Este capítulo forma parte del libro Tiempo de Siembra y Cosecha (1956).
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Capítulo V · El juego de la vida
“Más fácil me resulta enseñar a veinte lo que sería bueno hacer, que ser una de esas veinte que siguen su propia enseñanza.” Shakespeare
Con esta confesión ya fuera de mi mente, ahora te enseñaré a jugar el juego de la vida. La vida es un juego y, como todos los juegos, tiene sus objetivos y sus reglas.
En los pequeños juegos que los hombres inventan, como el críquet, el tenis, el béisbol, el fútbol y demás, las reglas pueden cambiar de vez en cuando. Una vez acordados los cambios, el hombre debe aprender las nuevas reglas y jugar dentro del marco de las reglas aceptadas.
Sin embargo, en el juego de la vida, las reglas no pueden cambiarse ni romperse. Solo dentro del marco de sus reglas universales y eternamente fijas puede jugarse el juego de la vida.
El juego de la vida se juega en el campo de juego de la mente. Al jugar cualquier juego, lo primero que preguntamos es: “¿Cuál es su objetivo y propósito?”, y lo segundo: “¿Cuáles son las reglas que rigen el juego?”. En el juego de la vida, nuestro objetivo principal es aumentar nuestra consciencia, aumentar la consciencia sobre el significado más profundo de las cosas; y nuestro segundo objetivo es alcanzar nuestras metas, realizar nuestros deseos.
En cuanto a nuestros deseos, las reglas solo llegan hasta indicarnos el camino que debemos seguir para realizarlos, pero los deseos mismos deben ser asunto propio de cada individuo. Las reglas que rigen el juego de la vida son sencillas, pero se necesita toda una vida de práctica para usarlas con sabiduría. Aquí tienes una de esas reglas:
“Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” Proverbios 23:7
Se suele creer que el pensamiento es una función totalmente libre y sin trabas, sin reglas que la limiten. Pero eso no es cierto. El pensamiento se mueve mediante sus propios procesos dentro de un territorio delimitado, con caminos y patrones definidos.
“El pensamiento sigue los senderos trazados por nuestras propias conversaciones internas.”
Todos nosotros podemos realizar nuestros objetivos mediante el uso sabio de la mente y la palabra. La mayoría no somos conscientes en absoluto de la actividad mental que ocurre dentro de nosotros. Pero para jugar con éxito el juego de la vida, debemos volvernos conscientes de cada una de nuestras actividades mentales, pues esa actividad, en forma de conversaciones internas, es la causa de los fenómenos externos de nuestra vida.
“. . . de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.” Mateo 12:36, 37
La ley de la Palabra no puede quebrantarse.
“. . . No será quebrado hueso suyo.” Juan 19:36
La ley de la Palabra jamás pasa por alto una palabra interior, ni hace la más mínima concesión a nuestra ignorancia de su poder. Configura la vida a nuestro alrededor de la misma manera en que nosotros, mediante nuestras conversaciones internas, configuramos la vida dentro de nosotros mismos. Esto se hace para revelarnos nuestra posición en el campo de juego de la vida. No hay ningún oponente en el juego de la vida; solo hay una meta.
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Hace no mucho, estaba conversando sobre esto con un empresario exitoso y filántropo. Me contó una historia suya que invita a la reflexión.
Me dijo: “Sabes, Neville, aprendí por primera vez sobre las metas en la vida cuando tenía catorce años, y fue en el campo de juego de la escuela. Yo era bueno en atletismo y estaba teniendo un buen día, pero quedaba una carrera más por correr, y tenía una competencia reñida con otro muchacho. Estaba decidido a vencerlo. Lo vencí, es cierto, pero, mientras tenía puesta la mirada en él, un tercer muchacho, al que no se consideraba competencia alguna, ganó la carrera.
Esa experiencia me enseñó una lección que he usado durante toda mi vida. Cuando la gente me pregunta por mi éxito, debo decir que creo que se debe a que nunca hice de ‘ganar dinero’ mi meta: ‘Mi meta es el uso sabio y productivo del dinero’.”
