Este capítulo forma parte del libro Tiempo de Siembra y Cosecha (1956).
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Capítulo IV · La escala del ser
“Y soñó: he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella...” Génesis 28:12, 13
En un sueño, en una visión de la noche, cuando el sueño profundo cayó sobre Jacob, su ojo interior se abrió y contempló el mundo como una serie de niveles ascendentes y descendentes de consciencia. Fue una revelación de la más profunda percepción de los misterios del mundo. Jacob vio una escala vertical de valores ascendentes y descendentes, o estados de conciencia. Esto le dio significado a todo en el mundo exterior, pues sin esa escala de valores no habría ningún significado para la vida.
En cada momento del tiempo, el hombre está de pie sobre la escala eterna del significado. No hay objeto ni suceso que haya ocurrido jamás, o que esté ocurriendo ahora, que carezca de significado. El significado que un objeto o un suceso tiene para el individuo es un índice directo del nivel de su consciencia.
Tomemos este libro que sostienes en tus manos, por ejemplo. En un nivel de conciencia, es un objeto en el espacio. En un nivel más alto, es una serie de letras sobre el papel, dispuestas según ciertas reglas. En un nivel todavía más alto, es una expresión de significado.
Mirando hacia afuera, ves primero el libro, pero en realidad el significado viene primero. Ocupa un grado de importancia más alto que la disposición de las letras sobre el papel o que el libro como objeto en el espacio. El significado determinó la disposición de las letras; la disposición de las letras solo expresa el significado. El significado es invisible y está por encima del nivel de la disposición visible de las letras. Si no hubiera habido ningún significado que expresar, ningún libro habría sido escrito ni publicado.
“Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella.” Génesis 28:13
El Señor y el significado son uno: el Creador, la causa de los fenómenos de la vida.
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” Juan 1:1
En el principio estaba la intención (el significado), y la intención estaba con el intencionador, y la intención era el intencionador. Los objetos y los sucesos en el tiempo y el espacio ocupan un nivel de importancia inferior al nivel de significado que los produjo. Todas las cosas fueron hechas por el significado, y sin el significado no fue hecho nada de lo que ha sido hecho. Es muy importante comprender que todo lo que se ve puede considerarse como el efecto, en un nivel inferior de importancia, de un orden superior e invisible de importancia.
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Nuestro modo habitual de proceder es intentar explicar los niveles superiores de significado (por qué ocurren las cosas) en términos de los niveles inferiores (qué y cómo ocurren). Tomemos, por ejemplo, un accidente real e intentemos explicarlo.
La mayoría de nosotros vive en el nivel de lo que ocurrió: el accidente fue un suceso en el espacio, un automóvil chocó contra otro y prácticamente lo destrozó. Algunos vivimos en el nivel superior del “cómo” ocurrió el accidente: era una noche lluviosa, las carreteras estaban resbaladizas y el segundo auto patinó contra el primero. En raras ocasiones, unos pocos llegamos al nivel más alto, el nivel causal, del “por qué” ocurre tal accidente. Entonces nos volvemos conscientes de lo invisible, del estado de conciencia que produjo el suceso visible.
En este caso, el auto destrozado era conducido por una viuda que, aunque sentía que no podía permitírselo, deseaba profundamente cambiar su entorno. Habiendo oído que, mediante el uso adecuado de su imaginación, podía hacer y ser todo lo que deseaba ser, esta viuda se había estado imaginando viviendo realmente en la ciudad de su deseo. Al mismo tiempo, vivía en una conciencia de pérdida, tanto personal como económica. Por eso, atrajo sobre sí un suceso que parecía ser otra pérdida, pero la suma de dinero que le pagó la compañía de seguros le permitió hacer el cambio que deseaba en su vida.
Cuando vemos el “por qué” detrás del aparente accidente, el estado de conciencia que produjo el accidente, llegamos a la conclusión de que no existe el accidente. Todo en la vida tiene su significado invisible.
El hombre que se entera de un accidente1, el hombre que sabe “cómo” ocurrió y el hombre que sabe “por qué” ocurrió se encuentran en tres niveles distintos de consciencia respecto a ese accidente. En la escala ascendente, cada nivel superior nos lleva un paso más cerca de la verdad del accidente.
Deberíamos esforzarnos constantemente por elevarnos al nivel superior del significado, el significado que siempre es invisible y está por encima del suceso físico. Pero recuerda: el significado, o la causa de los fenómenos de la vida, solo puede encontrarse dentro de la conciencia del hombre.
El hombre está tan absorto en el lado visible del drama de la vida (el lado de “qué” ha ocurrido y “cómo” ocurrió) que rara vez se eleva al lado invisible del “por qué” ocurrió. Se niega a aceptar la advertencia del Profeta:
“Las cosas que se ven no fueron hechas de cosas que aparecen.” Hebreos 11:3 2
Sus descripciones de “qué” ha ocurrido y “cómo” ocurrió son verdaderas en función de su nivel de pensamiento correspondiente, pero cuando pregunta “por qué” ocurrió, todas las explicaciones físicas se derrumban y se ve obligado a buscar el “por qué”, o el significado de ello, en el nivel invisible y superior. El análisis mecánico de los sucesos solo se ocupa de las relaciones externas de las cosas. Semejante camino nunca alcanzará el nivel que guarda el secreto de por qué ocurren los sucesos. El hombre debe reconocer que los lados inferiores y visibles fluyen del nivel invisible y superior del significado.
