Imaginación Despierta · Neville Goddard · 1954 · Capítulo IV
LAS TIJERAS DE PODAR DE LA REVISIÓN.
Este capítulo forma parte del libro Imaginación Despierta (1954).
Puedes consultar el índice general para ver el recorrido completo.
Capítulo IV · LAS TIJERAS DE PODAR DE LA REVISIÓN
“El segundo hombre es el Señor del cielo.” (1 Corintios 15:47)
“Él nunca dirá orugas. Dirá: ‘Hay muchas mariposas-que-serán sobre nuestras coles, Prue.’
No dirá: ‘Es invierno.’
Dirá: ‘El verano está durmiendo.’
‘Y no hay capullo tan pequeño ni de color tan triste para que Kester no lo llame el comienzo de la floración.’” (Mary Webb, Precious Bane)
EL PRIMER acto de corrección o cura es siempre “revisar”. Uno debe comenzar consigo mismo. Es la propia actitud la que debe cambiar.
“Solo podemos ver aquello que somos.” (Emerson)
Es un ejercicio de lo más saludable y productivo revivir a diario el día tal como hubieras deseado vivirlo, revisando las escenas para que se ajusten a tus ideales.
Por ejemplo, supón que el correo de hoy trajo noticias decepcionantes. Revisa la carta. Reescríbela mentalmente y ajústala a las noticias que hubieras deseado recibir. Luego, en la imaginación, lee la carta revisada una y otra vez. Esta es la esencia de la revisión, y la revisión da como resultado la revocación.
El único requisito es despertar tu atención de tal manera y con tal intensidad que quedes por completo absorto en la acción revisada. Mediante este ejercicio imaginativo experimentarás una expansión y un refinamiento de los sentidos, y con el tiempo alcanzarás la visión.
Pero recuerda siempre que el propósito último de este ejercicio es crear en ti “el espíritu de Jesús”, que es el perdón continuo del pecado.
La revisión tiene la mayor importancia cuando el motivo es cambiarse a uno mismo, cuando hay un deseo sincero de ser algo distinto, cuando el anhelo es despertar el espíritu ideal y activo del perdón.
Sin imaginación, el hombre sigue siendo un ser de pecado.
El hombre, o avanza hacia la imaginación, o permanece prisionero de sus sentidos. Avanzar hacia la imaginación es perdonar. El perdón es la vida de la imaginación. El arte de vivir es el arte de perdonar.
El perdón es, de hecho, experimentar en la imaginación la versión revisada del día, experimentar en la imaginación lo que hubieras deseado experimentar en la carne.
Cada vez que uno perdona de verdad (es decir, cada vez que revive el acontecimiento tal como debió haberse vivido), nace de nuevo.
“Padre, perdónalos” no es la súplica que llega una vez al año, sino la oportunidad que llega cada día. La idea de perdonar es una posibilidad diaria, y, si se hace con sinceridad, elevará al hombre a niveles de ser cada vez más altos. Experimentará una Pascua diaria, y la Pascua es la idea de resucitar transformado.
Y eso debería ser un proceso casi continuo.
La libertad y el perdón están indisolublemente ligados.
No perdonar es estar en guerra con nosotros mismos, porque nos liberamos en la medida de nuestra capacidad de perdonar.
“Perdonad, y seréis perdonados.” (Lucas 6:37)
Perdona, no meramente por sentido del deber o del servicio; perdona porque quieres hacerlo.
“Tus caminos son caminos deleitosos, y todas tus veredas, paz.” (Proverbios 3:17)
Debes disfrutar de la revisión. Solo puedes perdonar a otros de manera eficaz cuando tienes un deseo sincero de identificarlos con su ideal. El deber no tiene impulso.
El perdón consiste en retirar deliberadamente la atención del día no revisado y entregarla, con toda su fuerza y con alegría, al día revisado. Si un hombre comienza a revisar aunque sea un poco las contrariedades y los problemas del día, entonces comienza a trabajar de manera práctica sobre sí mismo. Cada revisión es una victoria sobre sí mismo y, por lo tanto, una victoria sobre su enemigo.
“Y los enemigos del hombre serán los de su casa.” (Mateo 10:36), y su casa es su estado mental. Él cambia su futuro a medida que revisa su día.