Las conversaciones internas de este hombre parten de la premisa de que ya tiene el dinero; su pregunta interior constante es el uso correcto de él. Las conversaciones internas del hombre que lucha por “conseguir” dinero no hacen más que probar su carencia de dinero. En su ignorancia del poder de la palabra, va levantando barreras en el camino hacia el logro de su meta; tiene puesta la mirada en la competencia, en lugar de tenerla puesta en la meta misma.
“La culpa, querido Bruto, no está en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos, que somos subordinados.” Julio César: Acto I, Escena II
Así como “los mundos fueron formados por la palabra de Dios” (Hebreos 11:3), así también nosotros, como “imitadores de Dios, como hijos amados” (Efesios 5:1), creamos las condiciones y circunstancias de nuestra vida mediante nuestras todopoderosas palabras internas humanas. Sin práctica, el conocimiento más profundo del juego no produciría los resultados deseados. “Al que sabe hacer lo bueno” (es decir, conoce las reglas) “y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17). En otras palabras, errará el blanco y no logrará realizar su meta.
En la parábola de los talentos, la condena del Maestro hacia el siervo que descuidó usar su don es clara e inconfundible, y habiendo descubierto una de las reglas del juego de la vida, nos arriesgamos al fracaso si la ignoramos. El talento que no se usa, como el miembro que no se ejercita, se adormece y finalmente se atrofia. Debemos ser “hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores” (Santiago 1:22). Puesto que el pensamiento sigue los senderos trazados por nuestras propias conversaciones internas, no solo podemos ver hacia dónde vamos en el campo de juego de la vida observando nuestras conversaciones internas, sino que también podemos determinar hacia dónde iremos controlando y dirigiendo nuestro diálogo interno.
¿Qué pensarías, dirías y harías si ya fueras quien deseas ser? Comienza a pensarlo, decirlo y hacerlo interiormente. Se te dice que “hay un Dios en el cielo que revela secretos”, y debes recordar siempre que el cielo está dentro de ti; y para dejar perfectamente claro quién es Dios, dónde está y cuáles son sus secretos, Daniel continúa: “Tu sueño, y las visiones de tu cabeza, son estas”. Ellas revelan los senderos a los que estás atado, y señalan la dirección hacia la que te diriges.
Esto es lo que hizo una mujer para desviar hacia la dirección que deseaba los senderos a los que había estado infelizmente atada. Durante dos años, se había mantenido distanciada de las tres personas que más amaba. Había tenido una discusión con su nuera, quien la había echado de su casa. Durante esos dos años, no había visto ni sabido nada de su hijo, de su nuera ni de su nieto, aunque mientras tanto le había enviado a su nieto numerosos regalos. Cada vez que pensaba en su familia, lo cual ocurría a diario, sostenía una conversación mental con su nuera, culpándola por la discusión y acusándola de ser egoísta.
Al escuchar una conferencia mía cierta noche (era precisamente esta misma conferencia sobre el juego de la vida y cómo jugarlo), de pronto se dio cuenta de que ella era la causa de aquel prolongado silencio, y que ella, y solo ella, debía hacer algo al respecto. Reconociendo que su meta era recuperar la antigua relación de cariño, se propuso la tarea de cambiar por completo su diálogo interno.
Esa misma noche, en su imaginación, construyó dos cartas amorosas y tiernas escritas para ella, una de su nuera y otra de su nieto. En su imaginación, las leyó una y otra vez hasta quedarse dormida con el ánimo gozoso de haber recibido las cartas. Repitió este acto imaginario cada noche durante ocho noches. En la mañana del noveno día, recibió un sobre que contenía dos cartas, una de su nuera y otra de su nieto. Eran cartas amorosas y tiernas que la invitaban a visitarlos, casi réplicas exactas de las que había construido mentalmente. Al usar su imaginación de manera consciente y amorosa, había desviado hacia la dirección que deseaba los senderos a los que estaba atada, hacia un feliz reencuentro familiar.
Un cambio de actitud es un cambio de posición en el campo de juego de la vida. El juego de la vida no se juega allá afuera, en eso que llamamos espacio y tiempo; los movimientos reales en el juego de la vida ocurren dentro, en el campo de juego de la mente.
“Perdiendo tu alma, tu alma
para volver a encontrar;
entregando hacia esa meta
tu mente separada.”
Laurence Housman

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✧ Texto original en inglés: “Seedtime and Harvest, 1956” por Neville Goddard.
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
Archivo Neville Goddard en español.
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