Este capítulo forma parte del libro La Oración: El Arte de Creer (1945).
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Capítulo III · La Imaginación y la Fe
Las oraciones no se hacen con éxito a menos que haya una sintonía entre la mente consciente y la subconsciente del operador. Esto se logra a través de la imaginación y la fe.
Por el poder de la imaginación, todos los hombres, y ciertamente los hombres imaginativos, están lanzando siempre encantamientos, y todos los hombres, especialmente los hombres poco imaginativos, están cayendo continuamente bajo su poder. ¿Podemos estar seguros alguna vez de que no fue nuestra madre, mientras remendaba nuestros calcetines, quien inició ese sutil cambio en nuestra mente? Si yo puedo lanzar un encantamiento sobre otras personas sin quererlo, no hay razón para dudar de que soy capaz de lanzar intencionalmente un encantamiento mucho más poderoso.
Todo lo que puede verse, tocarse, explicarse y debatirse no es para el hombre imaginativo más que un medio, pues él opera, en virtud de su imaginación controlada, en las profundidades de sí mismo, donde cada idea existe en sí misma y no en relación con otra cosa. En él no hay necesidad de las restricciones de la razón, pues la única restricción que puede obedecer es el instinto misterioso que le enseña a eliminar todos los estados de ánimo que no sean el del deseo cumplido.
La imaginación y la fe son las únicas facultades de la mente necesarias para crear condiciones objetivas. La fe requerida para el funcionamiento exitoso de la ley de la conciencia es una fe puramente subjetiva y se alcanza cuando cesa la oposición activa por parte de la mente objetiva del operador. Depende de tu capacidad de sentir y aceptar como verdadero lo que tus sentidos objetivos niegan. Ni la pasividad del sujeto ni su acuerdo consciente con tu sugestión son necesarios, pues sin su consentimiento ni su conocimiento se le puede dar una orden subjetiva que debe expresar objetivamente. Es una ley fundamental de la conciencia que a través de la telepatía podemos tener comunión inmediata con otro.
Para establecer sintonía llamas al sujeto mentalmente. Enfocas tu atención en él y gritas mentalmente su nombre, igual que lo harías para atraer la atención de cualquier persona. Imaginas que respondió y escuchas mentalmente su voz. Lo representas interiormente en el estado que deseas que alcance. Luego imaginas que te está diciendo en el tono de una conversación ordinaria lo que quieres escuchar. Le respondes mentalmente. Le hablas de tu alegría al ser testigo de su buena fortuna. Habiendo escuchado mentalmente con toda la nitidez de la realidad aquello que querías escuchar, y habiendo sentido la emoción de las noticias escuchadas, regresas a la conciencia objetiva. Tu conversación subjetiva debe despertar lo que afirmó.
“Decretarás una cosa y se establecerá para ti.”
No es una voluntad poderosa lo que envía la palabra subjetiva a cumplir su misión, sino el pensamiento claro y el sentimiento de la verdad del estado afirmado. Cuando la creencia y la voluntad están en conflicto, la creencia gana invariablemente.
“No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, dice el Señor de los ejércitos.”
No es lo que quieres lo que atraes; atraes lo que crees que es verdad. Por tanto, entra en el espíritu de estas conversaciones mentales y dales el mismo grado de realidad que le darías a una conversación telefónica.
“Si puedes creer, todo es posible para el que cree. Por tanto, yo os digo: todo lo que deseéis, cuando oréis, creed que lo habéis recibido, y lo tendréis.”
La aceptación del fin determina los medios. Y la reflexión más sabia no podría idear medios más eficaces que los que son determinados por la aceptación del fin. (*)Habla mentalmente con tus amigos como si tus deseos para ellos ya estuvieran realizados.
La imaginación es el principio del crecimiento de todas las formas, y la fe es la sustancia de la que están formadas. A través de la imaginación, aquello que existe en estado latente o que duerme en las profundidades de la conciencia es despertado y recibe forma. Las curaciones atribuidas a la influencia de ciertos medicamentos, reliquias y lugares son efectos de la imaginación y la fe. El poder curativo no está en el espíritu que hay en ellos, sino en el espíritu con el que son aceptados.
“La letra mata, pero el espíritu da vida.”