Cuando un hombre practica el arte del perdón, de la revisión, por más verdadera que sea la escena en la que en ese momento se basa la vista, la revisa con su imaginación y contempla una nunca antes vista. La magnitud del cambio que implica cualquier acto de revisión hace que dicho cambio le parezca del todo improbable al realista (el hombre sin imaginación); pero los cambios radicales en la fortuna del Hijo Pródigo [Lucas 15:11-32] fueron producidos, todos ellos, por un “cambio de corazón”.
La batalla que el hombre libra se libra en su propia imaginación. El hombre que no revisa el día ha perdido la visión de esa vida, a cuya semejanza es la verdadera labor del “espíritu de Jesús” transformar esta vida.
“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley.” (Mateo 7:12)
Aquí está la manera en que una amiga artista se perdonó a sí misma y quedó libre del dolor, la molestia y la hostilidad. Sabiendo que solo el olvido y el perdón pueden llevarnos a nuevos valores, ella se lanzó sobre su imaginación y escapó de la prisión de sus sentidos.
Ella escribe: “El jueves di clases todo el día en la escuela de arte. Solo una pequeña cosa empañó el día. Al entrar en mi aula de la tarde, descubrí que el conserje había dejado todas las sillas encima de los escritorios después de limpiar el piso. Al bajar una silla, se me resbaló de las manos y me dio un golpe fuerte en el empeine del pie derecho. De inmediato examiné mis pensamientos y descubrí que había criticado al hombre por no hacer bien su trabajo. Como había perdido a su ayudante, me di cuenta de que probablemente sentía que ya había hecho más que suficiente, y que aquello fue un regalo no deseado que rebotó y me golpeó el pie. Al mirar hacia abajo, vi que tanto mi piel como mis medias de nylon estaban intactas, así que lo olvidé por completo.
“Esa noche, después de haber trabajado intensamente durante unas tres horas en un dibujo, decidí prepararme una taza de café. Para mi total asombro, no podía mover el pie derecho en absoluto, y me daba fuertes punzadas de dolor. Salté hasta una silla y me quité la pantufla para mirarlo. Todo el pie tenía un extraño color rosa violáceo, estaba hinchado fuera de forma y ardiendo. Intenté caminar sobre él y descubrí que simplemente colgaba. No tenía ningún control sobre él. Parecía una de dos cosas: o me había fracturado un hueso cuando se me cayó la silla encima, o algo se había dislocado.”
‘No tiene caso especular qué es. Mejor deshacerme de esto de inmediato.’
Así que me quedé quieta, lista para disolverme en luz. Para mi total desconcierto, mi imaginación se negó a cooperar. Solo dijo: ‘No.’
Esto suele suceder cuando estoy pintando. Simplemente empecé a discutir: ‘¿Por qué no?’
Ella seguía diciendo: ‘No.’
Finalmente, me di por vencida y dije: ‘Sabes que tengo dolor. Estoy haciendo un gran esfuerzo por no asustarme, pero tú eres la jefa. ¿Qué quieres hacer?’
La respuesta: ‘Ve a la cama y revisa los acontecimientos del día.’
Así que dije: ‘Está bien. Pero te advierto que si mi pie no está perfecto mañana por la mañana, la culpa será solo tuya.’
“Después de acomodar la ropa de cama para que no tocara mi pie, comencé a revisar el día. Avanzaba con lentitud, porque me costaba mantener la atención lejos de mi pie. Repasé todo el día y no encontré nada que añadir al incidente de la silla. Pero cuando llegué al comienzo de la tarde-noche, me encontré cara a cara con un hombre que, durante el último año, se había empeñado en no hablarme. La primera vez que sucedió esto, pensé que se había vuelto sordo. Lo conocía desde mis días de escuela, pero nunca habíamos hecho más que decirnos ‘hola’ y comentar sobre el clima. Amigos en común me aseguraron que yo no había hecho nada, que él había dicho que nunca le había caído bien y que finalmente decidió que no valía la pena hablarme. Yo había dicho: ‘¡Hola!’
No había respondido. Descubrí que pensaba: ‘Pobre hombre, qué situación tan horrible. Voy a hacer algo respecto a esta situación tan ridícula.’
Así que, en mi imaginación, me detuve justo ahí y rehíce la escena. Dije: ‘¡Hola!’ Él respondió: ‘¡Hola!’ y sonrió. Entonces pensé: ‘El buen viejo Ed.’
