Este capítulo forma parte del libro Tiempo de Siembra y Cosecha (1956).
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Capítulo VII · Sed prudentes como serpientes
“. . . sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.” Mateo 10:16
La capacidad de la serpiente para formar su piel osificando una parte de sí misma, y su habilidad para desprenderse de cada piel a medida que la superaba, llevó al hombre a considerar a este reptil como un símbolo del poder del crecimiento y la autorreproducción sin fin. Por eso se le dice al hombre que sea “sabio como la serpiente” y que aprenda a desprenderse de su piel (su entorno), que es su identidad solidificada; el hombre debe aprender cómo “desatarlo, y dejarlo ir” (Juan 11:44)... cómo “despojarse del viejo hombre” (Efesios 4:22)... cómo morir a lo viejo y, aun así, saber, como la serpiente, que “no ha de morir en verdad”.
El hombre todavía no ha aprendido que todo lo que está fuera de su cuerpo físico es también una parte de sí mismo, que su mundo y todas las condiciones de su vida no son más que la proyección externa de su estado de conciencia. Cuando conozca esta verdad, dejará de luchar inútilmente contra sí mismo y, como la serpiente, dejará ir lo viejo y hará crecer un nuevo entorno.
“El hombre es inmortal; por lo tanto, debe morir sin cesar. Porque la vida es una idea creativa; solo puede encontrarse a sí misma en formas cambiantes.” Tagore
En la antigüedad, las serpientes también estaban asociadas con la custodia de tesoros o riquezas. El mandato de ser “prudentes como serpientes” es el consejo al hombre de despertar el poder de su cuerpo sutilizado (su imaginación), para que él, como la serpiente, pueda crecer y superarse, morir y sin embargo no morir, pues solo de tales muertes y resurrecciones, desprendiéndose de lo viejo y revistiéndose de lo nuevo, vendrá el cumplimiento de sus sueños y el hallazgo de sus tesoros. Así como “la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho” (Génesis 3:1), así también la imaginación es más astuta que cualquier criatura de los cielos que el Señor Dios haya creado.
La imaginación es la criatura que:
“. . . fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sujetó en esperanza... Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve no es esperanza, pues lo que alguien ve, ¿por qué habría de esperarlo aún? Pero si esperamos lo que no vemos, entonces lo aguardamos con paciencia.” Romanos 8:20, 24, 25
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Aunque el hombre exterior, o “natural”, de los sentidos, está entrelazado con su entorno, el hombre interior, o espiritual, de la imaginación, no lo está de esa manera. Si ese entrelazamiento fuera total, el mandato de ser “prudentes como serpientes” sería en vano. Si estuviéramos completamente entrelazados con nuestro entorno, no podríamos retirar nuestra atención de la evidencia de los sentidos y sentirnos dentro de la situación de nuestro deseo cumplido, con la esperanza de que ese estado invisible se solidificara como nuestro nuevo entorno. Pero:
“Hay un cuerpo natural, y hay un cuerpo espiritual.” 1 Corintios 15:44
El cuerpo espiritual de la imaginación no está entrelazado con el entorno del hombre. El cuerpo espiritual puede retirarse del hombre exterior de los sentidos y del entorno, e imaginarse a sí mismo siendo lo que desea ser. Y si permanece fiel a la visión, la imaginación construirá para el hombre un nuevo entorno en el cual vivir. Esto es lo que se quiere decir con la siguiente declaración:
“. . . voy a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” Juan 14:2, 3
El lugar que se prepara para ti no tiene por qué ser un lugar en el espacio. Puede ser salud, riqueza, compañía, cualquier cosa que desees en este mundo. Ahora bien, ¿cómo se prepara el lugar?
Primero debes construir una representación lo más viva posible de lo que verías, oirías y harías si estuvieras físicamente presente y moviéndote físicamente en ese “lugar”. Luego, con tu cuerpo físico inmovilizado, debes imaginar que estás realmente en ese “lugar”, viendo, oyendo y haciendo todo lo que verías, oirías y harías si estuvieras allí físicamente. Debes hacer esto una y otra vez hasta que tome los tonos de la realidad. Cuando se sienta natural, el “lugar” habrá quedado preparado como el nuevo entorno para tu ser exterior o físico. Ahora puedes abrir los ojos físicos y regresar a tu estado anterior. El “lugar” está preparado, y donde hayas estado en tu imaginación, allí estarás también en el cuerpo.
