Este capítulo forma parte del libro Tiempo de Siembra y Cosecha (1956).
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Capítulo VIII · El agua y la sangre
“...el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Juan 3:3
“Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.” Juan 19:34
“Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre: no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre.” 1 Juan 5:6
Según el Evangelio y la Epístola de Juan, el hombre no solo debe “nacer de nuevo”, sino que debe nacer de nuevo de agua y de sangre. Estas dos experiencias interiores están ligadas a dos ritos exteriores: el bautismo y la comunión. Pero los dos ritos exteriores (el bautismo, que simboliza el nacimiento por agua, y el vino de la comunión, que simboliza la aceptación de la sangre del Salvador) no pueden producir el verdadero nacimiento ni la transformación radical del individuo que se promete al hombre. El uso exterior del agua y del vino no puede producir el cambio de mente deseado. Debemos, por lo tanto, buscar el significado oculto detrás de los símbolos del agua y la sangre.
La Biblia usa muchas imágenes para simbolizar la Verdad, pero las imágenes usadas simbolizan la Verdad en diferentes niveles de significado. En el nivel más bajo, la imagen usada es la piedra. Por ejemplo:
“...había una gran piedra sobre la boca del pozo. Y se juntaban allí todos los rebaños, y revolvían la piedra de la boca del pozo, y abrevaban las ovejas...” Génesis 29:2, 3
“...descendieron a las profundidades como piedra.” Éxodo 15:5
Cuando una piedra bloquea el pozo, significa que las personas han tomado estas grandes revelaciones simbólicas de la verdad de manera literal. Cuando alguien retira la piedra, significa que un individuo ha descubierto, bajo la alegoría o la parábola, su germen de vida psicológico, es decir, su significado. Este significado oculto que yace detrás de las palabras literales está simbolizado por el agua. Es esta agua, en forma de Verdad psicológica, la que él entonces ofrece a la humanidad.
“El rebaño de mi pasto son hombres.” Ezequiel 34:31
El hombre de mente literal que rechaza la “copa de agua” (la Verdad psicológica) que se le ofrece, “desciende a las profundidades como piedra”. Permanece en el nivel donde ve todo en pura objetividad; sin ninguna relación subjetiva, puede cumplir todos los mandamientos (escritos en piedra) de manera literal, y sin embargo quebrantarlos psicológicamente todo el día.
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Puede, por ejemplo, no robar literalmente la propiedad de otro, y sin embargo ver a ese otro en necesidad. Ver a otro en necesidad es despojarlo de su derecho de nacimiento como hijo de Dios. Pues todos somos “hijos del Altísimo”.
“Y si hijos, también herederos: herederos de Dios, y coherederos con Cristo...” Romanos 8:17
Saber qué hacer ante un aparente infortunio es tener la “copa de agua” (la Verdad psicológica) que podría salvar la situación. Pero tal conocimiento no basta. El hombre no debe solamente “llenar de agua las tinajas de piedra” (es decir, descubrir la verdad psicológica detrás del hecho evidente), sino que debe convertir el agua (la verdad psicológica) en vino.
Esto lo logra viviendo una vida conforme a la verdad que ha descubierto. Solo mediante tal uso de la verdad puede “probar el agua hecha vino...” Juan 2:9
El derecho de nacimiento del hombre es ser Jesús. Él nace para “salvar a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Pero la salvación del hombre es “no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre”. Saber qué hacer para salvarte a ti mismo o a otro no basta; debes hacerlo. El conocimiento de qué hacer es agua; hacerlo es sangre.
“Este es el que vino no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre.” Todo este misterio radica en el uso consciente y activo de la imaginación para apropiarnos de ese estado particular de conciencia que te salvaría a ti o a otro de la limitación presente. Las ceremonias exteriores no pueden lograr esto.
“...os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle. Y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice:
¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?
Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto: preparad allí para nosotros.” Marcos 14:13-15
Lo que deseas ya está “dispuesto y preparado”. Tu imaginación puede ponerte en contacto interior con ese estado de conciencia. Si imaginas que ya eres aquel que deseas ser, estás siguiendo al “hombre que lleva un cántaro de agua”. Si permaneces en ese estado, has entrado al aposento (la Pascua) y has encomendado tu espíritu en las manos de Dios, tu conciencia.
