Libertad para Todos · Neville Goddard · 1942 · Capítulo 4
EL SECRETO DEL SENTIMIENTO.
Este capítulo forma parte del libro Libertad para Todos (1942).
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Capítulo 4: EL SECRETO DEL SENTIMIENTO
El secreto del sentimiento, es decir, el llamado de lo invisible hacia estados visibles, está bellamente narrado en la historia de Isaac bendiciendo a su segundo hijo Jacob con la creencia, basada únicamente en el sentimiento, de que estaba bendiciendo a su primer hijo Esaú. Está registrado que Isaac, que era anciano y ciego, sintió que estaba a punto de abandonar este mundo y, deseando bendecir a su primer hijo Esaú antes de morir, envió a Esaú a cazar una apetitosa pieza de venado con la promesa de que a su regreso de la cacería recibiría la bendición de su padre.
Ahora Jacob, que deseaba el derecho de primogenitura, es decir, el derecho de nacer a través de la bendición de su padre, escuchó a escondidas la petición de venado de su padre ciego y su promesa a Esaú. Así, mientras Esaú salía a cazar el venado, Jacob mató y preparó un cabrito del rebaño de su padre.
Colocando las pieles sobre su cuerpo liso para darle la sensación de su hermano Esaú, velloso y áspero, llevó el cabrito sabrosamente preparado a su ciego padre Isaac. E Isaac, que dependía únicamente de su sentido del tacto, confundió a su segundo hijo Jacob con su primer hijo Esaú y pronunció su bendición sobre Jacob. Esaú, al regresar de la cacería, se enteró de que su hermano Jacob, de piel lisa, lo había suplantado, y apeló a su padre en busca de justicia; pero Isaac respondió y dijo:
“Tu hermano vino con engaño y tomó tu bendición. Yo lo he puesto por señor tuyo, y le he dado a todos sus hermanos por siervos.” (Génesis 27:35-37)
La simple decencia humana debería decirle al hombre que esta historia no puede tomarse de manera literal. ¡Debe haber un mensaje para el hombre oculto en algún lugar de este traicionero y despreciable acto de Jacob! El mensaje oculto, la fórmula del éxito enterrada en esta historia, fue revelada intuitivamente al escritor de esta manera.
Isaac, el padre ciego, es tu conciencia, tu conciencia del ser. Esaú, el hijo velloso, es tu mundo objetivado actual, lo áspero o sensiblemente percibido; el momento presente; el entorno presente; tu concepto actual de ti mismo; en pocas palabras, el mundo que conoces a través de tus sentidos objetivos. Jacob, el joven de piel lisa, el segundo hijo, es tu deseo o estado subjetivo, una idea aún no encarnada, un estado subjetivo que se percibe y se siente pero que no se conoce ni se ve objetivamente; un punto en el tiempo y el espacio alejado del presente. En pocas palabras, Jacob es tu objetivo definido.
El Jacob de piel lisa, el estado subjetivo que busca encarnarse o el derecho de nacer, cuando es debidamente sentido o bendecido por su padre, es decir, cuando es conscientemente sentido y fijado como real, se objetiva; y al hacerlo suplanta al áspero y velloso Esaú, o al anterior estado objetivado. Dos cosas no pueden ocupar un mismo lugar al mismo tiempo, y así, a medida que lo invisible se hace visible, el anterior estado visible desaparece.
Tu conciencia es la causa de tu mundo. El estado consciente en que moras determina el tipo de mundo en que vives. Tu concepción actual de ti mismo está ahora objetivada como tu entorno, y este estado está simbolizado como Esaú, el velloso, lo sensiblemente percibido, el primer hijo. Aquello que desearías ser o poseer está simbolizado como tu segundo hijo, Jacob, el joven de piel lisa que aún no se ve pero que se percibe y siente subjetivamente, y que si es debidamente tocado suplantará a su hermano Esaú, es decir, a tu mundo actual.
Ten siempre presente el hecho de que Isaac, el padre de estos dos hijos o estados, es ciego. No ve a su hijo Jacob, de piel lisa; solo lo siente. Y a través del sentido del sentimiento cree realmente que Jacob, lo subjetivo, es Esaú, lo real, lo objetivado. Tú no ves tu deseo de manera objetiva; simplemente lo percibes y lo sientes de manera subjetiva. No buscas a tientas en el espacio un estado deseable. Como Isaac, te sientas quieto y envías a tu primer hijo de cacería apartando tu atención de tu mundo objetivo. Luego, en ausencia de tu primer hijo Esaú, invitas al estado deseable, tu segundo hijo Jacob, a acercarse para poder sentirlo.
