Este capítulo forma parte del libro Tu fe es tu fortuna (1941).
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Capítulo 26: Getsemaní
«Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos: Sentaos aquí, mientras yo voy allí y oro.» —MAT. 26:36.
Un maravilloso romance místico se relata en la historia de Jesús en el Jardín de Getsemaní, pero el hombre no ha sabido ver la luz de su simbolismo y ha interpretado erróneamente esta unión mística como una experiencia agonizante en la que Jesús suplicó en vano a su Padre que cambiara su destino.
Getsemaní es para el místico el Jardín de la Creación, el lugar en la conciencia al que el hombre va para realizar sus objetivos definidos. Getsemaní es una palabra compuesta que significa extraer una sustancia aceitosa: Geth, extraer, y Shemen, una sustancia aceitosa. La historia de Getsemaní revela al místico, mediante un simbolismo dramático, el acto de la creación. Así como el hombre contiene dentro de sí una sustancia aceitosa que, en el acto de la creación, es extraída en una semejanza de sí mismo, así también tiene dentro de sí un principio divino (su conciencia) que se condiciona como un estado de conciencia y, sin ayuda, se extrae o se objetiva a sí mismo.
Un jardín es un terreno cultivado, un campo especialmente preparado donde se plantan y se cultivan las semillas que el jardinero ha elegido. Getsemaní es un jardín así, el lugar en la conciencia al que el místico va con sus objetivos correctamente definidos. Se entra en este jardín cuando el hombre retira su atención del mundo que lo rodea y la coloca en sus objetivos.
Los deseos clarificados del hombre son semillas que contienen el poder y los planes de autoexpresión y, como las semillas dentro del hombre, también estas son enterradas dentro de una sustancia aceitosa (una actitud mental gozosa y agradecida). Cuando el hombre contempla ser y poseer aquello que desea ser y poseer, ha comenzado el proceso de extraer o el acto espiritual de la creación. Estas semillas son extraídas y plantadas cuando el hombre se pierde en un estado salvaje y desbordado de alegría, sintiéndose y afirmándose conscientemente ser aquello que antes deseaba ser.
Los deseos expresados, o extraídos, dan como resultado la desaparición de ese deseo particular. El hombre no puede poseer una cosa y al mismo tiempo seguir deseando poseerla. Así, cuando uno se apropia conscientemente del sentimiento de ser la cosa deseada, ese deseo de ser la cosa desaparece, es realizado. La actitud receptiva de la mente, sintiendo y recibiendo la impresión de ser la cosa deseada, es el terreno fértil o vientre que recibe la semilla (objetivo definido).
La semilla que es extraída de un hombre crece a semejanza del hombre del cual fue extraída. Del mismo modo, la semilla mística, tu afirmación consciente de que eres aquello que hasta ahora deseabas ser, crecerá a semejanza de ti, de quien y en quien es extraída. Sí, Getsemaní es el jardín cultivado del romance donde el hombre disciplinado va a extraer de sí mismo semillas de alegría (deseos definidos) hacia su actitud mental receptiva, para allí cuidarlas y nutrirlas caminando conscientemente en el gozo de ser todo aquello que antes deseaba ser.
Siente, junto con el Gran Jardinero, el secreto estremecimiento de saber que cosas y cualidades que ahora no se ven serán vistas tan pronto como estas impresiones conscientes crezcan y maduren hasta su plenitud. Tu conciencia es señor y esposo; el estado de conciencia en el que habitas es esposa o amada. Este estado hecho visible es tu hijo que da testimonio de ti, su padre y su madre, pues tu mundo visible está hecho a imagen y semejanza del estado de conciencia en el que vives; tu mundo y todo lo que en él hay no son más ni menos que tu conciencia definida objetivada.
Sabiendo que esto es verdad, asegúrate de elegir bien a la madre de tus hijos, ese estado de conciencia en el que vives, tu concepción de ti mismo. El hombre sabio elige a su esposa con gran discreción. Se da cuenta de que sus hijos deben heredar las cualidades de sus padres y por eso dedica mucho tiempo y cuidado a la elección de su madre. El místico sabe que el estado de conciencia en el que vive es la elección que ha hecho de una esposa, la madre de sus hijos, que este estado debe, con el tiempo, encarnarse dentro de su mundo; por eso es siempre selectivo en su elección y siempre se afirma a sí mismo como su más alto ideal. Se define conscientemente como aquello que desea ser.
