Este capítulo forma parte del libro Sentir es el Secreto (1944).
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Capítulo 1: La Ley y su Funcionamiento
EL MUNDO, y todo lo que hay en él, es la conciencia condicionada del hombre hecha objetiva. La conciencia es tanto la causa como la sustancia de todo el mundo. Por eso es a la conciencia a donde debemos dirigirnos si queremos descubrir el secreto de la creación.
El conocimiento de la ley de la conciencia y el método para aplicar esta ley te permitirán lograr todo lo que desees en la vida. Armado con ese conocimiento práctico de esta ley, puedes construir y mantener un mundo ideal.
La conciencia es la única y verdadera realidad, no en sentido figurado sino literal. Esta realidad puede compararse, para mayor claridad, con una corriente dividida en dos partes: la conciencia y el subconsciente. Para aplicar la ley de la conciencia con inteligencia, es necesario comprender la relación entre la conciencia y el subconsciente.
La conciencia es personal y selectiva; el subconsciente es impersonal y no selectivo. La conciencia es el reino del efecto; el subconsciente es el reino de la causa. Estos dos aspectos son las divisiones masculina y femenina de la conciencia. La conciencia es masculina; el subconsciente es femenino.
La conciencia genera ideas e imprime estas ideas en el subconsciente; el subconsciente recibe ideas y les da forma y expresión. Por esta ley, primero concibiendo una idea y luego imprimiendo la idea concebida en el subconsciente, todas las cosas emergen de la conciencia; y sin esta secuencia, nada de lo que ha sido creado habría sido creado.
La conciencia imprime en el subconsciente, mientras que el subconsciente expresa todo lo que ha sido impreso en él. El subconsciente no origina ideas, sino que acepta como verdaderas aquellas que la mente consciente siente como verdaderas y, de una manera que solo él conoce, hace objetivas las ideas aceptadas.
Por lo tanto, gracias a su capacidad de imaginar y sentir, y a su libertad para elegir la idea que albergará, el hombre tiene dominio sobre la creación. El dominio del subconsciente se logra a través del dominio de tus ideas y sentimientos.
El mecanismo de la creación está oculto en lo más profundo del subconsciente, el aspecto femenino o matriz de la creación.
El subconsciente trasciende la razón y es independiente de la inducción. Contempla un sentimiento como un hecho que existe dentro de sí mismo y, partiendo de esa suposición, procede a darle expresión. El proceso creativo comienza con una idea, su ciclo recorre su curso como un sentimiento y termina en un impulso de actuar.
Las ideas se impriman en el subconsciente a través del sentimiento. Ninguna idea puede imprimirse en el subconsciente hasta que sea sentida, pero una vez sentida, sea buena, mala o indiferente, debe ser expresada. El sentimiento es el único medio a través del cual las ideas se transmiten al subconsciente.
Por eso, el hombre que no domina su sentimiento puede fácilmente imprimir en el subconsciente estados no deseados. Dominar el sentimiento no significa reprimirlo ni suprimirlo, sino disciplinarse a uno mismo para imaginar y albergar únicamente aquellos sentimientos que contribuyan a tu felicidad.
El dominio de tu sentimiento es de suma importancia para una vida plena y feliz.
Nunca albergues un sentimiento indeseable, ni pienses con simpatía sobre lo malo bajo ninguna forma. No te detengas en la imperfección propia ni en la de los demás. Hacerlo es imprimir en el subconsciente esas limitaciones. Lo que no quieres que te hagan a ti, no lo sientas como hecho a ti ni a otro. Esta es la ley completa de una vida plena y feliz. Todo lo demás es comentario.
Todo sentimiento deja una impresión en el subconsciente y, a menos que sea contrarrestado por un sentimiento más poderoso de naturaleza opuesta, debe ser expresado. De dos sentimientos, el que predomina es el que se expresa. “Soy sano” es un sentimiento más fuerte que “seré sano”. Sentir “seré” es confesar “no soy”; “soy” es más fuerte que “no soy”.
