Este es el Capítulo 5 del libro Tu fe es tu fortuna (1941). Puedes consultar el índice general para ver el recorrido completo del libro.
Capítulo 5: ¿Quién soy yo?
«Y vosotros, ¿quién decís que YO SOY?» — Mateo 16:15
«YO SOY el Señor; ese es mi nombre, y mi gloria no la daré a otro.»
«YO SOY el Señor, el Dios de toda carne.»
Este YO SOY dentro de ti, lector, esta conciencia, esta conciencia de ser, es el Señor, el Dios de toda carne. YO SOY es Aquel que había de venir; deja de buscar a otro. Mientras creas en un Dios separado de ti mismo, continuarás transfiriendo el poder de tu expresión a tus concepciones, olvidando que tú eres el que concibe.
El poder que concibe y la cosa concebida son uno, pero el poder de concebir es mayor que la concepción. Jesús descubrió esta gloriosa verdad cuando declaró:
«Yo y mi Padre somos uno, pero mi Padre es mayor que yo».
El poder que se concibe a sí mismo como hombre es mayor que su concepción. Todas las concepciones son limitaciones del que concibe.
«Antes de que Abraham fuese, YO SOY». «Antes de que el mundo fuese, YO SOY».
La conciencia precede a toda manifestación y es el soporte sobre el cual descansa toda manifestación. Para eliminar las manifestaciones, todo lo que se te exige a ti, el que concibe, es retirar tu atención de la concepción. En lugar de «ojos que no ven, corazón que no siente», en realidad es «fuera de la mente, fuera de la vista». La manifestación permanecerá visible solo durante el tiempo que tarde en agotarse la fuerza con la que el que concibe, YO SOY, la dotó originalmente. Esto se aplica a toda creación, desde el electrón infinitesimal hasta el universo infinitamente grande.
«Estad quietos y sabed que YO SOY Dios».
Sí, este mismo YO SOY, tu conciencia de ser, es Dios, el único Dios. YO SOY es el Señor, el Dios de toda carne, de toda manifestación.
Esta presencia, tu conciencia incondicionada, no comprende ni principio ni fin; las limitaciones existen solo en la manifestación. Cuando te das cuenta de que esta conciencia es tu ser eterno, sabrás que antes de que Abraham fuese, YO SOY.
Empieza a comprender por qué se te dijo:
«Ve y haz tú lo mismo».
Comienza ahora a identificarte con esta presencia, tu conciencia, como la única realidad. Todas las manifestaciones solo parecen ser; tú, como hombre, no tienes otra realidad que aquella que tu ser eterno, YO SOY, cree ser.
«¿Quién dices que YO SOY?»
Esta no es una pregunta hecha hace dos mil años. Es la pregunta eterna dirigida por el que concibe a la manifestación. Es tu verdadero ser, tu conciencia de ser, preguntándote a ti, su concepción presente de sí mismo: «¿Quién crees que es tu conciencia?» Esta respuesta solo puede definirse dentro de ti mismo, independientemente de la influencia de cualquier otro.
YO SOY (tu verdadero ser) no se interesa en la opinión del hombre. Todo su interés reside en tu convicción acerca de ti mismo. ¿Qué dices del YO SOY que está dentro de ti? ¿Puedes responder y decir: «YO SOY Cristo»? Tu respuesta, o tu grado de comprensión, determinará el lugar que ocuparás en la vida. ¿Dices o crees ser un hombre de cierta familia, raza, nación, etc.? ¿Crees esto honestamente de ti mismo? Entonces la vida, tu verdadero ser, hará que estas concepciones aparezcan en tu mundo y vivirás con ellas como si fueran reales.
«YO SOY la puerta.» «YO SOY el camino.» «YO SOY la resurrección y la vida.» «Nadie, ningún hombre ni manifestación, viene a mi Padre sino por mí.»
El YO SOY (tu conciencia) es la única puerta por la cual algo puede pasar a tu mundo. Deja de buscar señales. Las señales siguen; no preceden. Comienza a invertir la afirmación «ver para creer» por «creer para ver». Empieza ahora a creer, no con una confianza vacilante basada en evidencias externas engañosas, sino con una confianza inquebrantable basada en la ley inmutable de que puedes ser aquello que deseas ser. Descubrirás que no eres una víctima del destino, sino una víctima de la fe (tu propia fe).
