Este capítulo forma parte del libro Sentir es el Secreto (1944).
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Capítulo 2: El Sueño
EL SUEÑO, la vida que ocupa un tercio de nuestra estancia en la tierra, es la puerta natural hacia el subconsciente. Por eso es con el sueño de lo que nos ocupamos ahora. Los dos tercios conscientes de nuestra vida en la tierra se miden por el grado de atención que le prestamos al sueño. Nuestra comprensión y deleite en lo que el sueño tiene para ofrecernos nos llevará, noche tras noche, a dirigirnos a él como si fuéramos a una cita con un amante.
“En un sueño, en una visión nocturna, cuando el sueño profundo cae sobre los hombres, cuando dormitan sobre el lecho, entonces él abre los oídos de los hombres y sella su instrucción.” [Job 33]
Es en el sueño y en la oración, un estado afín al sueño, donde el hombre entra en el subconsciente para dejar sus impresiones y recibir sus instrucciones. En estos estados, la conciencia y el subconsciente se unen creativamente. Lo masculino y lo femenino se hacen una sola carne. El sueño es el momento en que la mente masculina o consciente se aparta del mundo de los sentidos para buscar a su amante, su propio yo subconsciente.
El subconsciente, a diferencia de la mujer del mundo que se casa con su esposo para cambiarlo, no tiene ningún deseo de cambiar el estado consciente y despierto, sino que lo ama tal como es y reproduce fielmente su semejanza en el mundo exterior de las formas.
Las condiciones y los eventos de tu vida son tus hijos, formados en los moldes de tus impresiones subconscientes durante el sueño. Son hechos a imagen y semejanza de tu sentimiento más íntimo, para que puedan revelarte a ti mismo.
“Así en el cielo, así en la tierra” [Mateo 6:10; Lucas 11:2].
Así en el subconsciente, así en la tierra.
Todo lo que tengas en la conciencia al irte a dormir es la medida de tu expresión en los dos tercios de tu vida en la tierra en los que estás despierto.
Nada te impide realizar tu objetivo salvo tu incapacidad de sentir que ya eres aquello que deseas ser, o que ya estás en posesión de aquello que buscas. Tu subconsciente solo da forma a tus deseos cuando sientes tu deseo cumplido.
La inconsciencia del sueño es el estado natural del subconsciente. Como todas las cosas vienen de dentro de ti mismo, y tu concepción de ti mismo determina aquello que llega, siempre debes sentir el deseo cumplido antes de quedarte dormido. Nunca extraes de lo profundo de ti mismo lo que quieres; siempre extraes lo que eres, y eres aquello que sientes ser, así como aquello que sientes como verdadero en los demás.
Para que el deseo se realice, entonces, debe resolverse en el sentimiento de ser, tener o presenciar el estado buscado. Esto se logra asumiendo el sentimiento del deseo cumplido. El sentimiento que surge en respuesta a la pregunta “¿Cómo me sentiría si mi deseo se hubiera realizado?” es el sentimiento que debe monopolizar e inmovilizar tu atención mientras te relajas para dormir. Debes estar en la conciencia de ser o tener aquello que quieres ser o tener antes de quedarte dormido.
Una vez dormido, el hombre no tiene libertad de elección. Todo su sueño está dominado por su último concepto de sí mismo antes de dormirse.
Por lo tanto, siempre debe asumir el sentimiento de logro y satisfacción antes de retirarse a dormir.
“Venid ante él con cánticos y acción de gracias” [Salmo 95:2]
“Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza.” [Salmo 100:4]
Tu estado de ánimo antes de dormir define tu estado de conciencia al entrar en la presencia de tu eterno amante, el subconsciente.
Ella te ve exactamente como tú te sientes ser. Si, al prepararte para dormir, asumes y mantienes la conciencia del éxito sintiendo “soy exitoso”, debes ser exitoso. Acuéstate boca arriba con la cabeza al nivel del cuerpo. Siéntete como te sentirías si estuvieras en posesión de tu deseo y relájate tranquilamente hasta quedarte dormido.