Lo que sientes que eres siempre predomina sobre lo que sientes que quisieras ser; por lo tanto, para que un deseo se realice, debe sentirse como un estado que es, no como un estado que no es.
La sensación precede a la manifestación y es el fundamento sobre el que descansa toda manifestación. Cuida tus estados de ánimo y tus sentimientos, pues hay una conexión ininterrumpida entre tus sentimientos y tu mundo visible. Tu cuerpo es un filtro emocional y lleva las marcas inconfundibles de tus emociones predominantes. Los trastornos emocionales, especialmente las emociones reprimidas, son la causa de toda enfermedad. Sentir intensamente algo injusto sin expresarlo ni darle salida a ese sentimiento es el comienzo de la enfermedad, la falta de armonía, tanto en el cuerpo como en el entorno. No albergues el sentimiento de arrepentimiento ni de fracaso, pues la frustración o el distanciamiento de tu objetivo produce enfermedad.
Piensa con sentimiento únicamente en el estado que deseas realizar. Sentir la realidad del estado buscado, y vivir y actuar desde esa convicción, es el camino de todos los milagros aparentes. Todos los cambios de expresión se producen a través de un cambio de sentimiento. Un cambio de sentimiento es un cambio de destino. Toda creación ocurre en el dominio del subconsciente.
Lo que debes adquirir, entonces, es un dominio reflexivo sobre el funcionamiento del subconsciente, es decir, dominio sobre tus ideas y sentimientos. El azar o el accidente no son responsables de lo que te ocurre, ni el destino predeterminado es el autor de tu fortuna o tu infortuna. Las impresiones de tu subconsciente determinan las condiciones de tu mundo. El subconsciente no es selectivo; es impersonal y no hace distinción de personas. [Hechos 10:34; Romanos 2:11]
El subconsciente no se ocupa de la verdad o la falsedad de tu sentimiento. Siempre acepta como verdadero lo que tú sientes como verdadero. El sentimiento es la aceptación del subconsciente de la verdad de lo que se declara verdadero. Gracias a esta cualidad del subconsciente, nada es imposible para el hombre. Todo lo que la mente del hombre pueda concebir y sentir como verdadero, el subconsciente puede y debe hacer objetivo. Tus sentimientos crean el molde desde el cual tu mundo toma forma, y un cambio de sentimiento es un cambio de molde.
El subconsciente nunca deja de expresar lo que ha sido impreso en él. En el momento en que recibe una impresión, comienza a encontrar la manera de expresarla. Acepta el sentimiento impreso en él, tu sentimiento, como un hecho que existe dentro de sí mismo, y de inmediato se dispone a producir en el mundo exterior u objetivo el reflejo exacto de ese sentimiento.
El subconsciente nunca altera las creencias que el hombre ha aceptado. Las proyecta hasta el último detalle, sean o no beneficiosas.
Para imprimir en el subconsciente el estado deseado, debes asumir el sentimiento que sería tuyo si ya hubieras realizado tu deseo. Al definir tu objetivo, debes ocuparte únicamente del objetivo en sí. La manera de expresarlo o las dificultades que implica no son asunto tuyo. Pensar con sentimiento en cualquier estado lo imprime en el subconsciente. Por lo tanto, si te detienes en dificultades, obstáculos o demoras, el subconsciente, por su naturaleza no selectiva, acepta el sentimiento de dificultad y obstáculo como tu solicitud y procede a producirlos en tu mundo exterior.
El subconsciente es la matriz de la creación. Recibe la idea dentro de sí a través de los sentimientos del hombre. Nunca cambia la idea que ha recibido, sino que siempre le da forma. Por eso el subconsciente proyecta la idea a imagen y semejanza del sentimiento recibido. Sentir un estado como sin esperanza o imposible es imprimir en el subconsciente la idea del fracaso.
