Este capítulo forma parte del libro Fuera de Este Mundo(1949).
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Capítulo 2: Las Asunciones Se Convierten en Hechos
Los hombres creen en la realidad del mundo exterior porque no saben cómo enfocar y condensar sus poderes para penetrar su delgada corteza. Este libro tiene un solo propósito: retirar el velo de los sentidos y viajar hacia otro mundo. Para retirar el velo de los sentidos no empleamos un gran esfuerzo; el mundo objetivo se desvanece simplemente apartando nuestra atención de él.
Solo tenemos que concentrarnos en el estado deseado para verlo mentalmente; pero para darle realidad de modo que se convierta en un hecho objetivo, debemos enfocar la atención en el estado invisible hasta que adquiera el sentimiento de realidad. Cuando, a través de la atención concentrada, nuestro deseo parece poseer la nitidez y el sentimiento de realidad, le hemos dado el derecho a convertirse en un hecho concreto y visible.
Si te resulta difícil controlar la dirección de tu atención mientras estás en un estado cercano al sueño, puede que fijar la mirada en un objeto te sea de gran ayuda. No mires su superficie sino hacia dentro y más allá de cualquier objeto simple como una pared, una alfombra o cualquier otro objeto que tenga profundidad. Dispónlo de modo que devuelva la menor reflexión posible. Imagina entonces que en esa profundidad estás viendo y escuchando lo que quieres ver y escuchar, hasta que tu atención esté exclusivamente ocupada por el estado imaginado.
Al final de tu meditación, cuando despiertas de tu “sueño de vigilia controlado,” sientes como si hubieras regresado de una gran distancia. El mundo visible que habías excluido regresa a la conciencia y, por su sola presencia, te informa de que te has engañado a ti mismo creyendo que el objeto de tu contemplación era real. Pero si sabes que la conciencia es la única y verdadera realidad, permanecerás fiel a tu visión y, con esta actitud mental sostenida, confirmarás tu don de realidad y demostrarás que tienes el poder de dar realidad a tus deseos para que se conviertan en hechos concretos y visibles.
Define tu ideal y concentra tu atención en la idea de identificarte con él. Asume el sentimiento de serlo, el sentimiento que sería tuyo si ya fueras la encarnación de tu ideal. Luego vive y actúa desde esa convicción. Esta asunción, aunque negada por los sentidos, si se persiste en ella, se convertirá en un hecho. Sabrás que has logrado fijar el estado deseado en la conciencia simplemente mirando mentalmente a las personas que conoces. En los diálogos contigo mismo eres menos inhibido y más sincero que en las conversaciones reales con otros; por lo tanto, la oportunidad para el autoexamen surge cuando te sorprenden tus conversaciones mentales con otros. Si los ves como antes los veías, no has cambiado tu concepto de ti mismo, porque todos los cambios en el concepto de uno mismo producen un cambio en la relación con el mundo.
En tu meditación, permite que otros te vean como te verían si este nuevo concepto de ti mismo fuera un hecho concreto. Siempre pareces a los demás una encarnación del ideal que inspiras. Por lo tanto, en la meditación, cuando contemplas a otros, debes ser visto por ellos mentalmente como serías visto por ellos físicamente si tu concepto de ti mismo fuera un hecho objetivo; es decir, en la meditación imaginas que ellos te ven expresando aquello que deseas ser.
Si asumes que eres lo que quieres ser, tu deseo queda cumplido y, en ese cumplimiento, todo anhelo se neutraliza. No puedes seguir deseando lo que ya has realizado. Tu deseo no es algo que te esfuerzas por cumplir, sino el reconocimiento de algo que ya posees. Es asumir el sentimiento de ser aquello que deseas ser. Creer y ser son uno. El que concibe y su concepción son uno; por lo tanto, aquello que te concibes a ti mismo ser nunca puede estar tan lejos como para estar cerca, porque la cercanía implica separación.
“Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” (Marcos 9:23)
El ser es la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que aún no se ven (cf. Hebreos 11:1). Si asumes que eres lo que quieres ser, entonces verás a los demás tal como se relacionan con tu asunción.
Si, en cambio, es el bien de otros lo que deseas, entonces, en la meditación, debes representártelos a ti mismo como siendo ya aquello que deseas que sean. Es a través del deseo que te elevas por encima de tu esfera presente, y el camino del anhelo al cumplimiento se acorta cuando experimentas en la imaginación lo que experimentarías en la carne si ya fueras la encarnación del ideal que deseas ser.
He afirmado que el hombre tiene en cada momento la elección ante él de cuál de varios futuros encontrará; pero surge la pregunta: “¿Cómo es eso posible cuando las experiencias del hombre, despierto en el mundo tridimensional, están predeterminadas?”, tal como lo implica su observación de un acontecimiento antes de que ocurra. Esta capacidad de cambiar el futuro se comprenderá si comparamos las experiencias de la vida en la tierra con esta página impresa. El hombre experimenta los acontecimientos en la tierra uno por uno y sucesivamente, del mismo modo en que tú estás experimentando ahora las palabras de esta página.