“He aquí, el que guarda a Israel no se adormecerá ni dormirá.” [Salmo 121:4] Sin embargo, “Él da el sueño a su amado.” [Salmo 127:2]
El subconsciente nunca duerme. El sueño es la puerta a través de la cual la mente consciente y despierta pasa para unirse creativamente al subconsciente. El sueño oculta el acto creativo, mientras que el mundo objetivo lo revela. En el sueño, el hombre imprime en el subconsciente su concepción de sí mismo.
¿Qué descripción más hermosa de este romance entre la conciencia y el subconsciente que la que nos ofrece el Cantar de los Cantares?
“De noche busqué en mi lecho al que ama mi alma… Lo hallé, y no lo solté, hasta que lo metí en casa de mi madre, y en la cámara de aquella que me concibió.” [Cantares 3:1, 3:4]
Al prepararte para dormir, te introduces en el sentimiento del deseo respondido y luego te relajas hasta quedarte dormido. Tu deseo realizado es aquel a quien buscas. De noche, en tu lecho, buscas el sentimiento del deseo cumplido para llevarlo contigo a la cámara de aquella que te concibió, al sueño o subconsciente que te dio forma, para que este deseo también pueda ser expresado.
Esta es la manera de descubrir tus deseos y conducirlos hacia el subconsciente. Siéntete en el estado del deseo realizado y quédate dormido tranquilamente.
Noche tras noche, debes asumir el sentimiento de ser, tener y presenciar aquello que buscas ser, poseer y ver manifestado. Nunca te vayas a dormir sintiéndote desanimado o insatisfecho. Nunca duermas en la conciencia del fracaso.
Tu subconsciente, cuyo estado natural es el sueño, te ve tal como tú te crees ser, y sea bueno, malo o indiferente, el subconsciente encarnará fielmente tu creencia. Lo que sientes es lo que dejas impreso en ella; y ella, la amante perfecta, da forma a esas impresiones y las proyecta como los hijos de su amado.
“Toda tú eres hermosa, amada mía, y en ti no hay defecto.” [Cantares 4:7]
Esta es la actitud mental que debes adoptar antes de quedarte dormido.
Ignora las apariencias y siente que las cosas son como deseas que sean, pues:
“Él llama a las cosas que no se ven como si fueran, y lo invisible se hace visible.” [Aprox. Romanos 4:17]
Asumir el sentimiento de satisfacción es llamar a la existencia condiciones que reflejarán esa satisfacción.
“Los signos siguen, no preceden.”
La prueba de que eres seguirá a la conciencia de que eres; no la precederá. Eres un soñador eterno que sueña sueños no eternos. Tus sueños toman forma cuando asumes el sentimiento de su realidad. No te limites al pasado. Sabiendo que nada es imposible para la conciencia, comienza a imaginar estados más allá de las experiencias del pasado. Todo lo que la mente del hombre pueda imaginar, el hombre puede realizarlo. Todos los estados objetivos, los visibles, fueron primero estados subjetivos, invisibles, y tú los llamaste a lo visible asumiendo el sentimiento de su realidad. El proceso creativo consiste primero en imaginar y luego en creer en el estado imaginado. Imagina siempre y espera siempre lo mejor.
El mundo no puede cambiar hasta que cambies tu concepción de él. “Como es adentro, así es afuera.”
Las naciones, al igual que las personas, son solo aquello que tú crees que son. No importa cuál sea el problema, no importa dónde esté, no importa a quién concierna, no tienes a nadie que cambiar salvo a ti mismo, y no tienes ni oponente ni ayudante para lograr el cambio dentro de ti mismo. No tienes nada que hacer solo tienes que convencerte de la verdad de aquello que deseas ver manifestado.
En cuanto logres convencerte de la realidad del estado buscado, los resultados seguirán para confirmar tu creencia fija. Nunca sugieres a otro el estado que deseas verlo expresar; en cambio, te convences a ti mismo de que él ya es aquello que deseas que sea.
La realización de tu deseo se logra asumiendo el sentimiento del deseo cumplido. No puedes fracasar a menos que fracases en convencerte de la realidad de tu deseo. Un cambio de creencia se confirma con un cambio de expresión.
