Este es el Capítulo 8 del libro Tu fe es tu fortuna (1941). Puedes consultar el índice general para ver el recorrido completo del libro.
Capítulo 8 : No hay otro Dios
«Yo soy el primero y yo soy el último; y fuera de mí no hay Dios». —Isaías 44:6.
«Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre. No tendrás otros dioses delante de mí». —Deuteronomio 5:6–7.
«No tendrás otro Dios fuera de mí». Mientras el hombre mantenga la creencia en un poder separado de sí mismo, seguirá robándose a sí mismo el ser que es. Toda creencia en poderes separados de sí mismo, ya sea para bien o para mal, se convertirá en el molde de la imagen tallada que se adora.
Las creencias en la potencia de los fármacos para sanar, de las dietas para fortalecer y del dinero para asegurar, son los valores o cambistas que deben ser expulsados, para que el poder pueda entonces manifestar infaliblemente esa cualidad.
Esta comprensión expulsa a los cambistas del templo. «Vosotros sois el Templo del Dios viviente», un templo no hecho con manos. Está escrito:
«Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones, pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones».
Los ladrones que te roban son tus propias falsas creencias. Es tu creencia en una cosa, y no la cosa en sí, lo que te auxilia. Hay un solo poder: YO SOY Él. A causa de tu creencia en cosas externas, proyectas poder en ellas al transferir a lo externo el poder que tú eres. Reconoce que tú mismo eres el poder que, por error, has concedido a las condiciones externas.
La Biblia compara al hombre aferrado a sus opiniones con el camello que no podía pasar por el ojo de una aguja. El ojo de la aguja al que se hacía referencia era una pequeña puerta en las murallas de Jerusalén, tan estrecha que un camello no podía atravesarla hasta que fuera despojado de su carga. El hombre rico, es decir, aquel cargado de falsos conceptos humanos, no puede entrar en el Reino de los Cielos hasta que sea descargado de su peso, del mismo modo que el camello no podía pasar por esa pequeña puerta.
El hombre se siente tan seguro en sus leyes, opiniones y creencias hechas por él mismo, que las inviste de una autoridad que no poseen. Convencido de que su conocimiento lo es todo, permanece inconsciente de que todas las apariencias externas son estados mentales exteriorizados.
Cuando comprende que la conciencia de una cualidad exterioriza esa cualidad por sí misma, sin la ayuda de ningún otro valor ni de muchos valores, entonces queda establecido el único valor verdadero: su propia conciencia.
«El Señor está en su santo templo».
La conciencia habita dentro de aquello de lo que es consciente de ser. YO SOY el hombre es el Señor y su templo. Al saber que la conciencia se objetiva a sí misma, el hombre debe perdonar a todos los hombres por ser aquello que son. Debe comprender que todos están expresando, sin la ayuda de otro, aquello de lo que son conscientes de ser.
Pedro, el hombre iluminado o disciplinado, sabía que un cambio de conciencia produciría un cambio de expresión. En lugar de compadecerse de los mendigos de la vida a la puerta del templo, declaró: «Plata y oro no tengo (para ti), pero lo que tengo (la conciencia de libertad) te doy».
«Aviva el don que hay dentro de ti».
Deja de mendigar y reclámate a ti mismo como aquello que decides ser. Haz esto y tú también saltarás de tu mundo lisiado al mundo de la libertad, cantando alabanzas al Señor, YO SOY.
«Mucho mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo».
Este es el clamor de todo aquel que descubre que su conciencia de ser es Dios. El reconocimiento de este hecho limpiará automáticamente el templo, tu conciencia, de los ladrones y saqueadores, devolviéndote ese dominio sobre las cosas que perdiste en el momento en que olvidaste el mandamiento:
«No tendrás otro Dios fuera de MÍ».
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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