Este capítulo forma parte del libro Imaginación Despierta (1954).
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Capítulo V · LA MONEDA DEL CIELO
Haz que tu conversación interior coincida con tu deseo cumplido. Lo que deseas oír fuera, debes oírlo dentro.
Abraza lo de afuera dentro de ti y conviértete en alguien que solo oye aquello que implica el cumplimiento de su deseo, y todos los acontecimientos externos del mundo se convertirán en un puente que conduce a la realización objetiva de tu deseo.
Tu diálogo interno está escrito perpetuamente a tu alrededor, en los acontecimientos.
Aprende a relacionar estos acontecimientos con tu diálogo interno y te convertirás en autodidacta.
Por diálogo interno se entienden esas conversaciones mentales que sostienes contigo mismo.
Pueden ser inaudibles cuando estás despierto, a causa del ruido y las distracciones del mundo exterior cambiante, pero son bastante audibles en la meditación profunda y en el sueño.
Pero sean audibles o inaudibles, tú eres su autor, y das forma a tu mundo a semejanza de ellos.
“Hay un Dios en los cielos [y el cielo está dentro de ti] que revela los misterios, y ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días. He aquí tu sueño, y las visiones que has tenido en tu cama, son estas:” (Daniel 2:28)
El diálogo interno desde premisas de deseo cumplido es el camino para crear un mundo inteligible para ti mismo.
Observa tu diálogo interno, porque es la causa de la acción futura. El diálogo interno revela el estado de consciencia desde el cual contemplas el mundo.
Haz que tu diálogo interno coincida con tu deseo cumplido, porque tu diálogo interno se manifiesta a tu alrededor en los acontecimientos.
“Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí, nosotros ponemos frenos en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves: aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón, por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, y se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!” (Santiago 3:2-5)
El mundo entero manifestado sirve para mostrarnos el uso que hemos hecho de la Palabra: el Diálogo Interno.
Una observación no crítica de nuestro diálogo interno nos revelará las ideas desde las cuales contemplamos el mundo.
El diálogo interno refleja nuestra imaginación, y nuestra imaginación refleja el estado con el que está fusionada. Si el estado con el que estamos fusionados es la causa del fenómeno de nuestra vida, entonces quedamos liberados de la carga de preguntarnos qué hacer, porque no tenemos otra alternativa que identificarnos con nuestro objetivo, y puesto que el estado con el que estamos identificados se refleja en nuestro diálogo interno, entonces, para cambiar el estado con el que estamos fusionados, primero debemos cambiar nuestro diálogo interno.
Son nuestras conversaciones interiores las que hacen los hechos de mañana.
“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos... del viejo hombre, que está corrompido... y renovaos en el espíritu de vuestra mente... vestíos del nuevo hombre, creado en rectitud.” (Efesios 4:22-24)
“Nuestras mentes, como nuestros estómagos, se aguzan con el cambio de alimento.” (Quintiliano)
Detén todo el viejo diálogo interno mecánico y negativo, y comienza un nuevo diálogo interno positivo y constructivo desde premisas de deseo cumplido. El diálogo interno es el comienzo, la siembra de las semillas de la acción futura. Para determinar la acción, debes iniciar y controlar conscientemente tu diálogo interno.
Construye una frase que implique el cumplimiento de tu objetivo, como “tengo un ingreso grande, estable y confiable, congruente con la integridad y el beneficio mutuo”, o “soy feliz en mi matrimonio”, “soy deseado”, “estoy contribuyendo al bien del mundo”, y repite esa frase una y otra vez hasta que te afecte interiormente. Nuestro diálogo interno representa, de diversas maneras, el mundo en el que vivimos.
“En el principio era el Verbo.” (Juan 1:1)
“Aquello que sembráis, eso cosecháis. ¡Mirad aquellos campos! El sésamo era sésamo, el maíz era maíz. ¡El Silencio y la Oscuridad lo sabían! Así nace el destino de un hombre.” (Edwin Arnold, La luz de Asia)
Los fines son fieles a sus orígenes.
“Quienes van en busca del amor solo hacen manifiesta su propia falta de amor. Y los que carecen de amor nunca encuentran el amor; solo los que aman encuentran el amor, y jamás tienen que buscarlo.” (D. H. Lawrence)
El hombre atrae lo que es. El arte de vivir consiste en sostener el sentimiento del deseo cumplido y dejar que las cosas vengan a ti, no en ir tras ellas ni pensar que se alejan.