La mente subjetiva está completamente controlada por la sugestión, así que, tanto si el objeto de tu fe es verdadero como si es falso, obtendrás los mismos resultados. No hay nada erróneo en la teoría de la medicina ni en las afirmaciones del sacerdocio sobre sus reliquias y lugares sagrados. La mente subjetiva del paciente acepta la sugestión de salud condicionada a esos estados, y tan pronto como esas condiciones se cumplen, procede a realizar la salud.
“Conforme a tu fe te sea hecho, pues todo es posible para el que cree.”
La expectativa confiada de un estado es el medio más potente para lograrlo. La expectativa confiada de una curación hace lo que ningún tratamiento médico puede lograr.
El fracaso se debe siempre a una autosugestión antagónica por parte del paciente, que surge de la duda objetiva sobre el poder del medicamento o la reliquia, o de la duda sobre la verdad de la teoría. Muchos de nosotros, ya sea por poca emoción o por demasiado intelecto, ambos obstáculos en el camino de la oración, no podemos creer lo que nuestros sentidos niegan. Forzarnos a creer solo terminará en mayor duda. Para evitar tales contrasugestiones, el paciente no debe ser consciente, objetivamente, de las sugestiones que se le hacen. El método más eficaz de sanar o influir en el comportamiento de otros es lo que se conoce como “el tratamiento silencioso o a distancia.” Cuando el sujeto no es consciente, objetivamente, de la sugestión que se le da, no hay posibilidad de que establezca una creencia antagónica. No es necesario que el paciente sepa, objetivamente, que se está haciendo algo por él. Por lo que se sabe de los procesos subjetivos y objetivos del razonamiento, es mejor que no sepa objetivamente lo que se está haciendo por él. Cuanto más completamente se mantenga la mente objetiva en ignorancia de la sugestión, mejor realizará sus funciones la mente subjetiva. El sujeto acepta subconscientamente la sugestión y cree que la origina él mismo, lo que prueba la verdad de la sentencia de Spinoza de que no conocemos las causas que determinan nuestras acciones.
La mente subconsciente es el conductor universal que el operador modifica con sus pensamientos y sentimientos. Los estados visibles son o bien los efectos vibratorios de las vibraciones subconscientes dentro de ti, o bien son causas vibratorias de las vibraciones correspondientes dentro de ti. Un hombre disciplinado nunca les permite ser causas a menos que despierten en él los estados de conciencia deseables. Con el conocimiento de la ley de la reversibilidad, el hombre disciplinado transforma su mundo imaginando y sintiendo únicamente lo que es bello y digno de elogio. La hermosa idea que despierta dentro de sí no dejará de despertar su afinidad en otros. Él sabe que el salvador del mundo no es un hombre sino la manifestación que salvaría. El salvador del hombre enfermo es la salud, el del hombre hambriento es la comida, el salvador del hombre sediento es el agua. Él camina en compañía del salvador asumiendo el sentimiento de su deseo cumplido. Por la ley de la reversibilidad, según la cual todas las transformaciones de fuerza son reversibles, la energía o el sentimiento despertado se transforma en el estado imaginado. Nunca espera cuatro meses para la cosecha. Si en cuatro meses la cosecha despertará en él un estado de alegría, entonces, inversamente, la alegría de la cosecha ahora despertará la cosecha ahora.
“Ahora es el tiempo aceptable para dar belleza en lugar de cenizas, alegría en lugar de luto, alabanza en lugar del espíritu de pesadumbre; para que sean llamados árboles de justicia, plantío del Señor, para que Él sea glorificado.”
🔸 Nota de traducción
Al final del quinto párrafo de este capítulo, Neville escribe: (*)“Men-tally talk to your friends as though your desires for them were already realized.” El guión en “Men-tally” no es un error tipográfico sino un recurso deliberado.
Al separar la palabra “mentally” (mentalmente) en dos, “Men” (hombres) y “tally” (coincidir, hacer corresponder), Neville sugiere que hablar mentalmente con alguien no es un simple ejercicio imaginativo, sino un acto de correspondencia real: lo que afirmas en tu mente sobre otra persona termina encontrando su equivalente en la experiencia de esa persona. Elige precisamente ese momento, la instrucción de hablar con tus amigos como si sus deseos ya estuvieran realizados, para recordarnos que esta práctica no es fantasía sino una ley que opera con exactitud.
En español, “mentalmente” es una palabra indivisible que no permite ese mismo juego, por lo que se ha optado por traducirla de forma directa, preservando el sentido completo de la instrucción sin perder la fluidez del texto.
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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