombre es revelada como Señor y creador de todo estado condicionado de ser. Si el hombre abandonara su creencia en un Dios aparte de sí mismo y reconociera su conciencia de ser como Dios, esta conciencia que se modela a sí misma a semejanza e imagen de su propia concepción, transformaría su mundo de un terreno baldío en un campo fértil conforme a su propio agrado.
El día en que el hombre haga esto sabrá que él y su Padre son uno, pero que su Padre es mayor que él. Sabrá que su conciencia de ser es una con aquello de lo que es consciente de ser, pero que su conciencia incondicionada de ser es mayor que su estado condicionado o que su concepción de sí mismo.
Cuando el hombre descubre que su conciencia es el poder impersonal de la expresión, poder que se personifica eternamente en sus concepciones de sí mismo, asumirá y se apropiará de aquel estado de conciencia que desea expresar; y al hacerlo, llegará a ser ese estado en expresión.
«Decretarás una cosa y se cumplirá» puede ahora decirse de esta manera: llegarás a ser consciente de ser o de poseer algo, y expresarás o poseerás aquello de lo que eres consciente de ser.
La ley de la conciencia es la única ley de la expresión.
«YO SOY el camino.»
«YO SOY la resurrección.»
La conciencia es el camino, así como el poder que resucita y expresa todo aquello de lo que el hombre llegará a ser consciente de ser.
Apártate de la ceguera del hombre no iniciado, que intenta expresar y poseer aquellas cualidades y cosas de las que no es consciente de ser y de poseer; y sé como el místico iluminado, que decreta sobre la base de esta ley inmutable. Reclámate conscientemente como aquello que buscas; apropíate de la conciencia de aquello que ves; y tú también conocerás la condición del verdadero místico, de la siguiente manera:
Llegué a ser consciente de serlo. Sigo siendo consciente de serlo. Y continuaré siendo consciente de serlo hasta que aquello de lo que soy consciente de ser sea perfectamente expresado.
Sí, decretaré una cosa y se cumplirá.
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
Archivo Neville Goddard en español.
📖 Archivo completo de libros y conferencias traducidas.