Solo a través de una puerta puede pasar al mundo de la manifestación aquello que buscas. YO SOY la puerta. Tu conciencia es la puerta; por tanto, debes volverte consciente de ser y de tener aquello que deseas ser y tener. Cualquier intento de realizar tus deseos por medios distintos a la puerta de la conciencia te convierte en ladrón y saqueador de ti mismo. Toda expresión que no es sentida es antinatural. Antes de que algo aparezca, Dios, YO SOY, se siente a sí mismo como la cosa deseada; y entonces la cosa sentida aparece. Es resucitada, elevada desde la nada.
YO SOY rico, pobre, sano, enfermo, libre, confinado fueron primero impresiones o condiciones sentidas antes de convertirse en expresiones visibles. Tu mundo es tu conciencia objetivada. No pierdas tiempo intentando cambiar lo externo; cambia lo interno o la impresión, y lo externo o la expresión se ocupará de sí misma. Cuando la verdad de esta afirmación despierte en ti, sabrás que has encontrado la palabra perdida o la llave de toda puerta. YO SOY (tu conciencia) es la palabra perdida y mágica que se hizo carne a semejanza de aquello de lo que eres consciente de ser.
YO SOY Él. En este mismo momento te cubro con mi presencia, a ti, lector, mi templo viviente, impulsándote hacia una nueva expresión. Tus deseos son mis palabras pronunciadas. Mis palabras son espíritu y son verdad, y no volverán a mí vacías, sino que cumplirán aquello para lo cual fueron enviadas. No son algo que deba resolverse mediante esfuerzo. Son vestiduras que Yo, tu ser sin rostro y sin forma, visto. ¡He aquí! Yo, vestido con tu deseo, estoy a la puerta (tu conciencia) y llamo. Si oyes mi voz y me abres (me reconoces como tu salvador), entraré a ti y cenaré contigo, y tú conmigo.
El modo en que mis palabras, tus deseos, se cumplirán no es asunto tuyo. Mis palabras tienen caminos que no conoces. Sus sendas son inescrutables. Todo lo que se te pide es que creas. Cree que tus deseos son las vestiduras que tu salvador lleva. Tu creencia de que ahora eres aquello que deseas ser es prueba de tu aceptación de los dones de la vida. Has abierto la puerta para que tu Señor, vestido con tu deseo, entre en el mismo instante en que estableces esta creencia.
Cuando oréis, creed que ya habéis recibido, y así será. Todas las cosas son posibles para aquel que cree. Haced posible lo imposible mediante vuestra creencia; y lo imposible (para otros) se encarnará en vuestro mundo.
Todos los hombres han tenido pruebas del poder de la fe. La fe que mueve montañas es la fe en uno mismo. Ningún hombre tiene fe en Dios si carece de confianza en sí mismo. Tu fe en Dios se mide por tu confianza en ti. Yo y mi Padre somos uno; el hombre y su Dios son uno; la conciencia y la manifestación son una.
Y Dios dijo:
«Haya un firmamento en medio de las aguas».
En medio de todas las dudas y de las opiniones cambiantes de los demás, que haya una convicción, una firmeza de creencia, y verás aparecer la tierra seca; tu creencia aparecerá. La recompensa es para aquel que persevera hasta el fin. Una convicción no es convicción si puede ser sacudida. Tu deseo será como nubes sin lluvia si no crees.
Tu conciencia incondicionada, o YO SOY, es la Virgen María, que no conoció varón y, sin embargo, sin ayuda de hombre alguno, concibió y dio a luz un hijo. María, la conciencia incondicionada, deseó y luego se hizo consciente de ser el estado condicionado que deseaba expresar y, de una manera desconocida para otros, llegó a serlo. Ve y haz tú lo mismo; asume la conciencia de aquello que deseas ser y tú también darás a luz a tu salvador. Cuando se produce la anunciación, cuando el impulso o el deseo se posa sobre ti, créelo como la palabra hablada de Dios que busca encarnarse a través de ti. Ve, no digas a nadie esta cosa santa que has concebido. Guarda tu secreto dentro de ti y magnifica al Señor; magnifica o cree que tu deseo es tu salvador que viene a estar contigo.
Cuando esta creencia queda tan firmemente establecida que te sientes confiado en los resultados, tu deseo se encarnará. Cómo habrá de hacerse, ningún hombre lo sabe. Yo, tu deseo, tengo caminos que no conoces; mis sendas son inescrutables. Tu deseo puede compararse con una semilla, y las semillas contienen dentro de sí tanto el poder como el plan de su propia autoexpresión. Tu conciencia es el suelo. Estas semillas se plantan con éxito solo si, después de haberte reclamado como siendo y teniendo aquello que deseas, aguardas con confianza los resultados sin un solo pensamiento ansioso.
