Este capítulo forma parte del libro El Poder de la Consciencia (1952).
Puedes consultar el índice general para ver el recorrido completo.
Capítulo XXIV · Fracaso
Este libro no estaría completo sin alguna discusión sobre el fracaso en el intento de usar la ley de la asunción. Es completamente posible que hayas tenido, o que tengas en el futuro, cierto número de fracasos a este respecto, muchos de ellos en asuntos realmente importantes. Si, habiendo leído este libro, teniendo un conocimiento profundo de la aplicación y el funcionamiento de la ley de la asunción, la aplicas fielmente en un esfuerzo por alcanzar algún deseo intenso y fracasas, ¿cuál es la razón? Si a la pregunta “¿Persististe lo suficiente?” puedes responder que sí, y aun así la consecución de tu deseo no se realizó, ¿cuál es la razón del fracaso?
La respuesta a esto es el factor más importante en el uso exitoso de la ley de la asunción. El tiempo que le toma a tu asunción convertirse en hecho, a tu deseo cumplirse, es directamente proporcional a la naturalidad de tu sentimiento de ya ser lo que quieres ser, de ya tener lo que deseas.
El hecho de que no te resulte natural ser lo que te imaginas ser es el secreto de tu fracaso. Sin importar tu deseo, sin importar cuán fiel e inteligentemente sigas la ley, si no sientes como natural aquello que quieres ser, no lo serás. Si no te resulta natural conseguir un mejor trabajo, no conseguirás un mejor trabajo. Todo el principio queda vívidamente expresado en la frase bíblica “moriréis en vuestros pecados” (Juan 8:24), no trasciendes de tu nivel actual al estado deseado.
¿Cómo se puede alcanzar este sentimiento de naturalidad? El secreto está en una sola palabra: imaginación. Por ejemplo, esta es una ilustración muy simple: asume que estás firmemente encadenado a un pesado banco de hierro. No podrías correr en absoluto, de hecho ni siquiera podrías caminar. En estas circunstancias no te resultaría natural correr. Ni siquiera podrías sentir que te resultaba natural correr. Pero sí podrías imaginarte fácilmente a ti mismo corriendo. En ese instante, mientras tu consciencia está llena de tu carrera imaginada, has olvidado que estás atado. En imaginación, tu carrera era completamente natural.
Solo se puede alcanzar el sentimiento esencial de naturalidad llenando persistentemente tu consciencia con imaginación, imaginándote a ti mismo siendo lo que quieres ser o teniendo lo que deseas.
El progreso solo puede surgir de tu imaginación, de tu deseo de trascender tu nivel actual. Lo que verdadera y literalmente debes sentir es que con tu imaginación todas las cosas son posibles. Debes darte cuenta de que los cambios no son causados por el capricho, sino por un cambio de consciencia. Puede que no logres alcanzar o sostener el estado particular de consciencia necesario para producir el efecto que deseas. Pero, una vez que sabes que la consciencia es la única realidad y la única creadora de tu mundo particular, y has grabado esta verdad en todo tu ser, entonces sabes que el éxito o el fracaso está enteramente en tus propias manos. El que estés o no lo suficientemente disciplinado como para sostener el estado de consciencia requerido en casos específicos no tiene relación alguna con la verdad de la ley misma: que una asunción, si se persiste en ella, se convertirá en hecho. La certeza de la verdad de esta ley debe permanecer a pesar de la gran decepción y la tragedia, incluso cuando “veas apagarse la luz de la vida y todo el mundo seguir su curso como si todavía fuera de día”. No debes creer que, porque tu asunción no se materializó, la verdad de que las asunciones sí se materializan sea una mentira. Si tus asunciones no se cumplen, es debido a algún error o debilidad en tu consciencia. Sin embargo, estos errores y debilidades pueden superarse. Por lo tanto, sigue adelante hacia la consecución de niveles cada vez más altos, sintiendo que ya eres la persona que quieres ser. Y recuerda que el tiempo que le toma a tu asunción convertirse en realidad es proporcional a la naturalidad de serlo.
“El hombre se rodea de la verdadera imagen de sí mismo. Todo espíritu se construye una casa, y más allá de su casa un mundo, y más allá de su mundo un cielo. Sabe entonces que el mundo existe para ti. Para ti el fenómeno es perfecto. Lo que somos, eso solo podemos ver. Todo lo que Adán tuvo, todo lo que César pudo, tú lo tienes y puedes hacerlo. Adán llamó a su casa cielo y tierra. César llamó a su casa Roma; tú tal vez llames a la tuya un oficio de zapatero, un centenar de acres de tierra, o el desván de un erudito. Sin embargo, línea por línea y punto por punto, tu dominio es tan grande como el de ellos, aunque sin un nombre distinguido. Construye, por lo tanto, tu propio mundo. Tan pronto como conformes tu vida a la idea pura en tu mente, esta desplegará su gran proporción.” –Emerson
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✧ Fuente: Cool Wisdom Books
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
Archivo Neville Goddard en español.
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