Cuando el hombre se da cuenta de que el estado de conciencia en el que vive es la elección que ha hecho de una compañera, será más cuidadoso con sus estados de ánimo y sus sentimientos. No se permitirá reaccionar ante sugerencias de miedo, de carencia o de cualquier impresión indeseable. Tales sugerencias de carencia nunca podrían pasar la vigilancia de la mente disciplinada del místico, pues él sabe que toda afirmación consciente debe, con el tiempo, expresarse como una condición de su mundo, de su entorno. Así, permanece fiel a su amada, su objetivo definido, definiéndose, afirmándose y sintiéndose ser aquello que desea expresar.
Que un hombre se pregunte si su objetivo definido sería algo de gozo y belleza si se realizara. Si su respuesta es afirmativa, entonces puede saber que su elección de esposa es una princesa de Israel, una hija de Judá, pues todo objetivo definido que expresa gozo cuando se realiza es una hija de Judá, el rey de la alabanza.
Jesús llevó consigo, en su hora de oración, a Sus discípulos, o atributos disciplinados de la mente, y les ordenó velar mientras Él oraba, para que ningún pensamiento o creencia que negara la realización de Su deseo pudiera entrar en Su conciencia. Sigue el ejemplo de Jesús, quien, con Sus deseos claramente definidos, entró en el Jardín de Getsemaní (el estado de gozo) acompañado por Sus discípulos (Su mente disciplinada) para perderse en un gozo desbordado de realización.
La fijación de Su atención en Su objetivo fue Su mandato a Su mente disciplinada de velar y permanecer fiel a esa fijación. Contemplando el gozo que sería Suyo al realizar Su deseo, comenzó el acto espiritual de generación, el acto de extraer la semilla mística, Su deseo definido. En esta fijación permaneció, afirmando y sintiéndose ser aquello que Él, antes de entrar en Getsemaní, deseaba ser, hasta que todo Su ser (conciencia) quedó bañado en un sudor aceitoso (gozo) semejante a sangre (vida), es decir, hasta que toda Su conciencia quedó impregnada con el gozo vivo y sostenido de ser Su objetivo definido.
Cuando esta fijación se logra de tal manera que el místico sabe, por su sentimiento de gozo, que ha pasado de su antiguo estado de conciencia a su conciencia presente, se alcanza la pascua o crucifixión. Esta crucifixión, o fijación de la nueva afirmación consciente, es seguida por el sábado, un tiempo de reposo. Siempre hay un intervalo de tiempo entre la impresión y su expresión, entre la afirmación consciente y su encarnación. Este intervalo se llama el sábado, el período de descanso o de no esfuerzo (el día de sepultura).
Caminar sin perturbación en la conciencia de ser o de poseer un cierto estado es guardar el sábado. La historia de la crucifixión expresa bellamente esta quietud mística o descanso. Se nos dice que después de que Jesús clamó: «¡Consumado es!», fue colocado en un sepulcro. Allí permaneció durante todo el sábado. Cuando el nuevo estado o conciencia es apropiado de tal manera que sientes, por esta apropiación, que está fijo y seguro en el conocimiento de que está terminado, entonces tú también clamarás: «¡Consumado es!» y entrarás en el sepulcro o sábado, un intervalo de tiempo en el que caminarás sin perturbación en la convicción de que tu nueva conciencia debe resucitar (hacerse visible).
La Pascua, el día de la resurrección, cae el primer domingo después de la luna llena en Aries. La razón mística de esto es sencilla. Un área definida no se precipitará en forma de lluvia hasta que alcance el punto de saturación; del mismo modo, el estado en el que habitas no se expresará hasta que todo esté impregnado de la conciencia de que es así, está terminado.
Tu objetivo definido es el estado imaginario, así como el ecuador es la línea imaginaria a través de la cual el sol debe pasar para señalar el comienzo de la primavera. Este estado, como la luna, no tiene luz ni vida por sí mismo, sino que refleja la luz de la conciencia o sol:
«YO SOY la luz del mundo, YO SOY la resurrección y la vida».
Así como la Pascua está determinada por la luna llena en Aries, así también la resurrección de tu afirmación consciente está determinada por la plena conciencia de tu afirmación, por vivir realmente como esta nueva concepción. La mayoría de los hombres no logra resucitar sus objetivos porque no permanece fiel a su estado recién definido hasta que esta plenitud se alcanza. Si el hombre tuviera presente el hecho de que no puede haber Pascua o día de resurrección hasta después de la luna llena, se daría cuenta de que el estado al que ha pasado conscientemente se expresará o resucitará solo después de haber permanecido dentro del estado de ser su objetivo definido. Hasta que todo su ser vibre con el sentimiento de ser realmente su afirmación consciente, viviendo conscientemente en ese estado de serlo, y solo de esta manera, el hombre podrá resucitar o realizar su deseo.
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
Archivo Neville Goddard en español.
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