Tu fe es tu fortuna · Neville Goddard · 1941 · Capítulo 3
El principio de la verdad.
Este es el Capítulo 3 del libro Tu fe es tu fortuna (1941).
Puedes consultar el índice general para ver el recorrido completo del libro.
Capítulo 3: El Principio de la Verdad
«Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» —Juan 8:32
«Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.»
La verdad que libera al hombre es el conocimiento de que su conciencia es la resurrección y la vida, que su conciencia resucita y da vida a todo aquello de lo que es consciente de ser. Aparte de la conciencia no hay ni resurrección ni vida.
Cuando el hombre abandona su creencia en un Dios separado de sí mismo y comienza a reconocer su conciencia de ser como Dios, tal como lo hicieron Jesús y los profetas, transformará su mundo con la comprensión:
«Yo y mi Padre somos uno, pero mi Padre es mayor que yo».
Sabrá que su conciencia es Dios, y que aquello de lo que es consciente de ser es el hijo que da testimonio de Dios, el Padre.
El que concibe y la concepción son uno, pero el que concibe es mayor que su concepción. Antes de que Abraham fuese, YO SOY. Sí, yo era consciente de ser antes de ser consciente de ser hombre, y en el día en que deje de ser consciente de ser hombre, seguiré siendo consciente de ser.
La conciencia de ser no depende de ser algo. Precedió a todas sus concepciones de sí misma y seguirá siendo cuando todas sus concepciones de sí misma dejen de ser.
«YO SOY el principio y el fin».
Es decir, todas las cosas o concepciones de mí mismo comienzan y terminan en mí, pero yo, la conciencia sin forma, permanezco para siempre.
Jesús descubrió esta gloriosa verdad y declaró ser uno con Dios, no el Dios que el hombre había fabricado, pues nunca reconoció a tal Dios. Jesús halló que Dios era su conciencia de ser, y así dijo al hombre que el Reino de Dios y el Cielo estaban dentro.
Cuando se registra que Jesús dejó el mundo y fue a su Padre, simplemente se está diciendo que apartó su atención del mundo de los sentidos y se elevó en conciencia hasta el nivel que deseaba expresar. Allí permaneció hasta llegar a ser uno con la conciencia a la que había ascendido. Cuando regresó al mundo del hombre, pudo actuar con la certeza positiva de aquello de lo que era consciente de ser, un estado de conciencia que nadie sino Él mismo sentía o sabía que poseía. El hombre, ignorante de esta ley eterna de la expresión, considera tales acontecimientos como milagros.
Elevarse en conciencia hasta el nivel de lo deseado y permanecer allí hasta que ese nivel se convierta en tu naturaleza es el camino de todos los aparentes milagros.
«Y yo, si fuere levantado, atraeré a todos a mí».
Si soy elevado en conciencia hasta que lo deseado se sienta natural, atraeré hacia mí la manifestación de ese deseo.
«Nadie viene a mí si el Padre que está en mí no lo atrae, y yo y mi Padre somos uno.»
Mi conciencia es el Padre que atrae hacia mí la manifestación de la vida. La naturaleza de la manifestación está determinada por el estado de conciencia en el que habito. Siempre estoy atrayendo a mi mundo aquello de lo que soy consciente de ser.
Si estás insatisfecho con tu expresión actual de la vida, entonces debes nacer de nuevo. El renacimiento es abandonar ese nivel con el que estás insatisfecho y elevarte a aquel nivel de conciencia que deseas expresar y poseer.
No puedes servir a dos amos ni a estados de conciencia opuestos al mismo tiempo. Al retirar tu atención de un estado y colocarla en otro, mueres para aquel del que la has retirado y vives y expresas aquel con el que te has unido.
El hombre no puede ver cómo sería posible expresar aquello que desea ser mediante una ley tan simple como adquirir la conciencia de la cosa deseada. La razón de esta falta de fe por parte del hombre es que mira el estado deseado a través de la conciencia de sus limitaciones actuales. Por lo tanto, de manera natural, lo ve como imposible de lograr.
