Este capítulo forma parte del libro Sentir es el Secreto (1944).
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Capítulo 3. La Oración
LA ORACIÓN, al igual que el sueño, es también una entrada al subconsciente.
“Cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” [Mateo 6:6]
La oración es una ilusión del sueño que disminuye la impresión del mundo exterior y hace que la mente sea más receptiva a la sugerencia desde adentro. La mente en oración se encuentra en un estado de relajación y receptividad similar a la sensación que se alcanza justo antes de quedarse dormido.
La oración no es tanto lo que pides, sino cómo te preparas para recibirlo.
“Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.” [Marcos 11:24]
La única condición requerida es que creas que tus oraciones ya han sido respondidas. Tu oración debe ser respondida si asumes el sentimiento que sería tuyo si ya estuvieras en posesión de tu objetivo. En el momento en que aceptas el deseo como un hecho consumado, el subconsciente encuentra los medios para su realización. Para orar con éxito, entonces, debes ceder ante el deseo, es decir, sentir el deseo cumplido.
El hombre perfectamente disciplinado está siempre en sintonía con el deseo como un hecho consumado. Sabe que la conciencia es la única y verdadera realidad, que las ideas y los sentimientos son hechos de la conciencia y son tan reales como los objetos en el espacio; por lo tanto, nunca alberga un sentimiento que no contribuya a su felicidad, pues los sentimientos son las causas de las acciones y las circunstancias de su vida.
Por otro lado, el hombre indisciplinado encuentra difícil creer en aquello que los sentidos niegan y generalmente acepta o rechaza basándose únicamente en las apariencias de los sentidos. Debido a esta tendencia a apoyarse en la evidencia de los sentidos, es necesario cerrarlos antes de comenzar a orar, antes de intentar sentir aquello que ellos niegan. Cuando te encuentras en el estado mental de “quisiera, pero no puedo”, cuanto más lo intentas, menos puedes ceder ante el deseo. Nunca atraes aquello que quieres, sino siempre aquello de lo que eres consciente de ser.
La oración es el arte de asumir el sentimiento de ser y tener aquello que quieres. Cuando los sentidos confirman la ausencia de tu deseo, todo esfuerzo consciente por contrarrestar esa sugestión es inútil y tiende a intensificarla.
La oración es el arte de ceder ante el deseo, no el de forzar el deseo. Cuando tu sentimiento está en conflicto con tu deseo, el sentimiento será el vencedor. El sentimiento dominante es el que siempre se expresa. La oración debe ser sin esfuerzo. Al intentar fijar una actitud mental que los sentidos niegan, el esfuerzo es fatal.
Para ceder con éxito ante el deseo como un hecho consumado, debes crear un estado pasivo, una especie de ensoñación o reflexión meditativa similar a la sensación que precede al sueño. En ese estado de relajación, la mente se aparta del mundo objetivo y percibe con facilidad la realidad de un estado subjetivo. Es un estado en el que estás consciente y puedes moverte o abrir los ojos, pero no tienes ningún deseo de hacerlo. Una manera sencilla de crear este estado pasivo es relajarte en una silla cómoda o en una cama. Si es en una cama, acuéstate boca arriba con la cabeza al nivel del cuerpo, cierra los ojos e imagina que tienes sueño. Siente: tengo sueño, tanto sueño, muchísimo sueño.
En poco tiempo, una sensación de lejanía acompañada de un cansancio general y de la pérdida de todo deseo de moverte te envuelve. Sientes un descanso agradable y cómodo y no tienes inclinación de cambiar de posición, aunque en otras circunstancias no estarías nada cómodo. Cuando se alcanza este estado pasivo, imagina que has realizado tu deseo, no cómo fue realizado, sino simplemente el deseo cumplido. Imagina en forma de imagen aquello que deseas lograr en la vida; luego siéntete como si ya lo hubieras logrado. Los pensamientos producen pequeños movimientos del habla que en el estado pasivo de la oración pueden escucharse como pronunciamientos desde afuera. Sin embargo, este grado de pasividad no es indispensable para la realización de tus oraciones. Todo lo que se necesita es crear un estado pasivo y sentir el deseo cumplido.
Todo lo que puedas necesitar o desear ya es tuyo. No necesitas a nadie que te lo dé; es tuyo ahora. Llama a tus deseos a la existencia imaginando y sintiendo tu deseo cumplido. Al aceptar el fin, te vuelves totalmente indiferente ante la posibilidad del fracaso, pues la aceptación del fin determina los medios para ese fin. Cuando emerges del momento de oración, es como si te hubieran mostrado el final feliz y exitoso de una obra de teatro sin haberte mostrado cómo se llegó a ese final. Sin embargo, habiendo presenciado el final, independientemente de cualquier secuencia decepcionante, permaneces tranquilo y seguro en el conocimiento de que el final ha sido perfectamente definido.
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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