Este capítulo forma parte del libro Tiempo de Siembra y Cosecha (1956).
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Capítulo III · El don de la fe
“Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya.” Génesis 4:4, 5
Si buscamos en las Escrituras, nos daremos cuenta de un significado mucho más profundo en la cita anterior que el que nos daría una lectura literal. El Señor no es otro que tu propia conciencia:
“...así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros...” Éxodo 3:14
“YO SOY” es la autodefinición del Señor.
Caín y Abel, como nietos del Señor, no pueden ser sino personificaciones de dos funciones distintas de tu propia conciencia. Lo que en realidad le interesa mostrar al autor son los “dos estados contrarios del alma humana” (frase de William Blake), y ha utilizado a dos hermanos para mostrar estos estados. Los dos hermanos representan dos perspectivas distintas del mundo que posee todo ser humano. Una es la percepción limitada de los sentidos, y la otra es una visión imaginativa del mundo. Caín (la primera visión) es una rendición pasiva ante las apariencias y una aceptación de la vida basada en el mundo exterior: una visión que inevitablemente conduce a un anhelo insatisfecho o a una conformidad con el desengaño. Abel (la segunda visión) es una visión del deseo cumplido, que eleva al hombre por encima de la evidencia de los sentidos hasta ese estado de alivio en el que ya no languidece de deseo. La ignorancia de la segunda visión es un alma en llamas. El conocimiento de la segunda visión es el ala con la que esa alma vuela hacia el Cielo del deseo cumplido.
“Venid, comed mi pan, y bebed del vino que he mezclado; dejad las simplezas, y vivid.” Proverbios 9:5, 6
En la epístola a los Hebreos, el autor nos dice que la ofrenda de Abel fue la fe, y afirma:
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios...” Hebreos 11:6
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. . . Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” Hebreos 11:1, 3
Caín ofrece la evidencia de los sentidos, que la conciencia, el Señor, rechaza, porque aceptar este don como molde del futuro significaría la fijación y perpetuación del estado presente para siempre. El enfermo seguiría enfermo, el pobre seguiría pobre, el ladrón seguiría siendo ladrón, el asesino, asesino, y así sucesivamente, sin esperanza de redención.
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El Señor, o la conciencia, no tiene ningún respeto por ese uso pasivo de la imaginación, que es el don de Caín. Se deleita en el don de Abel: el ejercicio activo, voluntario y amoroso de la imaginación, que el hombre realiza en su propio beneficio y en el de los demás.
“Diga el débil: Fuerte soy.” Joel 3:10
Que el hombre haga caso omiso de las apariencias y se declare a sí mismo el hombre que quiere ser. Que imagine belleza donde sus sentidos revelan cenizas, alegría donde dan testimonio de luto, riquezas donde son testigos de la pobreza. Solo mediante ese uso activo y voluntario de la imaginación puede el hombre ser elevado y el Edén restaurado.
El ideal siempre está esperando encarnarse, pero a menos que nosotros mismos ofrezcamos el ideal al Señor, nuestra conciencia, asumiendo que ya somos aquello que buscamos encarnar, es incapaz de nacer. El Señor necesita su cordero diario de fe para moldear el mundo en armonía con nuestros sueños.
“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín.” Hebreos 11:4
La fe sacrifica el hecho aparente por la verdad no aparente. La fe se aferra a la verdad fundamental de que, por medio de una asunción, los estados invisibles se convierten en hechos visibles.
“¿Pues qué es la fe, sino creer lo que no ves?” San Agustín
Hace poco tuve la oportunidad de observar los maravillosos resultados de alguien que tuvo la fe de creer lo que no veía.
Una joven me pidió que conociera a su hermana y a su sobrino de tres años. Era un muchacho sano y espléndido, de ojos azules claros y una piel excepcionalmente fina e inmaculada. Entonces, ella me contó su historia.
Al nacer, el niño era perfecto en todos los aspectos, salvo por una marca de nacimiento grande y fea que cubría un lado de su rostro. Su médico les advirtió que no se podía hacer nada para este tipo de marca. Las visitas a muchos especialistas solo confirmaron lo que él había dicho. Al escuchar el veredicto, la tía se propuso la tarea de probar su fe: que una asunción, aunque sea negada por la evidencia de los sentidos, si se persiste en ella, se cristalizará en hecho.
