Este es el Capítulo 4 del libro Tu Fe es tu Fortuna (1941).
Puedes consultar el índice general para ver el recorrido completo del libro.
Capítulo 4: ¿A quién buscáis?
«Os he dicho que YO SOY; si, pues, me buscáis, dejad que estos sigan su camino.» — Juan 18:8
«Tan pronto como les dijo: YO SOY, retrocedieron y cayeron a tierra.» — Juan 18:6
Hoy se habla tanto de Maestros, Hermanos Mayores, Adeptos e iniciados, que innumerables buscadores de la verdad son constantemente extraviados al perseguir estas falsas luces. Por un precio, la mayoría de estos pseudomaestros ofrece a sus estudiantes iniciación en los misterios, prometiéndoles guía y dirección. La debilidad del hombre por los líderes, así como su adoración de ídolos, lo convierte en presa fácil de estas escuelas y maestros.
A muchos de estos estudiantes inscritos les llegará algún bien; descubrirán, después de años de espera y sacrificio, que estaban siguiendo un espejismo. Entonces se desilusionarán de sus escuelas y maestros, y esa decepción valdrá el esfuerzo y el precio que hayan pagado por su búsqueda infructuosa. Luego se apartarán de su adoración del hombre y, al hacerlo, descubrirán que aquello que buscan no se encuentra en otro, porque el Reino de los Cielos está dentro. Esta comprensión será su primera iniciación real. La lección aprendida será esta: solo hay un Maestro, y ese Maestro es Dios, el YO SOY dentro de ellos mismos.
«YO SOY el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de la oscuridad, de la casa de servidumbre.»
YO SOY, tu conciencia, es Señor y Maestro, y fuera de tu conciencia no hay ni Señor ni Maestro. Tú eres el Maestro de todo aquello de lo que alguna vez llegarás a ser consciente de ser.
Sabes que eres, ¿no es así? Ese reconocimiento de que eres es el Señor y Maestro de aquello que sabes que eres. Podrías ser completamente aislado por los hombres de aquello de lo que eres consciente de ser; y aun así, a pesar de todas las barreras humanas, atraerías sin esfuerzo hacia ti todo aquello de lo que eras consciente de ser. El hombre que es consciente de ser pobre no necesita la ayuda de nadie para expresar su pobreza. El hombre que es consciente de ser enfermo, aunque estuviera aislado en el área más herméticamente sellada y libre de gérmenes del mundo, expresaría la enfermedad.
No hay barrera para Dios, porque Dios es tu conciencia de ser. Independientemente de aquello de lo que eres consciente de ser, puedes y de hecho lo expresas sin esfuerzo. Deja de buscar que el Maestro venga; Él está contigo siempre.
«YO SOY con vosotros siempre, hasta el fin del mundo».
De tiempo en tiempo sabrás que eres muchas cosas, pero no necesitas ser nada para saber que eres. Puedes, si así lo deseas, desentrelazarte del cuerpo que vistes; al hacerlo, te das cuenta de que eres una conciencia sin rostro y sin forma, y que no dependes de la forma para expresarte. Sabrás que eres; y también descubrirás que este reconocimiento de que eres es Dios, el Padre, que precedió a todo aquello que alguna vez supiste que eras. Antes de que el mundo fuese, eras consciente de ser, y por eso decías «YO SOY»; y YO SOY será, después de que todo aquello que sabes que eres deje de ser.
No existen Maestros Ascendidos. Destierra esta superstición. Siempre te elevarás de un nivel de conciencia, es decir, de un dominio, a otro; y al hacerlo, manifiestas el nivel ascendido, expresando esta conciencia recién adquirida.
Siendo la conciencia Señor y Maestro, tú eres el Mago Maestro que conjura aquello de lo que ahora eres consciente de ser. «Porque Dios (la conciencia) llama a las cosas que no son como si fuesen»; las cosas que ahora no se ven serán vistas en el momento en que te vuelvas consciente de ser aquello que ahora no se ve.
Este ascenso de un nivel de conciencia a otro es la única ascensión que jamás experimentarás. Ningún hombre puede elevarte al nivel que deseas. El poder para ascender está dentro de ti; es tu conciencia. Te apropias de la conciencia del nivel que deseas expresar al reclamar que ahora estás expresando tal nivel. Esto es la ascensión. Es ilimitada, pues nunca agotarás tu capacidad de ascender. Apártate de la superstición humana de la ascensión con su creencia en maestros, y encuentra al único y eterno Maestro dentro de ti.
«Mucho mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo.»
Cree esto. No continúes en la ceguera siguiendo el espejismo de los maestros. Te aseguro que tu búsqueda solo puede terminar en decepción.
«Si me niegas a mí, es decir, a tu conciencia de ser, yo también te negaré.» «No tendrás otro Dios fuera de MÍ.» «Estad quietos y sabed que YO SOY Dios.» «Venid, probadme, y ved si no os abriré las ventanas del Cielo y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.»
¿Crees que el YO SOY es capaz de hacer esto? Entonces reclámame como aquello que deseas ver derramado. Reclámate como aquello que deseas ser, y lo serás. No será por voluntad de maestros que te lo daré, sino porque has reconocido que YO SOY, tú mismo, es eso; te lo daré, porque YO SOY todas las cosas para todos.
Jesús no permitió que se le llamara Buen Maestro. Sabía que solo hay uno que es bueno y un solo Maestro. Sabía que este Uno era su Padre en los Cielos, la conciencia de ser. «El Reino de Dios» (el Bien) y el Reino de los Cielos están dentro de vosotros.
Tu creencia en maestros es una confesión de tu esclavitud. Solo los esclavos tienen maestros. Cambia tu concepción de ti mismo y, sin la ayuda de maestros ni de nadie más, transformarás automáticamente tu mundo para que se conforme a tu concepción transformada de ti mismo.