Cada noche, al quedarte dormido, siéntete satisfecho e inmaculado, pues tu amante subjetivo siempre forma el mundo objetivo a imagen y semejanza de tu concepción de él, la concepción definida por tu sentimiento.
Los dos tercios de tu vida en la tierra en que estás despierto corroboran siempre o dan testimonio de tus impresiones subconscientes. Las acciones y los eventos del día son efectos; no son causas. El libre albedrío es solo libertad de elección.
“Elegid hoy a quién habéis de servir” [Josué 24:15] es tu libertad de elegir el tipo de estado de ánimo que asumes; pero la expresión de ese estado de ánimo es el secreto del subconsciente.
El subconsciente recibe impresiones únicamente a través de los sentimientos del hombre y, de una manera que solo él conoce, da forma y expresión a esas impresiones. Las acciones del hombre están determinadas por sus impresiones subconscientes. Su ilusión de libre albedrío, su creencia en la libertad de acción, no es más que ignorancia de las causas que lo llevan a actuar. Se cree libre porque ha olvidado el vínculo entre él mismo y el acontecimiento.
El hombre despierto está obligado a expresar sus impresiones subconscientes. Si en el pasado se imprimió a sí mismo sin sabiduría, que comience entonces a cambiar su pensamiento y su sentimiento, pues solo en la medida en que lo haga cambiará su mundo. No desperdicies ni un momento en el arrepentimiento, pues pensar con sentimiento en los errores del pasado es reinfectarte a ti mismo.
“Deja que los muertos entierren a sus muertos.” [Mateo 8:22; Lucas 9:60]
Apártate de las apariencias y asume el sentimiento que sería tuyo si ya fueras aquello que deseas ser.
Sentir un estado produce ese estado.
El papel que desempeñas en el escenario del mundo está determinado por tu concepción de ti mismo. Al sentir tu deseo cumplido y relajarte tranquilamente hasta quedarte dormido, te asignas a ti mismo un papel estelar para ser representado en la tierra mañana, y mientras duermes, eres ensayado e instruido en tu papel.
La aceptación del fin determina automáticamente los medios para su realización. No te equivoques en esto. Si al prepararte para dormir no te sientes conscientemente en el estado del deseo cumplido, entonces llevarás contigo a la cámara de aquella que te concibió la suma total de las reacciones y sentimientos del día, cuando estás despierto; y mientras duermes, serás instruido en la manera en que estos se expresarán mañana. Te levantarás creyendo que eres un agente libre, sin darte cuenta de que cada acción y acontecimiento del día ha sido predeterminado por el concepto de ti mismo que tenías en el momento en que te quedaste dormido. Tu única libertad, entonces, es tu libertad de reacción. Eres libre de elegir cómo te sientes y cómo reaccionas ante el drama del día, pero el drama, las acciones, los eventos y las circunstancias del día, ya han sido determinados.
A menos que consciente y deliberadamente definas la actitud mental con la que te vas a dormir, te dormirás inconscientemente con la actitud mental compuesta por todos los sentimientos y reacciones del día. Cada reacción deja una impresión subconsciente y, a menos que sea contrarrestada por un sentimiento opuesto y más dominante, es la causa de acciones futuras.
Las ideas envueltas en sentimiento son acciones creativas. Usa sabiamente tu derecho divino. A través de tu capacidad de pensar y sentir, tienes dominio sobre toda la creación.
Mientras estás despierto, eres un jardinero que selecciona semillas para su jardín, pero:
“Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.” [Juan 12:24]
Tu concepción de ti mismo al quedarte dormido es la semilla que depositas en la tierra del subconsciente. Quedarte dormido sintiéndote satisfecho y feliz obliga a que aparezcan en tu mundo condiciones y eventos que confirman esas actitudes mentales.
El sueño es la puerta al cielo. Lo que llevas como un sentimiento lo traes de vuelta como una condición, una acción o un objeto en el espacio. Así que duerme en el sentimiento del deseo cumplido.
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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