Se necesita intuición para elevarnos al nivel del significado, al nivel del por qué ocurren las cosas. Sigamos el consejo del antiguo profeta hebreo y “alcemos los ojos a los montes” dentro de nosotros mismos, y observemos lo que allí está ocurriendo. Veamos qué ideas hemos aceptado como verdaderas, a qué estados hemos consentido, qué sueños, qué deseos, y, sobre todo, qué intenciones. Es de estos montes de donde vienen todas las cosas a revelar nuestra estatura (nuestra altura) en la escala vertical del significado. Si alzamos los ojos hacia “el Tú en mí que obra detrás del Velo”, veremos el significado de los fenómenos de la vida.
Los sucesos aparecen en la pantalla del espacio para expresar los distintos niveles de conciencia del hombre. Un cambio en el nivel de su conciencia produce automáticamente un cambio en los fenómenos de su vida. Intentar cambiar las condiciones antes de cambiar el nivel de conciencia del cual proceden es luchar en vano. El hombre redime al mundo a medida que asciende por la escala vertical del significado.
Vimos, en la analogía del libro, que a medida que la conciencia se elevaba hasta el nivel en el que el hombre podía ver el significado expresado en la disposición de sus letras, esto incluía también el conocimiento de que las letras estaban dispuestas según ciertas reglas, y que tales disposiciones, una vez impresas en papel y encuadernadas, formaban un libro. Lo que es verdad del libro es verdad de todo suceso en el mundo.
“No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.” Isaías 11:9
Nada ha de ser descartado; todo ha de ser redimido. Nuestras vidas, al ascender por la escala vertical del significado hacia una consciencia cada vez mayor (una consciencia de las cosas de mayor significado), son el proceso mediante el cual se cumple esta redención. Así como el hombre dispone las letras en palabras, y las palabras en frases, para expresar un significado, del mismo modo la vida dispone las circunstancias, las condiciones y los sucesos para expresar los significados o actitudes invisibles de los hombres. Nada carece de significado. Pero el hombre, al no conocer el nivel superior del significado interior, contempla un panorama cambiante de sucesos y no le encuentra sentido a la vida. Siempre hay un nivel de significado que determina los sucesos y su relación esencial con nuestras vidas.
Aquí tienes una historia que nos permitirá reconocer el bien en las cosas que parecen malas, suspender el juicio y actuar con rectitud en medio de problemas sin resolver.
Hace apenas unos años, nuestro país se conmocionó por una aparente injusticia ocurrida entre nosotros. La historia se contó en la radio y la televisión, así como en los periódicos. Quizá recuerdes el incidente. El cuerpo de un joven soldado estadounidense muerto en Corea fue devuelto a su hogar para ser sepultado. Justo antes del servicio, le hicieron a su esposa una pregunta de rutina: ¿era su esposo caucásico? Cuando ella respondió que era indio, se negaron a sepultarlo. Esta negativa se ajustaba a las leyes de esa comunidad, pero indignó a la nación entera. Nos sentimos indignados de que a cualquiera que hubiera muerto al servicio de su país se le negara sepultura en cualquier lugar de su propio país. La historia llegó a oídos del presidente de los Estados Unidos, quien ofreció sepultura con todos los honores militares en el Cementerio Nacional de Arlington. Después del servicio, la esposa contó a los periodistas que su esposo siempre había soñado con morir como un héroe, y con tener un funeral de héroe con todos los honores militares.
Cuando nosotros, en Estados Unidos, tuvimos que explicar por qué personas progresistas e inteligentes como nosotros no solo promulgaban, sino que además apoyaban tales leyes en nuestra gran tierra de los libres y los valientes, nos costó mucho encontrar una explicación. Nosotros, como observadores, solo habíamos visto “qué” ocurrió y “cómo” ocurrió. No supimos ver “por qué” ocurrió. Aquella sepultura tenía que ser negada si aquel muchacho iba a realizar su sueño. Intentamos explicar el drama en términos del nivel inferior del “cómo” ocurrió, explicación que no podía satisfacer a quien preguntaba “por qué” ocurrió.
La verdadera respuesta, vista desde el nivel del significado superior, supondría una inversión tan radical de nuestros hábitos comunes de pensamiento que sería rechazada de inmediato. La verdad es que los estados futuros son la causa de los hechos presentes: el joven indio que soñaba con una muerte de héroe, con todos los honores militares, era como Lady Macbeth transportada “más allá de este ignorante presente”, capaz de “sentir ahora el futuro en el instante”.
“. . . y por ella, estando muerto, todavía habla.” Hebreos 11:4
Nota de la traductora: en el original, Neville no marca este primer nivel entre comillas como hace con “how” y “why”, quizás precisamente porque es el nivel más bajo, el de quien apenas recibe el hecho sin llegar a formularse ninguna pregunta sobre él.
Nota de contexto (traducción bíblica): la Reina Valera 1960 traduce este pasaje en forma afirmativa: “lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”. Neville cita aquí la construcción negativa propia del King James (”were not made of things that do appear”), que sostiene mejor su argumento sobre lo visible como efecto de lo invisible, por lo que se traduce su versión exacta.

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✧ Texto original en inglés: “Seedtime and Harvest, 1956” por Neville Goddard.
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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