Cómo se realiza físicamente ese estado imaginado no es asunto tuyo, del hombre natural o exterior. El cuerpo espiritual, al regresar del estado imaginado a su antiguo estado físico, creó un puente invisible de incidentes para enlazar los dos estados. Aunque la curiosa sensación de que realmente estuviste allí y de que aquel estado era real desaparece en cuanto abres los ojos al entorno antiguo y familiar, sin embargo, te persigue la sensación de una doble identidad, con el conocimiento de que “hay un cuerpo natural, y hay un cuerpo espiritual”. Cuando tú, el hombre natural, hayas tenido esta experiencia, cruzarás automáticamente el puente de sucesos que conduce a la realización física de tu lugar preparado de manera invisible.
Este concepto (que el hombre es dual, y que el hombre interior de la imaginación puede habitar en estados futuros y regresar al momento presente con un puente de sucesos que enlace los dos) choca violentamente con la visión ampliamente aceptada sobre la personalidad humana y sobre la causa y naturaleza de los fenómenos. Semejante concepto exige una revolución en las ideas actuales sobre la personalidad humana, y sobre el espacio, el tiempo y la materia. El concepto de que el hombre, consciente o inconscientemente, determina las condiciones de la vida al imaginarse a sí mismo dentro de esos estados mentales, lleva a la conclusión de que este mundo supuestamente sólido es una construcción de la Mente, un concepto que, en un principio, el sentido común rechaza. Sin embargo, debemos recordar que la mayoría de los conceptos que el sentido común rechazó al principio, el hombre se vio después obligado a aceptarlos. Estas interminables rectificaciones del juicio que la experiencia ha impuesto al hombre llevaron al profesor Whitehead a escribir:
“Solo el cielo sabe qué disparate de hoy será la verdad demostrada de mañana.”
El poder creativo en el hombre duerme y necesita ser despertado.
“Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos.” Efesios 5:14
Despierta de ese sueño que te dice que el mundo exterior es la causa de las condiciones de tu vida. Levántate del pasado muerto y crea un nuevo entorno.
“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” 1 Corintios 3:16
El Espíritu de Dios en ti es tu imaginación, pero duerme y necesita ser despertado, para levantarte del banco de arena de los sentidos donde has permanecido varado durante tanto tiempo.
Las posibilidades sin límite que se abren ante ti al volverte “prudente como serpientes” son inconmensurables. Elegirás las condiciones ideales que deseas experimentar y el entorno ideal en el que deseas vivir. Al experimentar estos estados en la imaginación hasta que adquieran viveza sensorial, los exteriorizarás con la misma certeza con que la serpiente exterioriza ahora su piel.
Después de haberlas superado, entonces las abandonarás con la misma facilidad con que “la serpiente arroja su piel esmaltada”. La vida más abundante (el propósito entero de la Creación) no puede salvarse mediante la muerte y la resurrección.
Dios deseó la forma, así que se hizo hombre: y no basta con que reconozcamos su espíritu obrando en la creación, debemos ver su obra en la forma y decir que es buena, aunque superemos esa forma, por siempre jamás.
“Él conduce a través de cámaras de deleite que se ensanchan,
hasta donde palpita el éxtasis cerca de un final que siempre se aleja,
porque su toque es infinito y otorga un más allá a todos los fines.”
Browning“Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” Juan 12:32
Si soy levantado de la evidencia de los sentidos hacia el estado de conciencia que deseo realizar, y permanezco en ese estado hasta que se sienta natural, formaré ese estado a mi alrededor y todos los hombres lo verán. Pero cómo persuadir al hombre de que esto es verdad: que la vida imaginativa es la única forma de vivir; que asumir el sentimiento del deseo cumplido es el camino hacia la vida más abundante, y no la compensación del escapista, ese es el problema.
