Este capítulo forma parte del libro El Poder de la Consciencia (1952).
Puedes consultar el índice general para ver el recorrido completo.
Capítulo III · El Poder de la Asunción
El principal autoengaño del hombre es su convicción de que existen causas distintas a su propio estado de conciencia. Todo lo que le acontece a un hombre, todo lo hecho por él, todo lo que proviene de él, sucede como resultado de su estado de conciencia. La conciencia de un hombre es todo lo que piensa y desea y ama, todo lo que cree que es verdad y a lo que consiente. Por eso es necesario un cambio de conciencia antes de poder cambiar tu mundo exterior. La lluvia cae como resultado de un cambio de temperatura en las regiones superiores de la atmósfera; del mismo modo, un cambio de circunstancias ocurre como resultado de un cambio en tu estado de conciencia.
“Sed transformados mediante la renovación de vuestra mente.”
Para ser transformado, toda la base de tus pensamientos debe cambiar. Pero tus pensamientos no pueden cambiar a menos que tengas nuevas ideas, pues piensas desde tus ideas. Toda transformación comienza con un deseo intenso y ardiente de ser transformado. El primer paso en la “renovación de la mente” es el deseo. Debes querer ser diferente [y tener la intención de serlo] antes de poder comenzar a cambiarte a ti mismo. Luego debes hacer de tu sueño futuro un hecho presente. Lo haces asumiendo el sentimiento de tu deseo cumplido. Al desear ser distinto de lo que eres, puedes crear un ideal de la persona que quieres ser y asumir que ya eres esa persona. Si esta asunción se mantiene hasta convertirse en tu sentimiento dominante, la consecución de tu ideal es inevitable. El ideal que esperas alcanzar está siempre listo para encarnarse, pero a menos que tú mismo le ofrezcas parentesco humano, es incapaz de nacer. Por lo tanto, tu actitud debe ser aquella en la que, habiendo deseado expresar un estado superior, solo tú aceptas la tarea de encarnar este valor nuevo y más grande de ti mismo.
Al dar a luz tu ideal, debes tener en cuenta que los métodos del conocimiento mental y espiritual son completamente diferentes. Este es un punto que verdaderamente no comprende probablemente más de una persona entre un millón. Conoces algo mentalmente mirándolo desde afuera, comparándolo con otras cosas, analizándolo y definiéndolo [pensando en ello,] mientras que solo puedes conocer algo espiritualmente convirtiéndote en ello, [solo pensando desde ello]. Debes ser la cosa misma y no simplemente hablar de ella o mirarla. Debes ser como la mariposa nocturna en busca de su ídolo, la llama:
“quien espoleado por el verdadero deseo, lanzándose de golpe al fuego sagrado, plegó sus alas por dentro hasta convertirse en un solo color y una sola sustancia con la llama. Solo conocía la llama aquel que en ella ardía, y solo él podía contarlo, aquel que jamás regresó para contarlo.”
Así como la mariposa nocturna, en su deseo de conocer la llama, estaba dispuesta a destruirse a sí misma, así también tú, al convertirte en una nueva persona, debes estar dispuesto a morir a tu yo presente.
Debes ser consciente de estar sano si has de saber lo que es la salud. Debes ser consciente de estar seguro si has de saber lo que es la seguridad. Por lo tanto, para encarnar un valor nuevo y más grande de ti mismo, debes asumir que ya eres lo que quieres ser y luego vivir con fe en esa asunción, que aún no está encarnada en el cuerpo de tu vida, con la confianza de que ese nuevo valor o estado de conciencia se encarnará mediante tu absoluta fidelidad a la asunción de que eres aquello que deseas ser. Esto es lo que significa la plenitud, lo que significa la integridad. Significan la sumisión del ser completo al sentimiento del deseo cumplido, con la certeza de que ese nuevo estado de conciencia es la renovación de la mente que transforma. No existe en la Naturaleza ningún orden que corresponda a esta sumisión voluntaria del yo al ideal que está más allá del yo. Por lo tanto, es el colmo de la necedad esperar que la encarnación de un concepto nuevo y más grande de uno mismo se produzca mediante un proceso evolutivo natural. Aquello que requiere un estado de conciencia para producir su efecto no puede evidentemente lograrse sin ese estado de conciencia, y en tu capacidad de asumir el sentimiento de una vida más grande, de asumir un nuevo concepto de ti mismo, posees lo que el resto de la Naturaleza no posee: la Imaginación, el instrumento mediante el cual creas tu mundo.
Tu imaginación es el instrumento y el medio por el cual se efectúa tu redención de la esclavitud, la enfermedad y la pobreza. Si te niegas a asumir la responsabilidad de la encarnación de un concepto nuevo y más elevado de ti mismo, rechazas el único medio por el cual puede efectuarse tu redención, es decir, la consecución de tu ideal. La Imaginación es el único poder redentor en el universo. Sin embargo, tu naturaleza es tal que depende de ti permanecer en tu concepto actual de ti mismo como un ser hambriento que anhela libertad, salud y seguridad, o elegir convertirte en el instrumento de tu propia redención, imaginándote como aquello que quieres ser y saciando así tu hambre y redimirte a ti mismo.
“Oh, sé fuerte entonces, y valiente, puro, paciente y fiel;
el trabajo que es tuyo que no lo haga ninguna otra mano.
Pues la fortaleza para toda necesidad es fielmente dada
desde la fuente que hay en ti, el Reino de los Cielos.”
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✧ Fuente: Cool Wisdom Books
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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