El estado de conciencia de un hombre es su demanda sobre el Infinito Almacén de Dios, y, como en la ley del comercio, la demanda crea la oferta. Para cambiar la oferta, cambias la demanda: tu estado de conciencia. Lo que deseas ser, debes sentir que ya lo eres. Tu estado de conciencia crea las condiciones de tu vida, y no las condiciones tu estado de conciencia. Conocer esta Verdad es tener el “agua de vida”. Pero tu salvador (la solución de tu problema) no puede manifestarse solo mediante ese conocimiento. Solo puede realizarse en la medida en que ese conocimiento se aplica.
Solo cuando asumes el sentimiento de tu deseo cumplido, y permaneces en él, es que tu costado es traspasado, de donde brota sangre y agua. Solo de esta manera se realiza Jesús, la solución de tu problema.
“...porque debes saber que en el gobierno de la mente eres tu propio señor y amo, que no se alzará fuego alguno en el círculo o en toda la circunferencia de tu cuerpo y espíritu, a menos que tú mismo lo despiertes.”
Dios es tu conciencia. Sus promesas son condicionales. A menos que la demanda (tu estado de conciencia) cambie, la oferta (las condiciones actuales de tu vida) permanece igual. “Así como perdonamos” (así como cambiamos de mente), la ley es automática. Tu estado de conciencia es el resorte de la acción, la fuerza directriz, y aquello que crea la oferta.
“...y esa nación, de la cual hablé, se convierte de su maldad, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerle. Y en un momento hablaré de una nación y de un reino, para edificar y para plantar; pero si hace lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle.” Jeremías 18:8, 9, 10
Esta declaración de Jeremías sugiere que hay un compromiso implicado si el individuo o la nación han de realizar su meta: un compromiso con ciertas actitudes fijas de la mente. El sentimiento del deseo cumplido es una condición necesaria en la búsqueda del hombre hacia su meta.
La historia que voy a contarte muestra que el hombre es lo que el observador tiene la capacidad de ver en él, que lo que se ve que es constituye un índice directo del estado de conciencia del observador.
Esta historia es, también, un reto para todos nosotros a “derramar nuestra sangre”: usar nuestra imaginación con amor en favor de otro.
No pasa un día que no nos brinde la oportunidad de transformar una vida mediante “el derramamiento de nuestra sangre”.
“Sin derramamiento de sangre no hay remisión.” Hebreos 9:22
Una noche, en la ciudad de Nueva York, pude revelar el misterio de “el agua y la sangre” a una maestra de escuela. Le había citado la afirmación anterior de Hebreos 9:22, y continué explicando que la comprensión de que no tenemos otra esperanza sino en nosotros mismos es el descubrimiento de que Dios está dentro de nosotros; que este descubrimiento hace que las oscuras cavernas del cráneo se vuelvan luminosas, y sabemos que “el espíritu del hombre es el candil de Jehová” (Proverbios 20:27), y que esta comprensión es la luz que nos guía con seguridad sobre la tierra.
“Su lámpara resplandecía sobre mi cabeza, y por su luz yo caminaba en la oscuridad.” Job 29:3
Sin embargo, no debemos considerar esta luz radiante de la cabeza como Dios, pues el hombre es la imagen de Dios.
“Dios aparece, y Dios es luz,
para las pobres almas que habitan en la Noche;
pero muestra una Forma Humana
a quienes habitan en los reinos del Día.”
Blake
Pero esto debe experimentarse para conocerse. No hay otro camino, y ninguna experiencia ajena puede sustituir la propia.
Le dije a la maestra que su cambio de actitud respecto a otra persona produciría un cambio correspondiente en esa otra persona; que ese conocimiento era el verdadero significado del agua mencionada en 1 Juan 5:6, pero que ese conocimiento por sí solo no bastaba para producir el renacimiento deseado; que tal renacimiento solo podía llegar a través de “agua y sangre”, es decir, mediante la aplicación de esta verdad.
El conocimiento de qué hacer es el agua de vida, pero hacerlo es la sangre del salvador. En otras palabras, un poco de conocimiento, si se lleva a la práctica, es más provechoso que mucho conocimiento que descuidamos llevar a la práctica.