Se nos dice en el libro de Números que hubo un tiempo en que los hombres eran, a sus propios ojos, como langostas, y que a causa de esta concepción de sí mismos veían gigantes en la tierra. Esto es tan cierto del hombre de hoy como lo fue el día en que quedó registrado. La concepción que el hombre tiene de sí mismo es tan semejante a una langosta que automáticamente hace que las condiciones que lo rodean parezcan gigantescas; en su ceguera clama por maestros que lo ayuden a luchar contra sus problemas gigantes.
Jesús intentó mostrar al hombre que la salvación estaba dentro de sí mismo y le advirtió que no buscara a su salvador en lugares ni en personas. Si alguien viniera diciendo: mira aquí o mira allá, no le creas, porque el Reino de los Cielos está dentro de vosotros.
Jesús no solo se negó a permitir que se le llamara Buen Maestro, sino que advirtió a sus seguidores:
«No saludéis a nadie por el camino».
Dejó claro que no debían reconocer ninguna autoridad ni superior distinto de Dios, el Padre.
Jesús estableció la identidad del Padre como la conciencia de ser del hombre. «Yo y mi Padre somos uno, pero mi Padre es mayor que yo». YO SOY uno con todo aquello de lo que soy consciente de ser. YO SOY mayor que aquello de lo que soy consciente de ser. El creador es siempre mayor que su creación.
«Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe ser levantado el Hijo del Hombre».
La serpiente simboliza la concepción presente que el hombre tiene de sí mismo como un gusano del polvo, viviendo en el desierto de la confusión humana. Así como Moisés se elevó de su concepción de sí mismo como gusano del polvo para descubrir que Dios era su conciencia de ser, «YO SOY me ha enviado», así también debes ser elevado tú. El día en que reclames, como lo hizo Moisés, «YO SOY el que YO SOY», ese día tu afirmación florecerá en el desierto.
Tu conciencia es el mago maestro que conjura todas las cosas al ser aquello que habría de conjurar. Este Señor y Maestro que eres puede y de hecho hace que todo aquello de lo que eres consciente de ser aparezca en tu mundo.
«Nadie (la manifestación) viene a mí si mi Padre no lo atrae, y yo y mi Padre somos uno».
Estás atrayendo constantemente hacia ti aquello de lo que eres consciente de ser. Cambia tu concepción de ti mismo, de la del esclavo a la de Cristo. No te avergüences de hacer esta afirmación; solo cuando reclames «YO SOY Cristo» harás las obras de Cristo.
«Las obras que yo hago, vosotros también las haréis; y aun mayores que estas haréis, porque yo voy a mi Padre.» «Se hizo igual a Dios y no consideró usurpación hacer las obras de Dios.»
Jesús sabía que cualquiera que se atreviera a reclamarse a sí mismo como Cristo asumiría automáticamente la capacidad de expresar las obras de su concepción de Cristo. Jesús también sabía que el uso exclusivo de este principio de expresión no le había sido concedido solo a Él. Se refería constantemente a su Padre en los Cielos. Declaró que sus obras no solo serían igualadas, sino que serían superadas por aquel hombre que se atreviera a concebirse a sí mismo como mayor de lo que Él, Jesús, se había concebido a sí mismo.
Jesús, al afirmar que Él y su Padre eran uno, pero que su Padre era mayor que Él, reveló que su conciencia, el Padre, era una con aquello de lo que era consciente de ser. Se descubrió a sí mismo, como Padre o conciencia, mayor que aquello de lo que Él, como Jesús, era consciente de ser. Tú y tu concepción de ti mismo sois uno. Tú eres, y siempre serás, mayor que cualquier concepción que alguna vez tengas de ti mismo.
El hombre no logra hacer las obras de Jesucristo porque intenta realizarlas desde su nivel actual de conciencia. Nunca trascenderás tus logros presentes mediante el sacrificio y la lucha. Tu nivel actual de conciencia solo será trascendido cuando abandones el estado presente y te eleves a un nivel superior.
Te elevas a un nivel superior de conciencia al retirar tu atención de tus limitaciones actuales y colocarla en aquello que deseas ser. No intentes esto mediante ensoñaciones ni pensamientos ilusorios, sino de manera afirmativa. Reclámate como la cosa deseada. YO SOY eso; sin sacrificio, sin dieta, sin artificios humanos. Todo lo que se te pide es que aceptes tu deseo. Si te atreves a reclamarlo, lo expresarás.
Medita en estas palabras:
«No me complazco en los sacrificios de los hombres. No con ejército ni con fuerza, sino con mi espíritu. Pedid y recibiréis. Venid, comed y bebed sin precio.»
Las obras están terminadas. Todo lo que se te exige para dejar que estas cualidades entren en expresión es la afirmación: YO SOY eso. Reclámate como aquello que deseas ser, y lo serás. Las expresiones siguen a las impresiones, no las preceden. La prueba de que eres seguirá a la afirmación de que eres; no la precederá.
«Dejadlo todo y seguidme» es una invitación doble dirigida a ti. Primero, te invita a apartarte por completo de todos los problemas y, luego, te llama a continuar caminando en la afirmación de que eres aquello que deseas ser. No seas como la mujer de Lot, que mira atrás y queda convertida en sal, preservada en el pasado muerto. Sé como Lot, que no mira atrás, sino que mantiene su visión fija en la tierra prometida, la cosa deseada.
Haz esto y sabrás que has encontrado al Maestro, al Mago Maestro, que hace visible lo invisible mediante el mandato: «YO SOY ESO».
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
Archivo Neville Goddard en español.
📖 Archivo completo de libros y conferencias traducidas.