Una de las primeras cosas que el hombre debe comprender es que es imposible, al tratar con esta ley espiritual de la conciencia, poner vino nuevo en odres viejos o remiendos nuevos en vestidos viejos. Es decir, no puedes tomar ninguna parte de la conciencia actual y llevarla al nuevo estado. Porque el estado buscado es completo en sí mismo y no necesita remiendo. Cada nivel de conciencia se expresa automáticamente por sí mismo.
Elevarse al nivel de cualquier estado es llegar automáticamente a ser ese estado en expresión. Pero, para elevarte al nivel que ahora no estás expresando, debes abandonar por completo la conciencia con la que ahora estás identificado. Hasta que la conciencia actual sea abandonada, no podrás elevarte a otro nivel. No te desalientes. Este soltar tu identidad actual no es tan difícil como podría parecer.
La invitación de las Escrituras, «estar ausente del cuerpo y estar presente con el Señor», no está dada para unos pocos selectos; es un llamado abarcador para toda la humanidad. El cuerpo del cual se te invita a escapar es tu concepción actual de ti mismo con todas sus limitaciones, mientras que el Señor con quien has de estar presente es tu conciencia de ser.
Para lograr esta hazaña aparentemente imposible, apartas tu atención de tu problema y la colocas en el simple hecho de ser. Dices en silencio, pero con sentimiento:
«YO SOY».
No condiciones esta conciencia, sino continúa declarando en quietud:
«YO SOY, YO SOY».
Simplemente siente que no tienes rostro ni forma y continúa haciéndolo hasta que te sientas flotando.
«Flotar» es un estado psicológico que niega por completo lo físico. Mediante la práctica de la relajación y la negativa voluntaria a reaccionar a las impresiones sensoriales, es posible desarrollar un estado de conciencia de pura receptividad. Es un logro sorprendentemente fácil. En este estado de completo desprendimiento, un único pensamiento definido y con propósito, sostenido sin dispersión, puede quedar grabado de manera indeleble en tu conciencia no modificada. Este estado de conciencia es necesario para la verdadera meditación.
Esta maravillosa experiencia de elevarse y flotar es la señal de que estás ausente del cuerpo o del problema y ahora estás presente con el Señor; en este estado expandido no eres consciente de ser nada más que YO SOY, YO SOY; solo eres consciente de ser.
Cuando esta expansión de la conciencia es alcanzada, dentro de esta profundidad sin forma de ti mismo, da forma a la nueva concepción reclamándote y sintiéndote ser aquello que, antes de entrar en este estado, deseabas ser. Descubrirás que dentro de esta profundidad sin forma de ti mismo todas las cosas parecen ser divinamente posibles. Todo aquello que sinceramente sientas ser mientras te encuentras en este estado expandido se convierte, con el tiempo, en tu expresión natural.
Y Dios dijo:
«Haya un firmamento en medio de las aguas».
Sí, que haya una firmeza o convicción en medio de esta conciencia expandida, al saber y sentir YO SOY eso, la cosa deseada.
Al reclamarte y sentirte ser la cosa deseada, estás cristalizando esta luz líquida sin forma que eres en la imagen y semejanza de aquello de lo que eres consciente de ser.
Ahora que la ley de tu ser te ha sido revelada, comienza desde hoy a cambiar tu mundo revalorizándote a ti mismo. Durante demasiado tiempo el hombre se ha aferrado a la creencia de que nace del dolor y debe labrar su salvación con el sudor de su frente. Dios es impersonal y no hace distinción de personas. Mientras el hombre continúe caminando en esta creencia de dolor, continuará caminando en un mundo de dolor y confusión, pues el mundo, en cada uno de sus detalles, es la conciencia del hombre cristalizada.
En el libro de Números está registrado:
«Había gigantes en la tierra, y a nuestros propios ojos éramos como langostas, y así éramos también a sus ojos».
Hoy es el día, el eterno ahora, en el que las condiciones del mundo han alcanzado la apariencia de gigantes. El desempleo, los ejércitos del enemigo, la competencia comercial, etc., son los gigantes que te hacen sentir como una langosta indefensa.