Imagina que cada palabra de esta página representa una única impresión sensorial. Para captar el contexto y comprender mi significado, enfocas tu visión en la primera palabra de la esquina superior izquierda y luego desplazas tu mirada por la página de izquierda a derecha, dejando que caiga sobre las palabras una por una y sucesivamente. Para cuando tus ojos llegan a la última palabra de esta página, has extraído mi significado. Supón, sin embargo, que al mirar la página, con todas las palabras impresas en ella igualmente presentes, decidieras reorganizarlas. Podrías, al reorganizarlas, contar una historia completamente diferente; de hecho, podrías contar muchas historias diferentes.
Un sueño no es más que un pensamiento cuatridimensional no controlado, o la reorganización de impresiones sensoriales pasadas y futuras. El hombre rara vez sueña con los acontecimientos en el orden en que los experimenta cuando está despierto. Por lo general sueña con dos o más acontecimientos que están separados en el tiempo, fusionados en una única impresión sensorial; o bien, en su sueño, reorganiza tan completamente sus únicas impresiones sensoriales de vigilia que no las reconoce cuando las encuentra en su estado de vigilia.
Por ejemplo: soñé que entregaba un paquete al restaurante de mi edificio. La anfitriona me dijo: “No puedes tener eso aquí”; tras lo cual, el operador del ascensor me entregó unas cartas y, al agradecérselas, él a su vez me dio las gracias. En ese momento apareció el operador del ascensor nocturno y me saludó con la mano.
Al día siguiente, al salir de mi apartamento, recogí unas cartas que habían dejado en mi puerta. Al bajar, le di una propina al operador del ascensor diurno y le agradecí que se hubiera ocupado de mi correo; tras lo cual, él me agradeció la propina. Al regresar a casa ese día, escuché a un portero decirle a un repartidor: “No puedes dejar eso aquí.” Cuando estaba a punto de tomar el ascensor hacia mi apartamento, me atrajo un rostro familiar en el restaurante y, al asomar la cabeza, la anfitriona me saludó con una sonrisa. Esa misma noche acompañé a mis invitados a cenar hasta el ascensor y, al despedirme de ellos, el operador nocturno me saludó con la mano.
Simplemente reorganizando algunas de las únicas impresiones sensoriales que estaba destinado a encontrar, y fusionando dos o más de ellas en únicas impresiones sensoriales, construí un sueño que difería bastante de mi experiencia de vigilia.
Cuando hayamos aprendido a controlar los movimientos de nuestra atención en el mundo cuatridimensional, seremos capaces de crear conscientemente circunstancias en el mundo tridimensional. Aprendemos este control a través del sueño de vigilia, donde nuestra atención puede mantenerse sin esfuerzo, porque la atención sin esfuerzo es indispensable para cambiar el futuro. Podemos, en un sueño de vigilia controlado, construir conscientemente un acontecimiento que deseamos experimentar en el mundo tridimensional.
Las impresiones sensoriales que usamos para construir nuestro sueño de vigilia son realidades presentes desplazadas en el tiempo o en el mundo cuatridimensional. Todo lo que hacemos al construir el sueño de vigilia es seleccionar, del vasto conjunto de impresiones sensoriales, aquellas que, cuando están debidamente organizadas, implican que hemos realizado nuestro deseo. Con el sueño claramente definido, nos relajamos en una silla e inducimos un estado de conciencia cercano al sueño, un estado que, aunque roza el sueño, nos deja en control consciente de los movimientos de nuestra atención. Cuando hemos alcanzado ese estado, experimentamos en la imaginación lo que experimentaríamos en la realidad si este sueño de vigilia fuera un hecho objetivo. Al aplicar esta técnica para cambiar el futuro, es importante recordar siempre que lo único que ocupa la mente durante el sueño de vigilia es el sueño de vigilia en sí, la acción predeterminada que implica el cumplimiento de nuestro deseo. Cómo el sueño de vigilia se convierte en hecho físico no es nuestra preocupación. Nuestra aceptación del sueño de vigilia como realidad física determina los medios para su cumplimiento.
Permíteme sentar de nuevo las bases para cambiar el futuro, que no es más que un sueño de vigilia controlado.
Define tu objetivo: conoce con claridad lo que quieres. Construye un acontecimiento que creas que encontrarás tras el cumplimiento de tu deseo, algo que tenga la acción del yo como elemento predominante, un acontecimiento que implique el cumplimiento de tu deseo.
Inmoviliza el cuerpo físico e induce un estado de conciencia cercano al sueño; luego, siéntete mentalmente dentro de la acción propuesta, imaginando todo el tiempo que estás realizando realmente la acción aquí y ahora, de modo que experimentes en la imaginación lo que experimentarías en la carne si ahora realizaras tu meta.
La experiencia me ha convencido de que este es el camino perfecto para alcanzar mi meta. Sin embargo, mis propios y numerosos fracasos me condenarían si insinuara que he dominado por completo los movimientos de mi atención. Puedo, no obstante, decir con el maestro antiguo:
“Una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome hacia lo que está delante, prosigo hacia la meta, hacia el premio.” (Filipenses 3:13,14)
✧ Fuente: Cool Wisdom Books
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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