Cada vez que pensaba en el bebé, lo cual era a menudo, lo veía, en su imaginación, como un bebé de ocho meses con el rostro perfecto, sin ningún rastro de marca. Esto no era fácil, pero ella sabía que, en este caso, ese era el don de Abel que agradaba a Dios. Persistió en su fe: creyó lo que no había allí para ser visto. El resultado fue que visitó a su hermana en el octavo mes de vida del niño y lo encontró con la piel perfecta e inmaculada, sin ningún rastro de que alguna vez hubiera existido una marca de nacimiento.
¡Suerte! ¡Coincidencia!, grita Caín. No. Abel sabe que estos son los nombres que quienes no tienen fe le dan a las obras de la fe.
“Porque por fe andamos, no por vista.” 2 Corintios 5:7
Cuando la razón y los hechos de la vida se oponen a la idea que deseas realizar, y aceptas la evidencia de tus sentidos y los dictados de la razón como la verdad, le has traído al Señor (tu conciencia) el don de Caín. Es evidente que tales ofrendas no le agradan.
La vida en la tierra es un terreno de entrenamiento para la formación de imágenes. Si usas solo los moldes que dictan tus sentidos, no habrá ningún cambio en tu vida. Estás aquí para vivir la vida más abundante, así que debes usar los moldes invisibles de la imaginación y hacer de los resultados y logros la prueba decisiva de tu poder para crear. Solo mientras asumes el sentimiento del deseo cumplido y permaneces en él estás ofreciendo el don que agrada.
“Cuando la vestidura de Abel sea mi atuendo, entonces realizaré mi deseo.”
El profeta Malaquías se queja de que el hombre ha robado a Dios:
“Mas vosotros decís: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.” Malaquías 3:8
Los hechos basados en la razón y en la evidencia de los sentidos, que se oponen a la idea que busca expresarse, te roban la creencia en la realidad del estado invisible. Pero “la fe es la convicción de lo que no se ve”, y por medio de ella “Dios llama las cosas que no son, como si fuesen...” (Romanos 4:17). Llama a la cosa no vista; asume el sentimiento de tu deseo cumplido.
“...y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.” Malaquías 3:10
Esta es la historia de una pareja que vivía en Sacramento, California, que se negó a aceptar la evidencia de sus sentidos, que se negó a ser robada, a pesar de una aparente pérdida.
La esposa le había regalado a su marido un reloj de pulsera muy valioso. El regalo duplicaba su valor por el sentimiento que él le tenía. Tenían un pequeño ritual con el reloj. Cada noche, cuando él se lo quitaba, se lo entregaba a ella, y ella lo guardaba en una caja especial dentro de la cómoda. Cada mañana, ella tomaba el reloj y se lo daba para que se lo pusiera.
Una mañana el reloj no apareció. Ambos recordaban haber cumplido con su papel habitual la noche anterior, así que el reloj no estaba perdido ni extraviado, sino robado. En ese mismo momento, decidieron no aceptar el hecho de que en verdad hubiera desaparecido. Se dijeron el uno al otro: “Esta es una oportunidad para practicar lo que creemos.” Decidieron que, en su imaginación, representarían su ritual habitual como si el reloj estuviera realmente allí. En su imaginación, cada noche el esposo se quitaba el reloj y se lo entregaba a su esposa, mientras que ella, en su imaginación, aceptaba el reloj y lo guardaba con cuidado. Cada mañana ella sacaba el reloj de su caja y se lo daba a su esposo, y él, a su vez, se lo ponía. Esto lo hicieron fielmente durante dos semanas.
Después de su vigilia de catorce días, un hombre entró a la única joyería de Sacramento donde el reloj sería reconocido. Mientras ofrecía una gema para tasación, el dueño de la joyería notó el reloj de pulsera que llevaba puesto. Con el pretexto de necesitar examinar más de cerca la piedra, entró a una oficina interior y llamó a la policía. Después de que la policía arrestara al hombre, encontraron en su apartamento joyas robadas por un valor de más de diez mil dólares. Al caminar “por fe, y no por vista”, esta pareja alcanzó su deseo (el reloj) y también ayudó a muchos otros a recuperar lo que parecía perdido para siempre.
“Si alguien avanza con confianza en la dirección de su sueño, y se esfuerza por vivir la vida que ha imaginado, se encontrará con un éxito inesperado en las horas comunes.” Henry David Thoreau, Walden

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✧ Texto original en inglés: “Seedtime and Harvest, 1956” por Neville Goddard.
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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