Mientras yo hablaba, una alumna no dejaba de aparecer en la mente de la maestra. Pero esta, pensó ella, sería un caso demasiado difícil para poner a prueba la verdad de lo que yo le estaba diciendo acerca del misterio del renacimiento. Todos sabían, tanto maestros como alumnos, que esta alumna en particular era incorregible.
Los hechos externos de su caso eran estos: los maestros, incluyendo al director y al psiquiatra escolar, se habían reunido a juzgar a la alumna apenas unos días antes. Habían llegado a la decisión unánime de que, por el bien de la escuela, la muchacha debía ser expulsada al cumplir sus dieciséis años. Era grosera, ordinaria, carente de ética, y usaba un lenguaje de lo más vil. La fecha de expulsión estaba a solo un mes de distancia.
Esa noche, mientras viajaba de regreso a casa, la maestra no dejaba de preguntarse si realmente podría cambiar de parecer respecto a la muchacha, y si así fuera, si la alumna experimentaría un cambio de comportamiento porque ella misma había experimentado un cambio de actitud.
La única manera de averiguarlo sería intentarlo. Esto sería una tarea considerable, pues significaba asumir la responsabilidad total de la encarnación de los nuevos valores en la alumna. ¿Se atrevería a asumir un poder tan grande, un poder tan creativo, semejante al de Dios?
Esto significaba una reversión completa de la actitud normal del hombre ante la vida: pasar de “lo amaré si él me ama primero” a “él me ama, porque yo lo amé primero.” Esto era demasiado parecido a jugar a ser Dios.
“Nosotros lo amamos a él, porque él nos amó primero.” 1 Juan 4:19
Pero por más que intentara argumentar en contra, persistía la sensación de que mi interpretación daba sentido al misterio del renacimiento por “agua y sangre”. La maestra decidió aceptar el reto. Y esto fue lo que hizo.
Trajo el rostro de la niña ante el ojo de su mente y la vio sonreír. Escuchó, e imaginó que oía a la muchacha decir “Buenos días”. Esto era algo que la alumna nunca había hecho desde que llegó a esa escuela.
La maestra imaginó lo mejor de la alumna, y luego escuchó y miró como si oyera y viera todo lo que oiría y vería una vez que estas cosas ya hubieran sucedido. La maestra hizo esto una y otra vez hasta que se convenció a sí misma de que era verdad, y se quedó dormida.
A la mañana siguiente, la alumna entró al salón de clases y, sonriendo, dijo “Buenos días”. La maestra se sorprendió tanto que casi no respondió, y, por su propia confesión, durante todo el día estuvo atenta a señales de que la muchacha volviera a su comportamiento anterior. Sin embargo, la muchacha continuó en ese estado transformado. Para el final de la semana, todos habían notado el cambio; se convocó una segunda reunión del personal y se revocó la decisión de expulsión. Como la niña se mantuvo amable y cordial, la maestra ha tenido que preguntarse: “¿dónde estaba, en primer lugar, la niña mala?”.
“Porque la misericordia, la compasión, la paz y el amor son Dios, nuestro amado Padre, y la misericordia, la compasión, la paz y el amor son el hombre, su hijo y su cuidado.” La imagen divina, Blake
La transformación es, en principio, siempre posible, pues el ser transformado vive en nosotros, y es solo cuestión de volvernos conscientes de ello.
La maestra tuvo que experimentar esta transformación para conocer el misterio de “la sangre y el agua”; no había otro camino, y ninguna experiencia ajena podía sustituir la propia.
“Tenemos redención por su sangre.” Efesios 1:7
Sin la decisión de cambiar de parecer respecto a la niña, y sin el poder imaginativo para llevarlo a cabo, la maestra nunca habría podido redimir a la alumna. Nadie puede conocer el poder redentor de la imaginación si no ha “derramado su sangre” y probado la copa de la experiencia.
“Lee bien una vez tu propio pecho,
¡y habrás terminado con los temores!
El hombre no obtiene otra luz,
aunque la busque durante mil años.”
Matthew Arnold

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✧ Texto original en inglés: “Seedtime and Harvest, 1956” por Neville Goddard.
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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