Este capítulo forma parte del libro Imaginación Despierta (1954).
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Capítulo III · LAS CARRETERAS DEL MUNDO INTERIOR
“Y los hijos luchaban dentro de ella… Y Jehová le dijo: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor.” (Génesis 25:22,23)
LA DUALIDAD ES una condición inherente a la vida. Todo lo que existe es doble. El hombre es una criatura dual con principios contrarios incrustados en su naturaleza. Estos guerrean dentro de él y presentan ante la vida actitudes antagónicas. Este conflicto es la empresa eterna, la guerra en el cielo, la lucha interminable del hombre menor, o del hombre interior de la imaginación, por afirmar Su supremacía sobre el hombre mayor, o el hombre exterior de los sentidos.
“Los primeros serán postreros, y los postreros, primeros.” (Mateo 19:30)
“Este es Aquel que, viniendo después de mí, es preferido a mí.” (Juan 1:27)
“El segundo hombre es el Señor del cielo.” (1 Corintios 15:47)
El hombre comienza a despertar a la vida imaginativa en el momento en que siente la presencia de otro ser dentro de sí.
“En tus miembros yacen dos naciones, razas rivales desde su origen; una obtendrá el dominio, el menor reinará sobre el mayor.”
Todo hombre posee dos centros distintos de pensamiento, o dos maneras de mirar el mundo. La Biblia habla de estas dos maneras de mirar como lo natural y lo espiritual.
“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1 Corintios 2:14)
El cuerpo interior del hombre es tan real en el mundo de la experiencia subjetiva como su cuerpo físico exterior es real en el mundo de las realidades externas, pero el cuerpo interior expresa una parte más fundamental de la realidad.
Este cuerpo interior existente del hombre debe ejercitarse y dirigirse conscientemente.
El mundo interior de pensamiento y sentimiento al cual está sintonizado el cuerpo interior tiene su propia estructura real y existe en su propio espacio superior.
Hay dos clases de movimiento: uno que corresponde al cuerpo interior y otro que corresponde al cuerpo exterior. El movimiento que corresponde al cuerpo interior es causal, pero el movimiento exterior está sujeto a compulsión. El movimiento interior determina al exterior, que está unido a él, e introduce en lo exterior un movimiento similar a las acciones del cuerpo interior. El movimiento interior es la fuerza mediante la cual todos los acontecimientos se hacen realidad. El movimiento exterior está sujeto a la compulsión que le aplica el movimiento del cuerpo interior. Siempre que las acciones del cuerpo interior coincidan con las acciones que el cuerpo exterior debe tomar para apaciguar el deseo, ese deseo se realizará.
Construye mentalmente un drama que implique que tu deseo está realizado, y haz que sea uno que involucre movimiento de ti mismo. Inmoviliza tu yo físico exterior. Actúa exactamente como si fueras a tomar una siesta, y comienza la acción predeterminada en la imaginación.
Una representación vívida de la acción es el comienzo de esa acción. Luego, mientras te vas quedando dormido, imagínate conscientemente dentro de la escena. La duración del sueño no importa, una siesta breve es suficiente, pero llevar la acción hasta el sueño condensa la fantasía hasta convertirla en hecho.
Al principio tus pensamientos pueden ser como ovejas errantes que no tienen pastor. No te desesperes. Si tu atención se desvía setenta veces siete, tráela de vuelta setenta veces siete a su curso predeterminado, hasta que, por puro agotamiento, siga el camino señalado.
El viaje interior nunca debe carecer de dirección. Cuando tomas el camino interior, es para hacer lo que ya hiciste mentalmente antes de partir. Vas en busca del premio que ya has visto y aceptado.
En The Road to Xanadu, el profesor John Livingston Lowes dice:
“Pero desde hace tiempo he tenido la sensación, que este estudio ha madurado hasta convertirla en convicción, de que la Fantasía y la Imaginación no son en absoluto dos poderes, sino uno solo. La distinción válida que existe entre ellas no radica en los materiales con los que operan, sino en el grado de intensidad del mismo poder operante que actúa. Trabajando a alta tensión, la energía imaginativa asimila y transmuta; ajustada a un tono bajo, esa misma energía agrega y acopla entre sí aquellas imágenes que, en su punto más alto, funde de manera indisoluble en una sola.” (John Livingston Lowes, The Road to Xanadu)
La fantasía ensambla, la imaginación funde.
Aquí hay una aplicación práctica de esta teoría. Hace un año, una chica ciega que vivía en la ciudad de San Francisco se encontró enfrentada a un problema de transporte. Un cambio en las rutas de los autobuses la obligó a hacer tres transbordos entre su casa y su oficina. Esto alargó su trayecto de quince minutos a dos horas y quince minutos. Pensó seriamente en este problema y llegó a la decisión de que un automóvil era la solución. Sabía que no podía conducir un automóvil, pero sintió que podía ser llevada en uno. Poniendo a prueba la teoría de que “siempre que las acciones del yo interior correspondan a las acciones que el yo exterior y físico debe tomar para apaciguar el deseo, ese deseo se realizará”, se dijo a sí misma: “Me sentaré aquí e imaginaré que me llevan a mi oficina en auto.”