Si soy elevado en conciencia hasta la naturalidad de mi deseo, atraeré automáticamente su manifestación hacia mí. La conciencia es la puerta a través de la cual la vida se revela. La conciencia siempre se está objetivando a sí misma.
Ser consciente de ser o de poseer algo es ser o tener aquello de lo que eres consciente de ser o de poseer. Por lo tanto, elévate a la conciencia de tu deseo y lo verás proyectarse automáticamente en forma visible.
Para hacer esto debes negar tu identidad presente. «Niéguese a sí mismo». Se niega una cosa apartando de ella la atención. Para soltar una cosa, un problema o el ego de la conciencia, habita en Dios, siendo Dios el YO SOY.
Estate quieto y reconoce que YO SOY es Dios. Cree, siente que YO SOY; reconoce que este que conoce dentro de ti, tu conciencia de ser, es Dios. Cierra los ojos y siéntete sin rostro, sin forma y sin figura. Acércate a esta quietud como si fuera la cosa más fácil del mundo de realizar. Esta actitud asegurará tu éxito.
Cuando todo pensamiento sobre el problema o sobre ti mismo es soltado de la conciencia, porque ahora estás absorbido o perdido en el sentir de simplemente ser YO SOY, entonces comienza, en este estado sin forma, a sentirte siendo aquello que deseas ser:
«YO SOY EL QUE YO SOY».
En el momento en que alcanzas cierto grado de intensidad, de modo que realmente te sientes siendo una nueva concepción, este nuevo sentir o conciencia queda establecido y, en su debido tiempo, se personificará en el mundo de la forma. Esta nueva percepción se expresará con la misma naturalidad con la que ahora expresas tu identidad presente. Para expresar de forma natural las cualidades de una conciencia, debes morar o vivir dentro de esa conciencia. Apropíatela haciéndote uno con ella. Sentir algo con intensidad y luego descansar con confianza en que es, hace que aquello que se ha sentido aparezca en tu mundo.
«Me pondré sobre mi guardia y veré la salvación del Señor».
Me mantendré firmemente en mi sentir, convencido de que es así, y veré aparecer mi deseo.
«Un hombre no puede recibir nada (ninguna cosa) si no le es dada desde el Cielo». Recuerda que el Cielo es tu conciencia; el Reino de los Cielos está dentro de ti. Por esta razón se te advierte que no llames padre a ningún hombre; tu conciencia es el Padre de todo lo que eres. De nuevo se te dice:
«No saludéis a ningún hombre en el camino».
No veas a ningún hombre como autoridad. ¿Por qué habrías de pedir permiso a otro para expresarte cuando reconoces que tu mundo, en cada uno de sus detalles, se originó dentro de ti y es sostenido por ti como el único centro de concepción?
Todo tu mundo puede compararse con un espacio solidificado que refleja las creencias y aceptaciones proyectadas por una presencia sin forma y sin rostro, que es YO SOY. Reduce el todo a su sustancia primordial y no quedará nada salvo tú, una presencia sin dimensión, el concebidor.
El concebidor es una ley en sí mismo. Las concepciones bajo tal ley no han de medirse por los logros pasados ni modificarse por las capacidades presentes, pues, sin necesidad de reflexión consciente, la concepción se expresa por sí misma de un modo desconocido para el hombre.
Entra dentro de ti en secreto y apropíate de la nueva conciencia. Siéntete siendo eso, y las antiguas limitaciones desaparecerán tan completa y fácilmente como la nieve en un día caluroso de verano. Ni siquiera recordarás las limitaciones anteriores; nunca formaron parte de esta nueva conciencia. A este renacimiento se refería Jesús cuando dijo a Nicodemo: «Os es necesario nacer de nuevo»; no era otra cosa que pasar de un estado de conciencia a otro.
«Todo lo que pidáis en mi nombre, eso haré».
Esto ciertamente no significa pedir con palabras, pronunciando con los labios los sonidos Dios o Cristo Jesús, pues millones han pedido de este modo sin obtener resultados. Sentirte siendo algo es haber pedido esa cosa en Su nombre. YO SOY es la presencia sin nombre. Sentirte siendo rico es pedir riqueza en Su nombre. YO SOY es incondicionado. No es ni rico ni pobre, ni fuerte ni débil. En otras palabras, en Él no hay ni griego ni judío, ni esclavo ni libre, ni varón ni mujer. Todas estas son concepciones o limitaciones de lo ilimitado y, por lo tanto, nombres de lo innombrable. Sentirte siendo algo es pedirle a lo innombrable, YO SOY, que exprese ese nombre o esa naturaleza. «Pedid todo lo que queráis en mi nombre, apropiándoos de la naturaleza de la cosa deseada, y os será dado».
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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