Este capítulo forma parte del libro Libertad para Todos (1942).
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Capítulo 5: EL SÁBADO
“Seis días se trabajará, pero el séptimo día será para vosotros día santo, un Sábado de reposo para el Señor.” (Éxodo 31:15; Levítico 23:3)
Estos seis días no son períodos de veinticuatro horas. Simbolizan el momento psicológico en que un estado subjetivo definido queda fijado. Estos seis días de trabajo son experiencias subjetivas y, por tanto, no pueden medirse por el tiempo sideral, pues el verdadero trabajo de fijar un estado psicológico definido se realiza en la conciencia. El tiempo empleado en definirte conscientemente como aquello que deseas ser es la medida de estos seis días. Un cambio de conciencia es el trabajo realizado en estos seis días creativos; un ajuste psicológico que se mide no por el tiempo sideral sino por el logro real, es decir, subjetivo. Así como una vida en retrospectiva se mide no por los años sino por el contenido de esos años, así también se mide este intervalo psicológico: no por el tiempo invertido en realizar el ajuste, sino por el logro de ese intervalo.
El verdadero significado de los seis días de trabajo o creación se revela en el misterio del VAU, que es la sexta letra del alfabeto hebreo y la tercera letra del nombre divino, JOD HE VAU HE. Como se explicó anteriormente en el misterio del nombre de Jehová, VAU significa clavar o unir. El creador está unido a su creación a través del sentimiento, y el tiempo que te lleva fijar un sentimiento definido es la verdadera medida de estos seis días de creación. Separarte mentalmente del mundo objetivo y unirte a través del secreto del sentimiento al estado subjetivo es la función de la sexta letra del alfabeto hebreo, VAU, es decir, los seis días de trabajo.
Siempre hay un intervalo entre la impresión fijada o el estado subjetivo, y la expresión exterior de ese estado. Ese intervalo se llama el Sábado. El Sábado es el descanso mental que sigue al estado psicológico fijado; es el resultado de tus seis días de trabajo.
“El Sábado fue hecho para el hombre.” (Marcos 2:27)
Este descanso mental que sigue a una impregnación consciente exitosa es el período de gestación mental; un período creado con el propósito de incubar la manifestación. Fue creado para la manifestación; la manifestación no fue creada para él.
Automáticamente guardas el Sábado como día de descanso, un período de descanso mental, si logras completar tus seis días de trabajo. No puede haber Sábado, no puede haber séptimo día ni período de descanso mental, hasta que los seis días hayan concluido, hasta que el ajuste psicológico se haya completado y la impresión mental se haya fijado plenamente.
Se le advierte al hombre que si no guarda el Sábado, si no entra en el descanso de Dios, tampoco recibirá la promesa y no logrará realizar sus deseos. La razón de esto es simple y evidente. No puede haber descanso mental hasta que se haya realizado una impresión consciente.
Si un hombre no logra imprimir plenamente en sí mismo el hecho de que ahora posee aquello que antes deseaba poseer, continuará deseándolo y, por tanto, no estará mentalmente en reposo ni satisfecho. Si, por el contrario, logra realizar este ajuste consciente de modo que al salir del período de silencio o de sus seis días subjetivos de trabajo sabe por su sentimiento que ya tiene la cosa deseada, entonces entra automáticamente en el Sábado o el período de descanso mental. La gestación sigue a la impregnación. El hombre no continúa deseando aquello que ya ha adquirido. El Sábado solo puede guardarse como día de descanso después de que el hombre logra volverse consciente de ser aquello que antes de entrar en el silencio deseaba ser. El Sábado es el resultado de los seis días de trabajo.
El hombre que conoce el verdadero significado de estos seis días de trabajo comprende que observar un día de la semana como día de quietud física no es guardar el Sábado. La paz y la quietud del Sábado solo pueden experimentarse cuando el hombre ha logrado volverse consciente de ser aquello que desea ser. Si no logra realizar esta impresión consciente, ha errado el blanco; ha pecado, pues pecar es errar el blanco, es no alcanzar el propio objetivo; es un estado en el que no hay paz mental.
“Si yo no hubiera venido y les hubiera hablado, no tendrían pecado.” (Juan 15:22)
Si al hombre no se le hubiera presentado un estado ideal hacia el cual apuntar, un estado que desear y alcanzar, habría estado satisfecho con su suerte en la vida y nunca habría conocido el pecado.