Se nos dice que primero éramos, a nuestros propios ojos, langostas indefensas y que, a causa de esta concepción de nosotros mismos, éramos para el enemigo langostas indefensas.
Solo podemos ser para los demás aquello que somos para nosotros mismos. Por lo tanto, al revalorizarnos y comenzar a sentirnos como el gigante, un centro de poder, cambiamos automáticamente nuestra relación con los gigantes, reduciendo a estos antiguos monstruos a su verdadero lugar y haciéndolos parecer como las langostas indefensas.
Pablo dijo de este principio: «Para los griegos, es decir, los llamados sabios del mundo, es locura; y para los judíos, es decir, aquellos que buscan señales, es tropiezo»; con el resultado de que el hombre continúa caminando en la oscuridad en lugar de despertar a la comprensión:
«YO SOY la luz del mundo».
Durante tanto tiempo el hombre ha adorado las imágenes de su propia creación que, al principio, encuentra esta revelación blasfema; pero el día en que el hombre descubre y acepta este principio como la base de su vida, ese día mata su creencia en un Dios separado de sí mismo.
La historia de la traición de Jesús en el huerto de Getsemaní es la ilustración perfecta del descubrimiento de este principio por parte del hombre. Se nos dice que las multitudes, armadas con palos y linternas, buscaban a Jesús en la oscuridad de la noche. Cuando preguntaron por el paradero de Jesús, es decir, de la salvación, una voz respondió: «YO SOY»; ante lo cual toda la multitud cayó a tierra. Al recobrar la compostura, volvieron a pedir que se les mostrara el escondite del Salvador, y nuevamente el Salvador dijo:
«Os he dicho que YO SOY; por tanto, si me buscáis, dejad ir todo lo demás».
El hombre, en la oscuridad de la ignorancia humana, emprende su búsqueda de Dios, auxiliado por la luz vacilante de la sabiduría humana. Cuando se le revela que su YO SOY, o conciencia de ser, es su salvador, el impacto es tan grande que cae mentalmente a tierra, pues toda creencia que alguna vez sostuvo se derrumba al darse cuenta de que su conciencia es el único y verdadero salvador. El conocimiento de que su YO SOY es Dios obliga al hombre a soltar a todos los demás, pues descubre que le es imposible servir a dos dioses. El hombre no puede aceptar su conciencia de ser como Dios y, al mismo tiempo, creer en otra deidad.
Con este descubrimiento, el oído humano del hombre, o su oír (comprensión), es cortado por la espada de la fe (Pedro), mientras que su oír perfectamente disciplinado (comprensión interior) es restaurado por Jesús, el conocimiento de que YO SOY es Señor y Salvador.
Antes de que el hombre pueda transformar su mundo, debe primero sentar este fundamento o comprensión: YO SOY el Señor. El hombre debe saber que su conciencia de ser es Dios. Hasta que esto quede firmemente establecido, de modo que ninguna sugerencia ni argumento de otros pueda hacerlo vacilar, se encontrará regresando a la esclavitud de su antigua creencia.
«Porque si no creéis que YO SOY, en vuestros pecados moriréis».
A menos que el hombre descubra que su conciencia es la causa de toda expresión de su vida, continuará buscando la causa de su confusión en el mundo de los efectos, y así morirá en su búsqueda infructuosa.
«YO SOY la vid, y vosotros las ramas».
La conciencia es la vid, y aquello de lo que eres consciente de ser es como las ramas que alimentas y mantienes con vida. Así como una rama no tiene vida si no está unida a la vid, del mismo modo las cosas no tienen vida a menos que seas consciente de ellas. Y así como una rama se marchita y muere si la savia de la vid deja de fluir hacia ella, así también las cosas y las cualidades desaparecen si retiras de ellas tu atención, porque tu atención es la savia de la vida que sostiene la expresión de tu vida.
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
Archivo Neville Goddard en español.
📖 Archivo completo de libros y conferencias traducidas.




