Este capítulo forma parte del libro Tu fe es tu fortuna (1941).
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Capítulo 19: Luz Líquida
«En él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.» –Hch. 17:28.
Psíquicamente, este mundo aparece como un océano de luz que contiene dentro de sí todas las cosas, incluido el hombre, como cuerpos palpitantes envueltos en luz líquida. La historia bíblica del Diluvio es el estado en el que vive el hombre. El hombre está, en realidad, inundado en un océano de luz líquida en el que innumerables seres de luz se mueven.
La historia del Diluvio se está representando realmente hoy. El hombre es el Arca que contiene dentro de sí los principios masculino y femenino de todo ser viviente. La paloma, o idea, que es enviada a encontrar tierra seca es el intento del hombre de dar forma a sus ideas. Las ideas del hombre se asemejan a aves en vuelo, como la paloma del relato que regresa al hombre sin encontrar un lugar donde posarse. Si el hombre no permite que tales búsquedas infructuosas lo desanimen, un día el ave regresará con un brote verde. Después de asumir la conciencia de la cosa deseada, se convencerá de que ya es así; y sentirá y sabrá que es aquello que ha asumido conscientemente, aunque aún no haya sido confirmado por sus sentidos. Un día el hombre se identificará tanto con su concepción que sabrá que es él mismo, y declarará:
«YO SOY; YO SOY aquello que deseo ser (YO SOY EL QUE SOY)».
Descubrirá que al hacerlo comenzará a encarnar su deseo (la paloma, o deseo, esta vez encontrará tierra seca), realizando así el misterio de la palabra hecha carne.
Todo en el mundo es una cristalización de esta luz líquida. «YO SOY la luz del mundo». Tu conciencia de ser es la luz líquida del mundo que se cristaliza en las concepciones que tienes de ti mismo.
Tu conciencia incondicionada de ser se concibió primero en la luz líquida (que es la velocidad inicial del universo). Todas las cosas, desde las vibraciones o expresiones más elevadas hasta las más bajas de la vida, no son más que diferentes vibraciones o velocidades de esta velocidad inicial; el oro, la plata, el hierro, la madera, la carne, etc., no son sino distintas expresiones o velocidades de esta única sustancia: la luz líquida.
Todas las cosas son luz líquida cristalizada; la diferenciación, o la infinita variedad de expresiones, es causada por el deseo del que concibe de conocerse a sí mismo. Tu concepción de ti mismo determina automáticamente la velocidad necesaria para expresar aquello que has concebido ser.
El mundo es un océano de luz líquida en innumerables estados diferentes de cristalización.
✧ Fuente: Law Of Attraction Haven
© Traducción al español por Indira G. Andrade · La Mente Creadora
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