Observa tu diálogo interno y recuerda tu objetivo.
¿Coinciden?
¿Coincide tu diálogo interno con lo que dirías en voz alta si hubieras alcanzado tu meta?
El diálogo interno y las acciones del individuo atraen las condiciones de su vida.
Mediante la autoobservación no crítica de tu diálogo interno, descubres dónde estás en el mundo interior, y donde estás en el mundo interior es lo que eres en el mundo exterior.
Te vistes del nuevo hombre cada vez que los ideales y el diálogo interno coinciden. Solo de esta manera puede nacer el nuevo hombre.
El diálogo interno madura en la oscuridad.
Desde la oscuridad emerge hacia la luz. El diálogo interno correcto es el que sería el tuyo si hubieras realizado tu ideal. En otras palabras, es el diálogo del deseo cumplido.
“YO SOY eso.” [Éxodo 3:14]
“Hay dos dones que Dios ha otorgado solamente al hombre, y a ninguna otra criatura mortal. Estos dos son la mente y el habla; y el don de la mente y el habla es equivalente al de la inmortalidad. Si un hombre usa rectamente estos dos dones, en nada diferirá de los inmortales… y cuando abandone el cuerpo, la mente y el habla serán sus guías, y por ellas será conducido a la compañía de los dioses y de las almas que han alcanzado la dicha.” (Hermética, traducción de Walter Scott)
Las circunstancias y condiciones de la vida son diálogo interno representado hacia afuera, sonido solidificado. El diálogo interno llama a los acontecimientos a la existencia. En cada acontecimiento está el sonido creativo que es su vida y su ser.
Todo lo que un hombre cree y consiente como verdadero se revela en su diálogo interno. Es su Palabra, su vida.
Intenta notar qué te estás diciendo a ti mismo en este momento, a qué pensamientos y sentimientos estás dando tu consentimiento. Quedarán perfectamente tejidos en el tapiz de tu vida. Para cambiar tu vida, debes cambiar tu diálogo interno, porque “la vida”, dijo Hermes, “es la unión de la Palabra y la Mente”.
Cuando la imaginación hace coincidir tu diálogo interno con el deseo cumplido, entonces habrá en ti un camino recto de adentro hacia afuera, y lo de afuera reflejará instantáneamente lo de adentro para ti, y sabrás que la realidad no es más que diálogo interno actualizado.
“Recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.” (Santiago 1:21)
Cada etapa del progreso del hombre se logra mediante el ejercicio consciente de su imaginación, al hacer coincidir su diálogo interno con su deseo cumplido.
Porque el hombre no los hace coincidir perfectamente, los resultados son inciertos, cuando podrían ser perfectamente ciertos. La asunción persistente del deseo cumplido es el medio para cumplir la intención.
A medida que controlamos nuestro diálogo interno, haciéndolo coincidir con nuestros deseos cumplidos, podemos dejar de lado todos los demás procesos. Entonces simplemente actuamos mediante una imaginación e intención claras.
Imaginamos el deseo cumplido y sostenemos conversaciones mentales desde esa premisa.
Mediante el diálogo interno controlado desde premisas de deseo cumplido, se realizan aparentes milagros.
El futuro se convierte en presente y se revela en nuestro diálogo interno.
Estar sostenido por el diálogo interno del deseo cumplido es estar anclado con seguridad en la vida.
Nuestras vidas pueden parecer rotas por los acontecimientos, pero nunca se rompen mientras conservemos el diálogo interno del deseo cumplido.
Toda felicidad depende del uso activo y voluntario de la imaginación para construir y afirmar interiormente que somos lo que queremos ser. Nos ajustamos a nuestros ideales recordando constantemente nuestro objetivo e identificándonos con él. Nos fusionamos con nuestros objetivos ocupando con frecuencia el sentimiento de nuestro deseo cumplido.
Es la frecuencia, la ocupación habitual, lo que constituye el secreto del éxito. Cuantas más veces lo hacemos, más natural se vuelve. La fantasía ensambla. La imaginación continua funde.
Es posible resolver toda situación mediante el uso adecuado de la imaginación.
Nuestra tarea es encontrar la frase correcta, la que implica que nuestro deseo está realizado, y encender la imaginación con ella.
Todo esto está íntimamente conectado con el misterio de “la voz suave y apacible”.