“Acércate, hijo mío, para que pueda sentirte.” (Génesis 27:21)
Primero eres consciente de él en tu entorno inmediato; luego lo atraes cada vez más cerca hasta que lo percibes y lo sientes en tu presencia inmediata, de modo que te resulta real y natural.
“Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 18:19)
Los dos se ponen de acuerdo a través del sentido del sentimiento, y el acuerdo se establece en la tierra, se objetiva, se hace real. Los dos que se ponen de acuerdo son Isaac y Jacob, tú y aquello que deseas; y el acuerdo se logra únicamente a través del sentido del sentimiento.
Esaú simboliza tu mundo objetivado actual, ya sea agradable o de otro modo. Jacob simboliza todos y cada uno de los deseos de tu corazón. Isaac simboliza tu verdadero ser, con los ojos cerrados al mundo presente, en el acto de percibir y sentir que eres o posees aquello que deseas ser o poseer. El secreto de Isaac, el estado de percepción y sentimiento, es simplemente el acto de separar mentalmente lo sensiblemente percibido, tu estado físico actual, de lo imperceptiblemente sentido, aquello que desearías ser. Con los sentidos objetivos bien cerrados, Isaac logró, y tú puedes lograr, que lo imperceptiblemente sentido, el estado subjetivo, parezca real o sensiblemente conocido; porque la fe es conocimiento.
Conocer la ley de la autoexpresión, la ley por la cual lo invisible se hace visible, no es suficiente. Debe aplicarse; y este es el método de aplicación.
Primero: Envía a tu primer hijo Esaú, tu mundo objetivado actual o tu problema, de cacería. Esto se logra simplemente cerrando los ojos y apartando tu atención de las limitaciones objetivadas. A medida que tus sentidos se retiran de tu mundo objetivo, este desaparece de tu conciencia o sale de cacería.
Segundo: Con los ojos aún cerrados y la atención apartada del mundo que te rodea, fija conscientemente el tiempo y el lugar naturales para la realización de tu deseo.
Con los sentidos objetivos cerrados a tu entorno actual puedes percibir y sentir la realidad de cualquier punto en el tiempo o el espacio, pues ambos son psicológicos y pueden crearse a voluntad. Es de vital importancia que la condición natural de tiempo y espacio de Jacob, es decir, el tiempo y el lugar naturales para la realización de tu deseo, sean fijados primero en tu conciencia. Si el domingo es el día en que se realizará la cosa deseada, entonces el domingo debe fijarse en la conciencia ahora. Simplemente comienza a sentir que es domingo hasta que la quietud y la naturalidad del domingo queden conscientemente establecidas.
Tienes asociaciones definidas con los días, las semanas, los meses y las estaciones del año. Has dicho una y otra vez: “Hoy se siente como domingo, o lunes, o sábado; o esto se siente como primavera, o verano, o otoño, o invierno.” Esto debería convencerte de que tienes impresiones conscientes definidas que asocias con los días, las semanas y las estaciones del año. Entonces, gracias a estas asociaciones, puedes elegir cualquier tiempo deseable y, recordando la impresión consciente asociada a ese tiempo, puedes convertir ese tiempo en una realidad subjetiva ahora.
Haz lo mismo con el espacio. Si la habitación en que estás sentado no es la habitación en que la cosa deseada se colocaría o realizaría de manera natural, siéntete sentado en la habitación o el lugar donde sería natural. Fija conscientemente esta impresión de tiempo y espacio antes de comenzar el acto de percibir y sentir la cercanía, la realidad y la posesión de la cosa deseada. No importa si el lugar deseado está a diez mil millas de distancia o a la vuelta de la esquina; debes fijar en la conciencia el hecho de que justo donde estás sentado es el lugar deseado. No realizas un viaje mental; colapsas el espacio. Siéntate quietamente donde estás y convierte “allí” en “aquí”. Cierra los ojos y siente que el mismo lugar donde estás es el lugar deseado; siente y percibe su realidad hasta que quedes conscientemente impresionado con este hecho, pues tu conocimiento de este hecho se basa únicamente en tu percepción subjetiva.