Repetí la escena un par de veces y seguí con el siguiente incidente hasta terminar el día.
‘Y ahora, ¿qué hacemos, mi pie o el concierto?’
Había estado preparando y envolviendo un maravilloso regalo de valor y éxito para una amiga que debutaría al día siguiente, y tenía muchas ganas de dárselo esa misma noche. Mi imaginación sonó un poco solemne al decir: ‘Hagamos el concierto. Será más divertido.’
‘Pero antes, ¿no podríamos simplemente sacar mi pie imaginario, perfectamente sano, de este pie físico antes de empezar?’ supliqué. ‘Por supuesto.’
“Hecho esto, lo pasé maravillosamente en el concierto, y mi amiga recibió una ovación tremenda.
“Para entonces estaba muy, muy somnolienta, y me quedé dormida haciendo mi proyecto. A la mañana siguiente, mientras me ponía la pantufla, tuve de pronto un breve recuerdo de haber sacado un pie descolorido e hinchado de esa misma pantufla. Saqué el pie y lo miré. Estaba perfectamente normal en todos los sentidos. Había una pequeña mancha rosada en el empeine, en el lugar donde recordaba haberme golpeado con la silla.
‘¡Qué sueño tan vívido fue ese!’, pensé, y me vestí. Mientras esperaba mi café, me acerqué a mi mesa de dibujo y vi que todos mis pinceles estaban tirados en desorden y sin lavar. ‘¿Qué te poseyó para dejar tus pinceles así?’
‘¿No recuerdas? Fue por tu pie.’
Así que, después de todo, no había sido un sueño, sino una hermosa sanación.”
Ella había ganado, mediante el arte de la revisión, lo que jamás habría ganado por la fuerza.
“En el Cielo, el único Arte de Vivir es Olvidar y Perdonar. Especialmente para la Mujer.” (Blake)
Deberíamos tomar nuestra vida no como parece ser, sino desde la visión de esta artista, desde la visión del mundo hecho perfecto que yace enterrado bajo todas las mentes: enterrado y esperando a que revisemos el día.
“Somos llevados a creer una mentira cuando vemos con el ojo, y no a través de él.” (Blake)
Una revisión del día, y lo que ella sostenía como algo tan tercamente real dejó de serlo para ella y, como un sueño, se desvaneció en silencio.
Puedes revisar el día para complacerte a ti mismo, y al experimentar en la imaginación el discurso y las acciones revisadas, no solo modificas el rumbo de la historia de tu vida, sino que conviertes todas sus discordias en armonías.
Quien descubre el secreto de la revisión no puede hacer otra cosa que dejarse guiar por el amor.
Tu eficacia aumentará con la práctica. La revisión es el camino por el cual lo justo puede encontrar su poder apropiado.
“No resistas al mal” [Mateo 5:39], porque todos los conflictos apasionados resultan en un intercambio de características.
“Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.” (Santiago 4:17)
Para conocer la verdad, debes vivir la verdad, y para vivir la verdad, tus acciones interiores deben coincidir con las acciones de tu deseo cumplido.
La expectativa y el deseo deben convertirse en uno solo.
Tu mundo exterior no es más que movimiento interior actualizado.
Por ignorancia de la ley de la revisión, quienes recurren a la guerra son perpetuamente derrotados.
Solo los conceptos que idealizan representan la verdad.
Tu ideal del hombre es su yo más verdadero. Es porque creo firmemente que lo más profundamente imaginativo es, en realidad, lo más directamente práctico, que te pido que vivas de manera imaginativa, que penetres con el pensamiento, y que te apropies personalmente del dicho trascendente “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” [Colosenses 1:27].
No culpes, solo resuelve.
No es el hombre ni la tierra en su mayor belleza, sino tú, practicando el arte de la revisión, lo que hace el paraíso.
La evidencia de esta verdad solo puede residir en tu propia experiencia de ella.
Prueba a revisar el día. Es a las tijeras de podar de la revisión a las que debemos nuestro fruto óptimo.
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✧ Texto original en inglés: “Awakened Imagination, 1954” por Neville Goddard.
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
Archivo Neville Goddard en español.
📖 Archivo completo de libros y conferencias traducidas.