El diálogo interno revela las actividades de la imaginación, actividades que son las causas de las circunstancias de la vida.
“Gastar es desperdiciar, derrochar, desembolsar sin retorno. Invertir es desembolsar con un propósito del cual se espera una ganancia. Esta revelación de mi esposa trata sobre la importancia del momento. Trata sobre la transformación del momento. Lo que deseamos no está en el futuro, sino en nosotros mismos, en este mismo instante.”
En cualquier momento de nuestras vidas, nos enfrentamos a una elección infinita: “lo que somos y lo que queremos ser”.
Y lo que queremos ser ya existe, pero para realizarlo debemos hacer que nuestro diálogo interno y nuestras acciones coincidan con ello.
“Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 18:19)
Solo cuenta lo que se hace ahora.
El momento presente no retrocede hacia el pasado. Avanza hacia el futuro para confrontarnos, gastado o invertido.
El pensamiento es la moneda del cielo. El dinero es su símbolo terrenal.
Cada momento debe ser invertido, y nuestro diálogo interno revela si estamos gastando o invirtiendo.
Interésate más en lo que estás “diciendo ahora” interiormente que en lo que “has dicho”, eligiendo con sabiduría lo que piensas y lo que sientes ahora.
Cada vez que nos sentimos incomprendidos, maltratados, descuidados, desconfiados, temerosos, estamos gastando nuestros pensamientos y desperdiciando nuestro tiempo.
Cada vez que asumimos el sentimiento de ser lo que queremos ser, estamos invirtiendo.
No podemos abandonar el momento a un diálogo interno negativo y esperar conservar el mando de la vida.
Ante nosotros van los resultados de todo lo que aparentemente ha quedado atrás. El último momento no se ha ido, sino que viene hacia nosotros.
“Mi palabra... no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” (Isaías 55:11)
Las circunstancias de la vida son las expresiones amortiguadas del diálogo interno que las creó: la palabra hecha visible.
“La Palabra”, dijo Hermes, “es el Hijo, y la Mente es el Padre de la Palabra. No están separadas la una de la otra, porque la vida es la unión de la Palabra y la Mente.”
“Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad.” (Santiago 1:18)
“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados” (Efesios 5:1), y usemos sabiamente nuestro diálogo interno para moldear un mundo exterior en armonía con nuestro ideal.
“El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua.” (2 Samuel 23:2)
La boca de Dios es la mente del hombre. Alimenta a Dios solo con lo mejor.
“Todo lo que es de buen nombre... en esto pensad.” (Filipenses 4:8)
El momento presente siempre es exactamente el adecuado para una inversión, para pronunciar interiormente la palabra correcta.
“Muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas. Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal, la bendición y la maldición. Escoge la vida.” (Deuteronomio 30:14,15,19)
Eliges la vida, el bien y la bendición siendo aquello que eliges. Lo semejante solo se conoce por lo semejante.
Haz que tu diálogo interno bendiga y dé buenos informes.
La ignorancia del hombre respecto al futuro es el resultado de su ignorancia de su diálogo interno. Su diálogo interno refleja su imaginación, y su imaginación es un gobierno en el que la oposición nunca llega al poder.
Si el lector pregunta: “¿Qué pasa si el diálogo interno permanece subjetivo y no logra encontrar un objeto para su amor?”, la respuesta es: no permanecerá subjetivo, por la razón muy simple de que el diálogo interno siempre se está objetivando a sí mismo.
Lo que frustra, se encona y se convierte en la enfermedad que aflige a la humanidad es la ignorancia del hombre respecto al arte de hacer coincidir las palabras interiores con el deseo cumplido.
El diálogo interno refleja la imaginación, y la imaginación es Cristo.
Altera tu diálogo interno, y tu mundo perceptual cambia. Cada vez que el diálogo interno y el deseo están en conflicto, el diálogo interno gana invariablemente. Como el diálogo interno se objetiva a sí mismo, es fácil ver que, si coincide con el deseo, el deseo se realizará objetivamente. Si no fuera así, yo diría con Blake:
“Antes asesinar a un niño en su cuna que alimentar deseos no realizados.” (Blake, Proverbios del Infierno)
Pero yo sé por experiencia,
“La lengua… inflama la rueda de la creación.” (Santiago 3:6)
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✧ Texto original en inglés: “Awakened Imagination, 1954” por Neville Goddard.
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
Archivo Neville Goddard en español.
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