Tercero: En ausencia de Esaú, el problema, y con el tiempo y el espacio naturales establecidos, invitas a Jacob, la solución, a venir y llenar este espacio, a venir y suplantar a su hermano. En tu imaginación ve la cosa deseada. Si no puedes visualizarla, percibe su contorno general; contempla. Luego atráela mentalmente hacia ti.
“Acércate, hijo mío, para que pueda sentirte.” (Génesis 27:21)
Siente su cercanía; siéntela en tu presencia inmediata; siente su realidad y solidez; siéntela y véla colocada naturalmente en la habitación donde estás sentado; siente la emoción del logro real y la alegría de la posesión.
Ahora abre los ojos. Esto te devuelve al mundo objetivo, el mundo áspero o sensiblemente percibido. Tu hijo velloso Esaú ha regresado de la cacería y con su sola presencia te dice que has sido traicionado por tu hijo Jacob, de piel lisa, lo subjetivo, lo psicológicamente sentido. Pero, como Isaac, cuya confianza se basaba en el conocimiento de esta ley inmutable, tú también dirás:
“Lo he puesto por señor tuyo, y le he dado a todos sus hermanos por siervos.” (Génesis 27:37)
Es decir, aunque tu problema parezca fijo y real, has sentido el estado subjetivo y psicológico como real al punto de recibir la emoción de esa realidad; has experimentado el secreto de la creación porque has sentido la realidad de lo subjetivo.
Has fijado un estado psicológico definido que, a pesar de toda oposición o precedente, se objetivará a sí mismo, cumpliendo así el nombre de Jacob: el suplantador.
Aquí hay algunos ejemplos prácticos de este drama.
Primero: La bendición o hacer real una cosa. Siéntate en tu sala de estar y nombra un mueble, una alfombra o una lámpara que desearías tener en esa habitación en particular. Mira el área de la habitación donde lo colocarías si lo tuvieras. Cierra los ojos y deja que todo lo que ocupa esa área de la habitación desaparezca. En tu imaginación ve esa área como espacio vacío, no hay absolutamente nada allí. Ahora comienza a llenar ese espacio con el mueble deseado; percibe y siente que lo tienes en ese mismo lugar, imagina que estás viendo aquello que deseabas ver. Continúa en esta conciencia hasta que sientas la emoción de la posesión.
Segundo: La bendición o hacer real un lugar. Estás ahora sentado en tu apartamento en Nueva York, contemplando la alegría que sería tuya si estuvieras en un transatlántico navegando por el gran Atlántico.
“Voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” (Juan 14:2-3)
Tus ojos están cerrados; has soltado conscientemente el apartamento de Nueva York y en su lugar percibes y sientes que estás en un transatlántico. Estás sentado en una silla de cubierta; a tu alrededor no hay nada más que el vasto Atlántico. Fija la realidad de este barco y este océano de modo que en este estado puedas recordar mentalmente el día en que estabas sentado en tu apartamento de Nueva York soñando con este día en el mar. Recuerda la imagen mental de ti mismo sentado allí en Nueva York soñando con este día. En tu imaginación ve el recuerdo de ti mismo allá en tu apartamento de Nueva York. Si logras mirar atrás hacia tu apartamento de Nueva York sin regresar conscientemente a él, entonces has preparado con éxito la realidad de este viaje. Permanece en este estado consciente sintiendo la realidad del barco y el océano; siente la alegría de este logro y luego abre los ojos. Has ido y preparado el lugar; has fijado un estado psicológico definido, y donde estás en conciencia, allí estarás también en cuerpo.
Tercero: La bendición o hacer real un punto en el tiempo. Sueltas conscientemente este día, mes o año, según sea el caso, e imaginas que es ahora ese día, mes o año que deseas experimentar. Percibes y sientes la realidad del tiempo deseado imprimiéndote el hecho de que ya está cumplido. A medida que percibes la naturalidad de este tiempo, comienzas a sentir la emoción de haber realizado plenamente aquello que, antes de iniciar este viaje psicológico en el tiempo, deseabas experimentar en ese momento.
Con el conocimiento de tu poder de bendecir puedes abrir las puertas de cualquier prisión: la prisión de la enfermedad, la pobreza o una existencia monótona.
“El Espíritu del Señor Dios está sobre mí; porque me ha ungido el Señor para predicar buenas nuevas a los abatidos, me ha enviado a vendar a los quebrantados de corazón, a proclamar libertad a los cautivos y apertura de la cárcel a los presos.” (Isaías 61:1)
✧ Fuente: Cool Wisdom Books
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
Archivo Neville Goddard en español.
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