Aunque el subconsciente sirve fielmente al hombre, no debe inferirse que la relación es la de un sirviente con su amo, como se concebía en la antigüedad. Los profetas de antaño lo llamaban esclavo y servidor del hombre. San Pablo lo personificó como “mujer” y dijo:
“La mujer debe estar sujeta al hombre en todo.” [Efesios 5:24; también 1 Corintios 14:34, Efesios 5:22, Colosenses 3:18, 1 Pedro 3:1]
El subconsciente sí sirve al hombre y le da forma fielmente a sus sentimientos. Sin embargo, el subconsciente siente un claro rechazo por la imposición y responde a la persuasión antes que a la orden; por eso se parece más a la amada esposa que al sirviente.
“El esposo es cabeza de la esposa” [Efesios 5:23] puede no ser verdad en la relación terrenal entre hombre y mujer, pero sí lo es en la relación entre la conciencia y el subconsciente, es decir, entre los aspectos masculino y femenino de la conciencia. El misterio al que Pablo se refería cuando escribió:
“Este es un gran misterio… El que ama a su mujer se ama a sí mismo… Y los dos serán una sola carne” [Efesios 5:32, 5:28, 5:31], es simplemente el misterio de la conciencia. La conciencia es en realidad una e indivisible, pero para los fines de la creación parece dividida en dos. El aspecto consciente u objetivo, el masculino, es verdaderamente la cabeza y domina al aspecto subconsciente o subjetivo, el femenino. Sin embargo, ese liderazgo no es el del tirano, sino el del amante.
Así, al asumir el sentimiento que sería tuyo si ya estuvieras en posesión de tu objetivo, el subconsciente se mueve a construir el reflejo exacto de tu suposición.
Tus deseos no son aceptados subconscientemente hasta que asumes el sentimiento de su realidad, pues solo a través del sentimiento es una idea aceptada subconscientemente, y solo a través de esa aceptación subconsciente llega a expresarse.
Es más fácil atribuir tus sentimientos a los eventos del mundo que admitir que las condiciones del mundo reflejan tus sentimientos. Sin embargo, es eternamente verdad que el exterior refleja el interior.
“Como es adentro, así es afuera” [”Como es arriba, así es abajo; como es abajo, así es arriba; como es adentro, así es afuera; como es afuera, así es adentro.” “Correspondencia”, el segundo de los Siete Principios de Hermes Trismegisto]
“El hombre no puede recibir nada si no le es dado del cielo” [Juan 3:27] y “El reino de los cielos está dentro de vosotros.” [Lucas 17:21]
Nada viene de afuera; todo viene de adentro, del subconsciente.
Es imposible que veas algo distinto al contenido de tu conciencia. Tu mundo, en cada uno de sus detalles, es tu conciencia hecha objetiva. Los estados objetivos dan testimonio de las impresiones subconscientes. Un cambio de impresión produce un cambio de expresión.
El subconsciente acepta como verdadero lo que tú sientes como verdadero, y como la creación es el resultado de las impresiones subconscientes, eres tú, con tu sentimiento, quien determina la creación. Ya eres aquello que quieres ser, y tu negativa a creerlo es la única razón por la que no lo ves.
Buscar afuera lo que no sientes ser es buscar en vano, pues nunca encontramos lo que queremos; solo encontramos lo que somos.
En pocas palabras, expresas y tienes únicamente aquello de lo que eres consciente de ser o poseer.
“Al que tiene, se le dará.” [Mateo 13:12; 25:29; Marcos 4:25; Lucas 8:18; 19:26]
Negar la evidencia de los sentidos y apropiarse del sentimiento del deseo cumplido es el camino hacia la realización de tu deseo.
El dominio de uno mismo, el control de tus pensamientos y sentimientos, es tu mayor logro. Sin embargo, hasta que ese dominio perfecto sea alcanzado, de modo que, a pesar de las apariencias, puedas sentir todo lo que quieres sentir, utiliza el sueño y la oración como ayuda para realizar tus estados deseados.
Estas son las dos puertas de entrada al subconsciente.
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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