Sentada en su sala, comenzó a imaginarse a sí misma sentada en un auto. Sintió el ritmo del motor. Imaginó que olía el aroma de la gasolina, sintió el movimiento del auto, tocó la manga del conductor y sintió que el conductor era un hombre. Sintió que el auto se detenía y, volviéndose hacia su acompañante, dijo: “Muchas gracias, señor.”
A lo cual él respondió: “El placer es todo mío.”
Luego bajó del auto y escuchó el chasquido de la puerta al cerrarla.
Ella me contó que centró su imaginación en estar dentro de un auto y, aunque ciega, contempló la ciudad desde su paseo imaginario. No pensó en el paseo. Pensó desde el paseo y todo lo que este implicaba. Este paseo controlado, dirigido subjetivamente y con propósito, elevó su imaginación a toda su potencia. Mantuvo su propósito siempre presente, sabiendo que había cohesión en el movimiento interior con propósito. En estos viajes mentales debe sostenerse una continuidad emocional: la emoción del deseo cumplido. La expectativa y el deseo estaban tan intensamente unidos que pasaron de inmediato de un estado mental a un acto físico.
El yo interior avanza mejor por el curso predeterminado cuando las emociones colaboran. El yo interior debe encenderse, y se enciende mejor con el pensamiento de grandes hazañas y ganancias personales. Debemos disfrutar de nuestras acciones.
Durante dos días seguidos, la chica ciega tomó su paseo imaginario, dándole toda la alegría y la vivacidad sensorial de la realidad. Pocas horas después de su segundo paseo imaginario, una amiga le contó una historia que había leído en el periódico de la tarde. Era la historia de un hombre interesado en los ciegos. La chica ciega lo llamó por teléfono y le expuso su problema. Al día siguiente, de camino a casa, él se detuvo en un bar y, mientras estaba allí, sintió el impulso de contarle a su amigo el propietario la historia de la chica ciega. Un completo desconocido, al escuchar la historia, se ofreció como voluntario para llevar a la chica ciega a su casa todos los días. El hombre que había contado la historia dijo entonces: “Si tú la llevas a casa, yo la llevaré al trabajo.”
Esto ocurrió hace más de un año, y desde ese día, esta chica ciega ha sido llevada de ida y vuelta a su oficina por estos dos caballeros. Ahora, en lugar de pasar dos horas y quince minutos en tres autobuses, llega a su oficina en menos de quince minutos. Y en aquel primer trayecto hacia su oficina, se volvió hacia su buen samaritano y dijo: “Muchas gracias, señor”; y él respondió: “El placer es todo mío.”
Así, los objetos de su imaginación eran para ella las realidades de las cuales la manifestación física era solo el testigo.
El principio determinante y animador fue el paseo imaginario. Su triunfo solo podía ser una sorpresa para quienes no conocían su paseo interior. Ella contempló mentalmente el mundo desde ese paseo imaginario con tal claridad de visión que cada aspecto de la ciudad adquirió identidad propia.
Estos movimientos interiores no solo producen movimientos exteriores correspondientes: esta es la ley que opera debajo de todas las apariencias físicas.
Quien practique estos ejercicios de bilocación desarrollará poderes inusuales de concentración y quietud, y logrará inevitablemente una consciencia despierta en el mundo interior, dimensionalmente más grande.
Al actualizar con fuerza, cumplió su deseo, pues, al contemplar la ciudad desde el sentimiento de su deseo cumplido, igualó el estado deseado y se concedió a sí misma aquello que los hombres dormidos piden a Dios.
Para realizar tu deseo, una acción debe comenzar en tu imaginación, al margen de la evidencia de los sentidos, involucrando movimiento de ti mismo e implicando el cumplimiento de tu deseo. Siempre que sea la acción que el yo exterior toma para apaciguar el deseo, ese deseo se realizará.
El movimiento de todo objeto visible no está causado por cosas fuera del cuerpo, sino por cosas dentro de él, que operan de adentro hacia afuera.
El viaje está en ti mismo. Viajas por las carreteras del mundo interior. Sin movimiento interior, es imposible producir nada. La acción interior es sensación introvertida. Si construyes mentalmente un drama que implique que has realizado tu objetivo, y luego cierras los ojos y dejas caer tus pensamientos hacia dentro, centrando tu imaginación todo el tiempo en la acción predeterminada y participando en esa acción, te convertirás en un ser autodeterminado.
La acción interior ordena todas las cosas conforme a su propia naturaleza.
Pruébalo y comprueba si un ideal deseable, una vez formulado, es posible, porque solo mediante este proceso de experimentación puedes realizar tus potencialidades.
Así es como este principio creativo se está realizando. Así que la clave para vivir con propósito es centrar tu imaginación en la acción y el sentimiento del deseo cumplido, con tal consciencia y tal sensibilidad, que inicies y experimentes movimiento en el mundo interior.
Las ideas solo actúan si se sienten, si despiertan movimiento interior. El movimiento interior está condicionado por la automotivación; el movimiento exterior, por la compulsión.
“Todo lugar que pise la planta de tu pie, ese te lo he dado.” (Josué 1:3)
y recuerda:
“Jehová tu Dios en medio de ti, poderoso es.” (Sofonías 3:17)
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✧ Texto original en inglés: “Awakened Imagination, 1954” por Neville Goddard.
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
Archivo Neville Goddard en español.
📖 Archivo completo de libros y conferencias traducidas.