Ahora que el hombre sabe que sus capacidades son infinitas, sabe que trabajando seis días o realizando un ajuste psicológico puede realizar sus deseos, y no estará satisfecho hasta alcanzar cada uno de sus objetivos. Con el verdadero conocimiento de estos seis días de trabajo definirá su objetivo y se dispondrá a volverse consciente de serlo. Cuando esta impresión consciente se realiza, es seguida automáticamente por un período de descanso mental, un período que el místico llama el Sábado, un intervalo en el que la impresión consciente será gestada y expresada físicamente. La palabra se hará carne. ¡Pero eso no es el final! El Sábado o descanso, que será interrumpido por la encarnación de la idea, tarde o temprano dará paso a otros seis días de trabajo, a medida que el hombre define un nuevo objetivo y comienza de nuevo el acto de definirse a sí mismo como aquello que desea ser.
El hombre ha sido despertado de su sueño a través del deseo y no puede encontrar descanso hasta que realice su deseo. Pero antes de poder entrar en el descanso de Dios, antes de poder guardar el Sábado, antes de poder caminar sin temor y en paz, debe convertirse en un buen tirador espiritual y aprender el secreto de dar en el blanco o trabajar seis días: el secreto por el cual suelta el estado objetivo y se ajusta al subjetivo. Este secreto fue revelado en el nombre divino Jehová, y de nuevo en la historia de Isaac bendiciendo a su hijo Jacob. Si el hombre aplica la fórmula tal como se revela en estos dramas bíblicos, dará en el blanco espiritual cada vez, pues sabrá que el descanso mental o Sábado solo se alcanza cuando logra realizar un ajuste psicológico.
La historia de la crucifixión dramatiza bellamente estos seis días, el período psicológico, y el séptimo día de descanso. Está registrado que era costumbre de los judíos liberar a alguien de la prisión en la fiesta de la Pascua, y que se les dio la opción de que se les liberara a Barrabás el ladrón o a Jesús el salvador. Y gritaron:
“¡Suelta a Barrabás!” (Lucas 23:18)
Entonces Barrabás fue liberado y Jesús fue crucificado.
Está además registrado que Jesús el Salvador fue crucificado el sexto día, sepultado o enterrado en el séptimo, y resucitado en el primer día. El salvador en tu caso es aquello que te salvaría de aquello de lo que no eres consciente de ser, mientras que Barrabás el ladrón es tu concepto actual de ti mismo, que te roba aquello que desearías ser. Al definir a tu salvador defines aquello que te salvaría, no el modo en que serías salvado. Tu salvador o deseo tiene caminos que no conoces; sus caminos son inescrutables. Cada problema revela su propia solución. Si estuvieras aprisionado desearías automáticamente ser libre. La libertad, entonces, es lo que te salvaría. Es tu salvador.
Habiendo descubierto a tu salvador, el siguiente paso en este gran drama de la resurrección es liberar a Barrabás, el ladrón, tu concepto actual de ti mismo, y crucificar a tu salvador, es decir, fijar la conciencia de ser o de tener aquello que te salvaría. Barrabás representa tu problema actual. Tu salvador es aquello que te liberaría de ese problema. Liberas a Barrabás apartando tu atención de tu problema, lejos de tu sentido de limitación, pues te roba la libertad que buscas. Y crucificas a tu salvador fijando un estado psicológico definido al sentir que eres libre de la limitación del pasado. Niegas la evidencia de los sentidos y comienzas a sentir subjetivamente la alegría de ser libre. Sientes este estado de libertad como tan real que también tú exclamas:
“¡Soy libre!” “¡Está consumado!” (Juan 19:30)
La fijación de este estado subjetivo, la crucifixión, tiene lugar en el sexto día. Antes de que el sol se ponga en ese día debes haber completado la fijación mediante el sentimiento: “Así es”, “Está consumado.”
El conocimiento subjetivo es seguido por el Sábado o descanso mental. Serás como alguien sepultado o enterrado, pues sabrás que sin importar cuán imponentes sean las barreras ni cuán infranqueables parezcan los muros, tu salvador crucificado y sepultado, tu fijación subjetiva actual, resucitará por sí mismo. Guardando el Sábado como período de descanso mental, asumiendo la actitud mental que sería la tuya si ya estuvieras expresando visiblemente esta libertad, recibirás la promesa del Señor, pues la palabra se hará carne: la fijación subjetiva se encarnará.
“Y reposó Dios el séptimo día de todas sus obras.” (Génesis 2:2)
Tu conciencia es Dios reposando en el conocimiento de que “Todo está bien”, “Está consumado.” Y tus sentidos objetivos confirmarán que así es, pues el día lo revelará.
✧ Fuente: Cool Wisdom Books
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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