Para ver, como “a través de cámaras de deleite que se ensanchan”, lo que significa vivir en los reinos de la imaginación, para apreciar y disfrutar del mundo, hay que vivir imaginativamente; hay que soñar y ocupar el propio sueño, y luego crecer y superar el sueño, por siempre jamás. El hombre carente de imaginación, que no está dispuesto a perder su vida en un nivel para encontrarla en un nivel superior, no es más que la esposa de Lot: una columna de sal autocomplaciente. Por otro lado, quienes rechazan la forma por considerarla poco espiritual, y quienes rechazan la encarnación como algo separado de Dios, ignoran el gran misterio:
“Grande es el misterio, Dios fue manifestado en carne.” 1 Timoteo 3:16
Tu vida expresa una sola cosa, y solo una: tu estado de conciencia. Todo depende de eso. A medida que tú, por medio de la imaginación, asumes un estado de conciencia, ese estado comienza a revestirse de forma; se solidifica a tu alrededor, tal como la piel de la serpiente se osifica alrededor de ella. Pero debes ser fiel al estado. No debes ir de estado en estado, sino más bien esperar con paciencia en el único estado invisible hasta que tome forma y se convierta en un hecho objetivo.
La paciencia es necesaria, pero la paciencia será fácil después de tu primer éxito al desprenderte de lo viejo y hacer crecer lo nuevo, porque somos capaces de esperar en la medida en que hemos sido recompensados por la comprensión en el pasado. La comprensión es el secreto de la paciencia.
¡Qué gozo natural y qué deleite espontáneo hay en ver el mundo, no con el ojo, sino, como dice Blake, a través del ojo! Imagina que estás viendo lo que deseas ver, y permanece fiel a tu visión. Tu imaginación se forjará a sí misma una forma correspondiente en la cual vivir.
Todas las cosas son hechas por el poder de la imaginación. Nada comienza si no es en la imaginación del hombre. “De adentro hacia afuera” es la ley del universo. “Como es adentro, es afuera.” El hombre se vuelve hacia afuera en su búsqueda de la verdad, pero lo esencial es mirar hacia adentro.
“La verdad está dentro de nosotros mismos;
no surge de las cosas externas, sea lo que sea que creas.
Hay un centro íntimo en todos nosotros,
donde la verdad habita en plenitud... y conocer consiste, más bien,
en abrir un camino por donde el esplendor aprisionado pueda escapar,
que en procurar la entrada de una luz que se supone viene de afuera.”
Browning, “Paracelsus”
Creo que te interesará un caso de cómo una joven se despojó de la piel del resentimiento y se puso una piel muy distinta. Los padres de esta mujer se habían separado cuando ella tenía seis años, y había vivido con su madre. Rara vez veía a su padre. Pero una vez al año él le enviaba un cheque de cinco dólares por Navidad. Tras su matrimonio, él sí aumentó el regalo de Navidad a diez dólares.
Después de una de mis conferencias, ella reflexionaba sobre mi afirmación de que la sospecha que un hombre tiene de otro no es sino la medida de su propio engaño, y reconoció que había estado albergando un resentimiento hacia su padre durante años. Esa noche resolvió dejar ir su resentimiento y poner en su lugar una reacción de cariño. En su imaginación, sintió que abrazaba a su padre de la manera más cálida. Lo hizo una y otra vez hasta que captó el espíritu de su acto imaginario, y entonces se quedó dormida, sintiéndose muy contenta.
Al día siguiente, pasó por casualidad por el departamento de pieles de una de nuestras grandes tiendas en California. Desde hacía tiempo había estado acariciando la idea de tener una nueva bufanda de piel, pero sentía que no podía permitírsela. Esta vez su mirada quedó atrapada por una fina bufanda de piel, la tomó y se la probó. Después de sentirla y verse a sí misma con ella puesta, a regañadientes se quitó la bufanda y se la devolvió al vendedor, diciéndose a sí misma que realmente no podía permitírsela.
Mientras salía del departamento, se detuvo y pensó: “Neville dice que podemos tener lo que deseemos si tan solo logramos captar el sentimiento de tenerlo ya.” En su imaginación, volvió a ponerse la bufanda, sintió su realidad, y siguió con sus compras, disfrutando todo el tiempo de llevarla puesta en su imaginación.
Esta joven nunca asoció estos dos actos imaginarios. De hecho, casi había olvidado lo que había hecho hasta que, unas semanas más tarde, el Día de la Madre, el timbre sonó inesperadamente.
Allí estaba su padre. Al abrazarlo, recordó su primera acción imaginaria. Al abrir el paquete que él le había traído (el primer regalo en todos esos años), recordó su segunda acción imaginaria, pues la caja contenía una hermosa bufanda de piel.
“Dioses sois; y todos vosotros hijos del Altísimo.” Salmos 82:6
“. . . sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.” Mateo 10:16

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✧ Texto original en inglés: “Seedtime and Harvest, 1956” por Neville Goddard.
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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